lunes, 14 de enero de 2008

El HOMBRE. El adán, el esclavo, el hijo, el homosexual, el marido, el político, el sacerdote


PARTE 1. Adán es un hombre y todos los hombres son como Adán. La infancia es el Jardín del Edén. Los niños son tan felices como los animales, tan felices como los hombres primitivos, tan felices como los árboles. ¿Habéis observado a un niño correr entre los árboles o en la playa? Todavía no es humano. Sus ojos siguen siendo transparentes pero es inconsciente. Tendrá que salir del Jardín del Edén. Este es el significado de la expulsión de Adán del Jardín del Edén, ya no forma parte de la felicidad inconsciente. Al comer la fruta del árbol de la sabiduría se ha vuelto consciente. Se ha convertido en un hombre.
No es que Adán fuese expulsado una vez, sino que cada Adán deberá ser expulsado de nuevo. Cada niño deberá ser expulsado del jardín de los dioses; forma parte del aprendizaje. Es el dolor del aprendizaje. Hay que perderlo para volverlo a encontrar, para encontrarlo conscientemente. Esta es la carga del hombre y su destino, su tormento y su libertad, el problema y a la vez la grandeza del hombre.

¿Por qué nunca estoy satisfecho con lo que soy y con lo que la
existencia me ha otorgado? Siempre estoy buscando algo mejor
para hacer, ser otra persona; cuando alguien tiene más que yo,
quiero tener más que él. Como dice el refrán, «la hierba siempre
está más verde del otro lado de la valla». ¿A qué se debe esto?


Esto se debe a que te han confundido. Has sido dirigido hacia un lugar distinto al que la naturaleza había pensado para ti. No estás yendo hacia tu propio potencial. Estás intentando ser lo que los demás quieren que seas, pero esto no te puede satisfacer. Cuando no es satisfactorio, la lógica dice: «Quizá no sea suficiente; toma un poco más.» Entonces, sigues buscando; empiezas a mirar a tu alrededor. Todo el mundo aparece con una máscara sonriente, feliz, porque todo el mundo está engañando a los demás. Tú también te presentas con una máscara; los demás creen que eres más feliz. Y tú te crees que ellos son más felices.
La hierba parece más verde al otro lado de la valla..., pero desde ambos lados. A los que viven al otro lado de la valla les parece más verde tu hierba. Realmente parece más verde y más fuerte, mejor. Este es el equívoco que provoca la distancia. Cuando te aproximas, empiezas a comprobar que no es así. Pero las personas guardan las distancias entre ellos. Incluso los amigos, hasta los amantes se mantienen a cierta distancia; demasiada proximidad podría resultar peligrosa, podrían entrever tu realidad.
Te han engañado desde el principio, de modo que, hagas lo que hagas, seguirás siendo desdichado. La naturaleza no entiende de dinero, si no, el dinero crecería en los árboles. La naturaleza no entiende de dinero; el dinero no es más que una invención del hombre, útil pero peligrosa. Cuando ves a alguien que tiene mucho dinero piensas que quizá el dinero da la felicidad: «Fíjate en esa persona, parece muy feliz», por eso corre detrás del dinero. Hay alguien que tiene mejor salud, corre tras la salud. Si alguien hace cualquier cosa y parece muy contento, síguele.
Pero siempre son los demás, y la sociedad lo ha organizado de tal forma para que nunca te fijes en tu propio potencial. La desgracia es que no estás siendo tú mismo. Sé tú mismo y dejará de haber desdicha, competencia y preocupación porque los demás tengan más que tú.
Si quieres que la hierba sea más verde no hace falta que mires al otro lado de la valla; puedes conseguir que la hierba sea más verde de este lado de la valla. Conseguirlo es muy sencillo. Pero estás mirando en todas las direcciones y todos los prados tienen buen aspecto, menos el tuyo.
El hombre debe basarse en su propio potencial, sea cual sea, y nadie debería darle órdenes, guiarle. Deberían de ayudarle, vaya donde vaya o se convierta en lo que se convierta. Y entonces el mundo estará tan contento que no te lo podrás creer.
Sinceramente.Hasta mañana.