sábado, 2 de febrero de 2008

El sacerdote


UN JOVEN diablo llega corriendo a su jefe. Está temblando y le dice al viejo diablo:
-¡Hay que hacer algo inmediatamente, porque en la Tierra un hombre ha encontrado la verdad! Y una vez que la gente conozca la verdad, ¿qué le pasará a nuestra profesión?
El anciano se echó a reír y dijo:
-Siéntate y descansa, y no te preocupes. Está todo arreglado. Nuestra gente ya está allí.
-Pero -dijo él- yo vengo de allí y no he visto ni un solo diablo.
El anciano dijo:
-¡Los sacerdotes son mi gente! Ya han rodeado al hombre que ha encontrado la verdad. Ahora se convertirán en los mediadores entre el hombre de la verdad y las masas. Levantarán templos, redactarán las escrituras, interpretarán y distorsionarán todo. Le pedirán a la gente que adore, que rece. Y en toda esa barahúnda, ¡la verdad se perderá! Ese es mi viejo método, que siempre ha triunfado.


Los sacerdotes, que representan a la religión, no son sus amigos. Son sus mayores enemigos, porque la religión no necesita mediadores: entre tú y la existencia hay una relación directa. Lo único que tienes que aprender es cómo entender el idioma de la existencia. Tú conoces los idiomas del hombre, pero no son los de la existencia.
La existencia conoce sólo un idioma, y es el del silencio.
Si tú también puedes estar en silencio serás capaz de entender la verdad, el significado de la vida, el significado de todo lo que existe. Y no hay nadie que lo pueda interpretar por ti. Todo el mundo lo tiene que encontrar por sí mismo, nadie puede hacer tu trabajo por ti. Pero eso es lo que los sacerdotes han estado haciendo durante siglos. Están interponiéndose como una muralla china entre tú y la existencia.
Hace sólo unos días, el Vaticano, el Papa, informó a todos los católicos: «Me vienen a contar, una y otra vez, que muchos católicos se están confesando directamente con Dios. No van al confesionario, al sacerdote. Declaro pecado el confesarse directamente con Dios. Os tenéis que confesar con el sacerdote; no podéis relacionaros directamente con Dios.» No dio ninguna razón porque no hay ninguna razón, excepto que el sacerdote tiene que conservar su profesión; y además él es el sumo sacerdote.
Si la gente comienza a abordar la realidad sin que los dirija nadie, sin nadie que les diga lo que es bueno y lo que es malo, sin nadie que les dé un mapa para seguirlo, millones de personas serán capaces de entender la existencia; porque nuestro latido es también el latido del universo, nuestra vida es parte de la vida de la totalidad. No somos extraños, no venimos de ningún otro lugar; estamos creciendo dentro de la existencia. Somos parte de ella, una parte esencial. Sólo tenemos que ser lo suficientemente silenciosos para poder escuchar aquello que no se puede expresar con palabras: la música de la existencia, la inmensa alegría de la existencia, la constante celebración de la existencia. En cuanto comienza a penetrar en nuestro corazón, llega la transformación.
Es la única forma de que alguien se vuelva religioso, no por ir a las iglesias que están hechas por el hombre, no por leer las escrituras que están hechas por el hombre. Pero los políticos han estado pretendiendo que sus escrituras sagradas están escritas por Dios. ¡La idea en sí misma es estúpida! Fíjate en las escrituras: no encontrarás en ellas ninguna
firma de Dios. Encontrarás cosas que Dios no tiene ningún motivo para escribir.
Los hindúes creen en los Vedas y creen que están escritos por el mismo Dios; son los libros más antiguos de la existencia, pero ningún hindú se preocupa de mirarlos. Si Dios los escribió, entonces debe de haber algo de inmenso valor en ellos, pero el 98 por 100 de los Vedas sólo son basura, hasta tal punto que demuestra que no han sido escritos por Dios.
Por ejemplo, la oración de un sacerdote..., ¿por qué debería de estar escrita por Dios? Y la oración dice que sus vacas no están dando suficiente leche: «Ten misericordia de mí, haz que mis vacas den más leche.» No sólo eso: «¡Haz que la leche de los demás disminuya!»; ¿Dios escribiría esto? «Mata a mis enemigos y ayuda a mis amigos»..., e incluso cosas tan estúpidas como: «Llegan las lluvias; haz que el agua riegue mis campos y evite los campos del vecino, porque pertenecen a mi enemigo. Haz que tu agua caiga en mi campo.»
¿Por qué debería Dios escribir estas cosas? Todas las escrituras proporcionan una evidencia intrínseca de haber sido escritas por el hombre, y un hombre muy estúpido, un hombre primitivo. Las supuestas escrituras sagradas ni siquiera pueden ser consideradas buena literatura, son infantiles, crudas, desagradables, pero como están escritas en lenguas muertas.... Y algunas están escritas en lenguas que nunca han sido usadas por la gente común, por ejemplo, Los Vedas. Esa lengua nunca ha sido usada por la gente común; era la lengua de los eruditos bramines *Casta sacerdotal hindú. (N. de los T.), el idioma de los sacerdotes. Y eran muy reacios a que fueran traducidos, porque sabían que al traducirlos perderían toda su santidad. La gente vería que esos disparates ni siquiera eran profanos, ¡y mucho menos sagrados!
En las sagradas escrituras de todas vuestras religiones hay mucha obscenidad, mucha pornografía. Pero están escritas en sánscrito, que no es usado por la gente común; en árabe, que no es usado por la gente común; en hebreo, que no es usado por la gente común; en pali, en prakrit... Son lenguas muertas. Y todas las religiones se resisten a la hora de traducir sus escrituras sagradas a idiomas modernos que entiende la gente; aunque, a pesar de resistirse, sus escrituras sagradas han sido traducidas.
Primero estaban en contra de que se imprimieran; segundo, estaban en contra de que se tradujeran. La única razón era que sabían que una vez que estuvieran impresas se venderían en todo el mundo, todo el mundo podría comprarlas. Y si se traducen a lenguas vivas, entonces, ¿cuánto tiempo podrás ocultar la verdad?, y ¿cómo vas a demostrar que están escritas por Dios? Las escrituras están escritas por el hombre, las imágenes de Dios están creadas por el hombre, los templos y las iglesias han sido levantadas por el hombre, pero miles de años de condicionamiento les ha dado una cierta consagración, una cierta santidad. Y no hay nada sagrado en ellas, no hay nada santo en ellas.
Los sacerdotes, más que nadie, han estado engañando al hombre. Esa es la peor profesión del mundo, incluso peor que la profesión de las prostitutas. Por lo menos la prostituta te da algo a cambio; el sacerdote te da sólo palabrería; no tiene nada que darte.
Y esto no es todo: siempre que alguien realiza la verdad, los sacerdotes están en su contra. Obviamente, tienen que estarlo, porque si la verdad es reconocida por la gente, en el mundo se quedarán sin empleo millones de sacerdotes. Y su trabajo es absolutamente improductivo. Son parásitos, continúan chupándole la sangre al hombre. Desde el momento que nace el niño hasta su tumba, el sacerdote sigue encontrando maneras de explotarlo.
A menos que la religión se libere de las manos de los sacerdotes, el mundo seguirá teniendo sólo una pseudo religión; no se volverá religioso. Y un mundo religioso no puede ser tan desgraciado: el mundo religioso deberá ser una constante celebración.
Un hombre religioso no es nada más que puro éxtasis. Su corazón está lleno de canciones. Todo su ser está listo para bailar en cualquier momento. Pero el sacerdote le ha arrebatado la búsqueda de la verdad: dice que no hay necesidad de buscar, ya ha sido encontrada, sólo tienes que tener fe.
El sacerdote ha hecho desgraciada a la gente, porque condena todos los placeres del mundo. Condena los placeres de este mundo para poder alabar los placeres del otro mundo. El otro mundo es una ficción. Y quiere que la humanidad sacrifique su realidad por una idea ficticia; y la gente se ha sacrificado.