domingo, 3 de febrero de 2008

EL CIENTÍFICO



Te he escuchado decir, hace algún tiempo,
que la ciencia corresponde a la cabeza
y la religión al corazón. Entiendo
que esas cualidades, siendo una polaridad,
son mutuamente dependientes. Una no
puede existir sin la otra, igual que un
hombre no puede existir sin ambos, cabeza
y corazón. ¿Entonces, una comunidad
científica mundial no traería consigo, como
consecuencia, una comunidad mundial religiosa?
¿En tu visión de un Nuevo Hombre, no está
sintetizada la visión de un mundo científico
y un mundo religioso?

EL HOMBRE no es sólo cabeza y corazón. Hay algo más en él: su ser. Por eso tienes que entender tres cosas: la cabeza, el corazón y el ser.
He dicho que la religión es del corazón, porque la religión es el puente entre la cabeza y el ser. La cabeza no puede saltar directamente al ser, a menos que vaya a través del corazón.
La ciencia está limitada a la cabeza, la razón, la lógica. El corazón está limitado a los sentimientos, las emociones, sensaciones. Pero el ser está más allá de ambos. Es puro silencio; no hay pensamiento, no hay sentimiento. Y sólo el hombre que conoce su ser es auténticamente religioso. El corazón es sólo una parada temporal.
Pero tienes que entender mi dificultad. Tú estás en la cabeza. No puedo hablar del ser porque la cabeza no será capaz de comunicarse con el ser. Para la cabeza no existe el ser, por eso los científicos siguen negando el espíritu. Por eso tengo que hablarte del corazón, que está a medio camino.
La cabeza puede entender algo del corazón, porque hasta el científico más grande se enamora. Su cabeza no puede concebir qué está pasando; ¿enamorarse? No puede demostrarlo racionalmente, no puede entender por qué le ha sucedido con un hombre o una mujer en particular, qué química hay detrás, qué física hay detrás; no parece haber salido de ninguna parte. Pero tampoco lo puede negar, está ahí, y está poseyendo toda su vida. Por esto digo que la religión corresponde al corazón. Esta declaración sólo es temporal.
Cuando te pueda convencer de que vayas desde el pensamiento al sentimiento, entonces te podré decir que la religión corresponde al ser. La religión no es pensamiento ni sentimiento, no tiene lógica ni emoción. Sólo es puro silencio: en un sentido, está totalmente vacía porque no hay sentimiento, no hay pensamiento, y en otro sentido, está desbordando éxtasis, bendición.
La meditación es el camino de la cabeza al corazón y del corazón al ser.
Me gustaría que todos los científicos escucharan al corazón. Eso cambiaría el carácter de la ciencia. Dejaría de estar al servicio de la muerte, dejaría de crear cada vez más armas destructivas. Estaría al servicio de la vida. Crearía mejores rosas, rosas más fragantes; crearía mejores plantas, mejores animales, mejores pájaros, mejores seres humanos. Pero el objetivo esencial es ir del sentimiento al ser. Y si un científico es capaz de usar su cabeza en lo que se refiere al mundo objetivo, su corazón en lo que se refiere al mundo interpersonal y su ser en lo que a la existencia se refiere, entonces es el hombre perfecto.
Mi visión del nuevo hombre es la de un hombre perfecto: perfecto en el sentido que estas tres dimensiones funcionan sin contradecirse entre sí, sino al contrario, complementándose mutuamente.
El hombre perfecto creará un mundo perfecto. El hombre perfecto creará un mundo de científicos, un mundo de poetas, un mundo de meditadores.
Mi planteamiento es que estos tres centros deberían estar funcionando en todas las personas, porque incluso un solo individuo es un mundo en sí mismo. Y esos centros están en el individuo, no en la sociedad; por eso, mi atención está puesta en el individuo. Si puedo cambiar al individuo, antes o después, el mundo acabará siguiéndole. Tendrá que seguirle, porque verá la belleza del nuevo hombre.
El nuevo hombre no sólo es listo con la aritmética, también puede disfrutar y componer música. Puede bailar, puede tocar la guitarra, que es una tremenda relajación para su cabeza, porque la cabeza deja de funcionar. Y el nuevo hombre no está solamente en el corazón: en algunos momentos se abandona incluso más profundamente, y únicamente es. Esa fuente del ser es el mismísimo centro de tu vida. Entrar en contacto con ella, estar allí te rejuvenece. Todas las energías de tu corazón y tu cabeza se multiplicarán tremendamente porque irás consiguiendo nueva energía cada día, en cada momento.
Actualmente, incluso el gran científico Albert Einstein utilizó sólo el 15 por 100 de su potencial. Y la gente corriente mucho menos. Nunca superan el 5 o el 7 por 100. Si estos tres centros están funcionando juntos, el hombre será capaz de funcionar totalmente, al 100 por 100. Aquí, en esta tierra, realmente podemos crear un paraíso. Está en nuestras manos. Con un poco de esfuerzo, un poco de valentía; no se necesita nada más.
El mundo tiene que ser científico cuando se trata de tecnologías, de confort. El mundo tiene que ser poético; si no, el hombre se convierte en un robot. La cabeza es un ordenador. Sin la poesía, la música, el baile y el canto, un ordenador podrá hacer lo que hace tu cabeza de un modo mucho más eficiente e infalible. Los papas han estado declarando que son infalibles. No lo son. Pero si quieren serlo, pueden reemplazar sus cerebros por un ordenador; entonces serán infalibles.
El corazón es una dimensión totalmente diferente de experimentar la belleza y el amor, y de expresarlo. Pero esto no es todo. A menos que alcances tu verdadero centro, seguirás descontento. Y un hombre descontento es peligroso porque hará cualquier cosa para librarse de su descontento.
La persona que se conoce a sí misma y a su centro es la más rica. En realidad, es ahí donde está el reino de Dios. Es tu reino. En él, tú eres dios. En el fondo de tu ser, centrado en él, te conviertes en un emperador.