miércoles, 30 de enero de 2008

El adán, el esclavo, el hijo, el homosexual, el marido, el político, el sacerdote


El padre
LA INSTITUCIÓN paterna es algo inventado por el hombre. No es en absoluto natural, es institucional. Algún día podría desaparecer..., porque hubo una época en la que no estuvo ahí. Durante miles de años la humanidad vivió sin la institución paterna.
Te podrías sorprender al enterarte de que la palabra tío es más antigua que la palabra padre, porque el matriarcado precedió al patriarcado. La madre estaba allí y el padre se desconocía quién era, porque la madre se encontraba, se mezclaba y se unía con mucha gente. Alguien tenía que ser el padre, pero no había manera de enterarse. Por eso todos eran tíos; todos los padres potenciales eran los tíos. La institución paterna apareció con la invención de la propiedad privada; ambas están unidas. El padre representa la propiedad privada, porque cuando apareció la propiedad privada todo el mundo quería que su propio hijo fuera el heredero. «No estaré aquí, pero una parte de mí heredará mi propiedad.» La propiedad privada apareció primero, después apareció el padre.
Y para estar absolutamente seguro de que «este niño es mío» empezó a predominar en casi todas las sociedades la idea de que la mujer tenía que llegar absolutamente virgen al matrimonio; de otra forma es difícil estar seguro. Ella podría estar cargando un niño en el momento de casarse, podría estar embarazada, y entonces el niño sería de otro y heredaría toda la propiedad. La virginidad le fue impuesta a la mujer para asegurarse de que «es mi hijo el que va ha heredar mi propiedad».
Todo este concepto de la propiedad privada ha creado el padre, ha creado la familia, ha creado la posesión de la mujer por el hombre. Si hubo un momento en el que no hubo padre ni propiedad privada, es inevitable que llegue un día en el que no haya propiedad privada; el padre desaparecerá.


Los hindúes han estado diciendo que a menos que la mujer se convierta en madre no llegará a estar satisfecha. Esto no se aplica a los hombres; nadie dice que a menos que un hombre se convierta en padre no estará satisfecho. Ser padre es accidental. Podría ser, podría no ser. No es muy básico, y un hombre puede permanecer sin ser padre y no perderse nada. Pero una mujer perderá algo porque toda su creatividad, todo su funcionamiento, llega sólo cuando se convierte en madre. Cuando sus pechos se convierten en el centro de su ser ella se hace total. Y no puede llegar a los pechos a menos que haya un niño para llamarla a ellos. Por eso, el hombre se casa con una mujer para tener una esposa y la mujer se casa con un hombre para ser madre, no para tener un marido. Su interés básico y exclusivo es tener un hijo que pueda llamarle a su feminidad. Por eso los verdaderos maridos siempre están asustados, porque en el momento que nace un niño son desplazados a la periferia del interés de la mujer; el hijo se convierte en el centro.


Por eso los padres siempre se sienten celosos, porque sus hijos se ponen en medio y entonces la mujer está más interesada en el hijo que en el padre del hijo. Él se ha convertido en una existencia periférica; necesaria para la supervivencia pero no esencial.
El cristianismo, y me lo han contado amigos míos cristianos, está basado en la familia: la familia es la piedra angular. Pero la familia es también la piedra angular de todas las neurosis, de todas las psicosis, de todo tipo de enfermedades mentales, de todo tipo de problemas sociales. También es la base de todas las razas, de las naciones, de las guerras.
La familia tiene que ser entendida. No tiene futuro; ha sobrevivido a su utilidad, su necesidad. Pero nos han condicionado, no sólo los cristianos sino todo el mundo, con que la familia es una gran contribución al mundo. La realidad es totalmente diferente. Tengo que ir punto por punto, en detalle, porque el problema de la familia es uno de los problemas más serios.
Lo primera cuestión es que... La familia es una prisión, quiere tener el control de los hijos, de la esposa. Es un grupo de personas muy unido que ha hecho de esta prisión algo sagrado. Pero los resultados son muy feos.
Cualquier tipo de prisión impide el crecimiento espiritual. ¿Por qué te crees que Buda renunció al mundo? ¿Por qué Mahavira renunció al mundo? En realidad, no querían renunciar al mundo, estaban simplemente renunciando a su familia -nadie ha dicho esto con anterioridad- porque, ¿cómo puedes renunciar al mundo? Dondequiera que estés, el mundo existe. Sólo puedes renunciar a la familia. Pero todas las escrituras religiosas, incluyendo las escrituras cristianas, están mintiendo continuamente a la gente: hablan de renunciar al mundo. Te despistan completamente del hecho de que todas estas personas estaban renunciando a su familia, porque la familia era tal que no podían crecer dentro de ella.
La familia está programando a cada niño de acuerdo a sus prejuicios. Si has nacido en una familia cristiana estarás siendo continuamente programado por el cristianismo y jamás sospecharás que tu condicionamiento podría estar equivocado, podría estar impidiéndote avanzar.
El cristianismo y todas las demás religiones están confundiendo la mente de la gente. Ellos nunca hacen la distinción entre creer y conocer. Un ciego puede creer en la luz, pero eso no le va a ayudar. Uno necesita ojos para ver la luz, y entonces no hay necesidad de creer. Cuando sabes algo, ¿hay alguna necesidad de que creas en ello?
¿«Crees» en la luz? ¿Crees en la luna? ¿Crees en las estrellas? Simplemente sabes, no es cuestión de creencias. La creencia surge sólo para las invenciones, las mentiras, no para la verdad. Todo sistema de creencias es un obstáculo para la espiritualidad. La muerte, de acuerdo al cristianismo, es un tabú: no debes hablar de ella. La muerte es tabú, y la vida también es tabú: ¡no debes vivirla! ¡No debes hablar sobre la muerte ni vivir la vida! No te dejan ninguna alternativa, ni puedes vivir, ni puedes morir. Te dejan colgado en el medio, medio muerto, medio vivo.
Esto crea esquizofrenia. No se te permite ser total en nada: en la vida, en la muerte o en el amor; sólo te implicas parcialmente. Un hombre que está parcialmente implicado sólo está parcialmente vivo. Cuanto más profunda es la implicación más profunda es tu vida. Cuando estás totalmente implicado en la vida, en la muerte, en el amor, en la meditación, en cualquier tipo de cosa que quieras hacer: la pintura, la música, la poesía, la danza.... A menos que te impliques totalmente nunca conocerás el máximo, el mayor placer, la mayor dicha.
La gente sólo está viviendo al mínimo, sólo está sobreviviendo o, para ser totalmente sincero, sólo está vegetando; esperando y esperando, y no sucede nada en su vida. En su vida no florece ninguna flor, no hay ningún festival en su vida. Y su muerte es tan horrible como su vida, porque la muerte es la culminación final de la vida.
Si has vivido con totalidad, la muerte no es el final. La muerte sólo es un episodio, un pequeño episodio en una vida eterna. Has muerto muchas veces, pero como nunca has vivido totalmente, en el momento de la muerte te vuelves inconsciente; el miedo te hace entrar en coma. Por eso no recuerdas tus vidas pasadas, porque el coma se alza como una barrera ante las vidas pasadas y su recuerdo. Y como no conoces tus vidas pasadas no puedes entender que habrá una vida después de la muerte, que la vida es eterna. El nacimiento y la muerte son meros episodios; has nacido y has muerto en miles de ocasiones. Pero cuando no se te permite vivir con totalidad, cuando en todas partes está la interferencia de la religión...


En su primer día de colegio, el profesor le preguntó a un niño pequeño, por supuesto católico:
-¿Cómo te llamas?
-No -respondió él.
El profesor dijo:
-Qué extraño, nunca he escuchado ese nombre.
-Siempre, haga lo que haga -dijo el niño-, sólo oigo decir: «No»; por eso me creo que es mi nombre.


Pero el cristianismo le está haciendo esto a todo el mundo. Es una religión negativa con la vida, no te deja vivir con alegría. Y la familia es la raíz, porque, obviamente, la programación comienza en la familia. El cristianismo dice que está fundado en la familia.
Y sé perfectamente bien que las religiones, las naciones y las guerras no desaparecerán hasta que la familia desaparezca del mundo, porque están basadas en la familia. La familia te enseña que eres hindú, y que la religión hindú es la mejor religión de todas; las demás religiones no son tan buenas.
El cristianismo continúa programando a los niños: «Sólo te podrás salvar por medio de Jesucristo. Nadie más puede salvarte. El resto de las religiones son sólo moralidades, muy superficiales, no te van a ayudar.» Y el niño, además de la leche materna, es alimentado ininterrumpidamente con todo tipo de supersticiones: Dios, el Espíritu Santo y el único hijo concebido por Dios, Jesús, el cielo y el infierno....
Los niños son muy vulnerables porque nacen como una tabula rasa; no hay nada escrito en ellos, sus mentes son puras. Puedes escribir lo que quieras en el niño. Y todas las familias cometen el mismo crimen: destruyen al individuo y crean un esclavo. La obediencia es una virtud, la desobediencia el pecado original. Si se empieza a programar al niño desde su nacimiento, cuando es muy vulnerable y delicado, se podrá escribir cualquier cosa. Irá a su inconsciente. Le puedes decir que «nuestra nación es la más grande del mundo»; todas las naciones dicen eso. «Nuestra religión es la más grande del mundo, nuestras escrituras están escritas por el mismo Dios»; los hindúes lo dicen, los cristianos lo están diciendo, los judíos
lo están diciendo. Todo el mundo está cometiendo el mismo crimen.
El cristianismo, por supuesto, lo hace de un modo más eficiente, más astuto, porque es la religión más grande del mundo. Usa técnicas ultramodernas de programación. Envía misioneros a aprender psicoanálisis, a aprender cómo programar a la gente y cómo desprogramarla. Si un hindú tiene que ser convertido al cristianismo, primero tiene que ser desprogramado del hinduismo. De nuevo aparece la tabula rasa; se borra lo que estaba escrito. Ahora puedes escribir: «El cristianismo es la religión más elevada del mundo, no ha habido un hombre como Jesucristo, y nunca lo volverá a haber porque él es el único hijo engendrado por Dios.»
Todas las guerras dependen de la familia. En el pasado, tradicionalmente muchas naciones han contribuido al ejército por lo menos con un hijo, para proteger la dignidad y el orgullo de la nación. En el Tibet, cada familia tiene que contribuir con el hijo mayor a los monasterios. Esto se ha estado haciendo durante miles de años. Como si los niños fuesen mercancías con las que puedes contribuir, ¡como si los niños fuesen una limosna que puedes dar!
Esto dividió al mundo en diferentes bandos a causa de la religión, la política, las nacionalidades y las razas. Todas dependen de la familia. La familia es la causa raíz de las miles de heridas de la humanidad.
La familia te da ambición, te da deseos, te da el anhelo del éxito, y todas esas cosas te crean tensiones, ansiedades: ¿cómo ser una celebridad? La familia quiere que seas una celebridad. La familia quiere que seas conocido en todo el mundo. La familia quiere que seas el más rico. La familia quiere que seas presidente del país. Todas esas ambiciones las crea la familia, sin saber que están creando una mente que permanecerá continuamente angustiada, sufriendo. Sólo un hombre puede convertirse en presidente del país. ¿Qué ocurre con los novecientos millones de personas restantes de este país (India)? Son todos unos fracasados. Hacer sentir a la gente que son unos fracasados, que no tienen éxito, que son inferiores a los demás, es una situación desagradable.
La familia es la base de toda esta patología.
Me gustaría un mundo en donde la familia fuera reemplazada por la comuna.
Psicológicamente es más sano tener una comuna donde los padres no poseen a sus hijos, pertenecen a la comuna; donde a los niños no se les imprime sólo la huella de la madre o del padre, en la comuna tienen muchos tíos y muchas tías. A veces duermen con esta familia, a veces con aquella. Quiero que la familia sea reemplazada por la comuna, y en una comuna no hay necesidad de matrimonio.