
Solo empieza andar, disfrutalo. Recoge, y da lo mejor que encuentres. (Abel Desestress)
Tú eres el camino y la meta, y no hay distancia entre la meta y tú.
Tú eres el buscador y lo buscado; no hay distancia entre el buscador y lo buscado.
Tú eres el devoto y la devoción.
Tú eres el discípulo y el maestro.
Tú eres el medio y el fin.
Este es el Gran Camino.
Cuando no se entiende el significado
profundo de las cosas,
se perturba en vano la paz esencial de la mente.
El Camino es perfecto, como el espacio infinito
donde nada falta y nada sobra.
De hecho, es debido a nuestra elección
de aceptar o rechazar que no vemos
la verdadera naturaleza de las cosas.
No vivas en los enredos de las cosas externas
ni en los sentimientos internos de vacío.
Mantente sereno, sin hacer esfuerzos,
en la unidad de las cosas,
y tales falsos conceptos desaparecerán por sí solos.
Cuando tratas de parar la actividad
para alcanzar la pasividad,
el propio esfuerzo te llena de actividad.
Mientras estés en un extremo o en el otro,
nunca conocerás la Unidad.
Aquellos que no viven en el Camino único
fracasan en ambas: actividad y pasividad,
afirmación y negación.
SI ENTIENDES, habrá paz. Si no entiendes habrá desasosiego, tensión, angustia. El hecho de que alguien esté angustiado muestra que no ha entendido las cosas, el significado profundo de las cosas.
Y vas acusando a otros de que es por ellos que estás angustiado. Aquí nadie está angustiado por nadie. Estás angustiado debido a tu no-entender o a tu mal-entender.
Una vez que comprendes que cambiar el mundo entero no es responsabilidad tuya, lo único que puedes hacer es cambiarte a ti mismo.
Un místico sufí, escribió en su biografía: «Cuando yo era joven pensaba y le decía a Dios: "Dame fuerza para cambiar el mundo entero", y esto era la base de todas mis oraciones. Me parecía que el mundo entero estaba equivocado. Yo era un revolucionario y quería cambiar la faz de la Tierra.
»Cuando me hice un poco más maduro empecé a rezar: "Por lo visto eso es demasiado. Se me está yendo la vida de las manos; ya se me ha ido casi la mitad y no he cambiado ni a una sola persona, qué decir del mundo entero". Así que le dije a Dios: "Con mi familia será suficiente. Déjame cambiar a mi familia".
»Y cuando me hice viejo, me di cuenta de que hasta mi familia era mucho pedir, además ¿quién soy yo para cambiar a nadie? Entonces me di cuenta de que si me pudiera cambiar a mí mismo sería suficiente, más que suficiente. Le recé a Dios: "Ahora he llegado a la verdadera cuestión. Al menos permíteme hacer esto: me gustaría cambiarme a mí mismo".
»Y Dios contestó: "Ahora ya no queda tiempo. Eso lo tenías que haber pedido al principio. Entonces todavía había una posibilidad".
Todo el mundo pide esto al final. El que lo pide al principio, ha entendido la naturaleza de las cosas. Este comprende que aun cambiar uno mismo no es una tarea fácil. Eres todo un mundo dentro de ti; llevas en ti el mundo entero.
Todo lo que existe, existe en tu interior. Eres todo un universo, no una cosa pequeña; si este cambio puede ocurrir lo habrás conseguido.
Osho
domingo 30 de marzo de 2008
EL CAMINO DE LA VIDA, ES PERFECTO.
sábado 29 de marzo de 2008
Solo deja que tu conciencia disfrute de la existencia, y la paz se hara en tu mente. (Abel desestress)

LA LEY DEL EFECTO CONTRARIO
Hace sólo ya, unos años, hubo un hipnotizador francés, Emile Coué, que redescubrió una de las leyes básicas de la mente humana. La llamó «la ley del efecto contrario»; este es uno de los sutras más antiguos del pensamiento taoísta y del zen. Sosan está hablando de esta ley. Intenta comprenderla, y entonces sus palabras te serán fáciles de entender.
Por ejemplo, si no tienes sueño ¿qué harás? Tratarás de dormirte; harás esfuerzos, harás esto y aquello, pero todo lo que hagas tendrá justo el efecto contrario; no traerá lo que necesitas. Ocurrirá justo lo contrario, porque cualquier actividad, cualquier esfuerzo, irá en contra del sueño. Dormir es una relajación. No puedes provocarlo, no puedes hacer nada para que ocurra; no forma en absoluto parte de tu voluntad. Dormir es entrar en el inconsciente y tu voluntad es simplemente un fragmento de la consciencia. Cuando entras en el inconsciente, en lo profundo, dejas en la superficie la parte que es consciente, el fragmento que es la voluntad. No puedes llevar tu superficie a la profundidad, no puedes llevar tu circunferencia al centro.
Por eso cuando haces esfuerzos para dormir, estás haciendo algo autodestructivo. Estás haciendo algo que se convertirá justo en lo opuesto; te despertarás aún más. La única manera de entrar en el sueño es no hacer nada.
Si no viene, no viene. Espera... ¡No hagas nada! De otra forma lo alejarás aún más y crearás una distancia. Simplemente espera, apaga la luz, cierra los ojos, relájate y espera. Cuando llega, llega. No puedes provocarlo con ningún acto de tu voluntad; la voluntad está en contra del inconsciente.
Y esto ocurre con muchas cosas de la vida: que ocurre justo lo contrario. Si quieres estar en silencio, ¿qué harás?; porque el silencio es como el sueño. No puedes forzarlo. Sólo puedes permitir que ocurra, es un dejarse llevar, pero no hay forma de producirlo. ¿Qué harás si quieres estar en silencio? Si haces algo estarás aún menos en silencio.
Si quieres estar tranquilo, ¿qué harás?; porque quietud significa no-hacer. ¡Solamente flotas, solamente te relajas! Y cuando digo que solamente te relajas, quiero decir solamente. No hay que usar ningún método para relajarse, porque cualquier método significaría de nuevo que estás haciendo algo. Hay un libro que se titula ¡Tienes que relajarte! Y el «tienes que» va justamente en contra de la relajación; el «tienes que» no se debería incorporar, si lo haces así te pondrás más tenso.
Esta ley fue descubierta por Emile Coué, quien dijo: «Deja que las cosas ocurran, no las fuerces». Hay cosas que se pueden forzar; todo lo que pertenece a la mente consciente se puede forzar. Pero hay cosas que no: todo lo que pertenece al inconsciente, a tu profundidad, no se puede forzar.
Ocurre muchas veces: intentas recordar un nombre o un rostro y no lo consigues, aunque sientes que lo tienes justo en la punta de la lengua. La sensación es tan intensa que te parece que va a llegar en cualquier momento y tratas de que te venga a la memoria. Y cuanto más lo intentas, menos te viene. Hasta empiezas a sospechar si esta sensación es real. Pero lo sientes; todo tu ser te dice que está ahí, justo en la punta de la lengua. ¿Pero por qué no te viene si está justo ahí? No te saldrá. Hagas lo que hagas, no te saldrá.
Entonces te sientes frustrado, te desesperas y te olvidas del asunto. Sales al jardín y te pones a trabajar en él, o te pones a leer el periódico o enciendes la radio y escuchas música; y de repente te viene a la memoria. ¿Qué ha ocurrido?
Pertenecía al inconsciente, estaba en lo profundo de ti. Y cuanto más lo intentabas, más difícil se hacía; y cuanto más lo intentabas más se perturbaba el inconsciente. Entonces todo se volvió un caos, todo se removió. Estaba ahí, justo en la punta de la lengua, pero al tú estar tan activo intentando recordarlo... estabas usando la voluntad, y la voluntad no puede traer las cosas de tu profundidad. Sólo a través de la rendición puedes hacerlo, sólo cuando te dejas llevar.
Así que cuando te fuiste al jardín, al parque o empezaste a leer el periódico o a cavar un hoyo en el suelo o a escuchar música, te olvidaste completamente del asunto..., y de repente ahí lo tienes. Esta es la ley del efecto contrario.
Recuerda, con el inconsciente la voluntad no sirve para nada; no es que no sirva para nada sino que además resulta peligrosa, perjudicial.
Osho
jueves 27 de marzo de 2008
Si quieres ver la verdad, no mantengas ninguna opinión a favor o en contra.

La verdad, no esta en manos de Sacerdotes, Pastores o Maestros. Solo yace dentro de ti. Esperando que la despiertes y goces de su totalidad. (Abel Desestress)
Vive sin opiniones. Vive desnudo, sin ropa alguna, sin opiniones acerca de la verdad, porque la verdad detesta todas las opiniones. ¡Abandona todas tus filosofías, teorías, doctrinas, escrituras! ¡Abandona toda esa basura! Vive en silencio, sin elegir, con los ojos simplemente dispuestos a ver lo que hay, de ninguna manera esperando ver tus deseos realizados. No cargues con deseos. Se dice que el camino del infierno está completamente lleno de deseos, de buena voluntad, de esperanzas, de sueños, de arco iris, de ideales. El camino del cielo está absolutamente vacío.
¡Despréndete de todas las cargas! Cuanto más alto quieras llegar, más ligero tendrás que ir. Si quieres ir a los Himalayas tendrás que dejar toda la carga. Al final, cuando llegues al Gurisankar, al Everest, tendrás que dejarlo todo. Tendrás que ir completamente desnudo, porque cuanto más alto llegues, más ligero necesitarás estar. Y todas las opiniones son cargas. No alas.
Sin opiniones, sin ninguna preferencia...
Si quieres ver la verdad, no mantengas ninguna opinión a favor o en contra.
Si quieres saber la verdad no seas ni creyente ni ateo. No digas: «Dios existe», ni: «Dios no existe», porque lo que sea que digas se convertirá en un deseo profundo. Y proyectarás todo lo que haya oculto tras el deseo.
Si quieres ver a Dios como un Krishna con una flauta en sus labios, algún día lo verás; no porque Krishna esté ahí, sino tan sólo porque tienes una semilla de deseo que proyectas en la pantalla del mundo.
Si quieres ver a Jesús crucificado, lo verás. Lo que quieras se proyectará, pero es sólo un mundo de sueños; no te estás acercando a la verdad. No plantes ninguna semilla en tu interior: vive sin opinión, sin ningún pensamiento a favor o en contra, sin filosofía. Simplemente ve lo que hay. No lleves contigo ninguna mente. Vive sin mente.
Si quieres ver la verdad, no mantengas ninguna opinión a favor o en contra.
La lucha entre lo que a uno le gusta y lo que le disgusta es la enfermedad de la mente.
ESTA ES LA ENFERMEDAD DE LA MENTE: Lo que a uno le gusta y lo que le disgusta, a favor y en contra. ¿Por qué está la mente dividida? ¿Por qué no puedes ser uno? Te gustaría, desearías ser uno, pero continúas alimentando las divisiones, las preferencias, el «esto me gusta» y «esto no me gusta».
no tener ninguna preferencia por esta vía o por aquella. Simplemente ir vacío. Simplemente ir sin ninguna opinión. Ve simplemente disponible, receptivo.
Un maestro está para ayudarte a dejar las opiniones, a dejar la mente. Y si el propio maestro se convierte en una elección entonces también se convertirá en una barrera. De nuevo has vuelto a elegir, de nuevo has usado la mente. Y cuanto más usas la mente, más se refuerza, más fuerte se hace. No la uses.
Es difícil, porque dirás: «¿Y qué le ocurrirá a nuestro amor? ¿Qué va a ser de nuestro compromiso? ¿Qué va a ser de nuestras creencias? ¿Qué va a ser de nuestra religión, de nuestra Iglesia, de nuestro templo?». Estas son tus cargas. Libérate de ellas, y deja que ellas se liberen de ti. Te están manteniendo aquí, arraigado, y la verdad quiere liberarte. Liberado llegas, con alas llegas, sin peso llegas.
La lucha entre lo que a uno le gusta y lo que le disgusta es la enfermedad de la mente.
¿Cómo curarse? ¿Hay alguna manera de superar esta enfermedad? No, no hay manera. Uno simplemente tiene que entenderlo. Uno simplemente tiene que mirar el hecho en sí mismo. Uno sólo tiene que cerrar los ojos y mirar en su propia vida; observarla. Y sentirá la verdad. Y cuando sientes la verdad, la enfermedad desaparece. No hay ningún remedio para ella, porque si se te da algún remedio, ese remedio te empezará a gustar. Entonces olvidarás la enfermedad pero empezará a gustarte el remedio, y el mismo remedio se convertirá en la enfermedad.
Y nadie más que tú lo ha creado; es la enfermedad de tu mente: preferir, elegir.
No decidas. Acepta la vida en su totalidad. Tienes que ver la totalidad: la vida y la muerte juntas, el amor y el odio juntos, la felicidad y la desgracia juntas, la agonía y el éxtasis juntos. Si los ves juntos, entonces ¿qué quedará para elegir? Si ves que son uno, entonces ¿por dónde va a entrar la elección? Si ves que la agonía no es otra cosa que éxtasis, y el éxtasis agonía; si puedes ver que la felicidad no es otra cosa que infelicidad; que el amor no es otra cosa que odio y el odio, amor; entonces ¿dónde elegir? ¿cómo elegir? Entonces la elección desaparece.
No es que tú la dejes. Si eres tú el que la dejas, se convertirá en una elección; esta es la paradoja. No supongas que tienes que dejarla, porque si la dejas, eso ya quiere decir que has elegido a favor y en contra. Ahora tu elección es la totalidad. Estás a favor de la totalidad y en contra de la división, pero la enfermedad ha entrado. Es algo muy sutil.
Simplemente entiende, pues la propia comprensión hace que la elección desaparezca. Nunca la abandonas. Simplemente te ríes...
Osho
martes 25 de marzo de 2008
Vivir si pedir, lo que no puedes dar.

No esperes la perfeccion de los actos de nadie, menos cuando yerras sobre tu propia experiencia. (Abel Desestress)
Jesús no hace distinciones, pero el cristianismo sí, porque una religión tiene que hacerlas; una religión tiene que convertirse en algo moral. Y una vez que una religión se ha vuelto moral ya no es una religión. La religión es la cosa más osada que existe. Se necesita un gran valor para vivir sin elegir, porque la mente dice: «¡Elige!». La mente dice: «¡Di algo!» Esto está mal, esto está bien. Esto es bonito, esto es feo. Amo esto, odio aquello». La mente dice: «¡Decídete!».
La mente tiene la tentación de dividir. Una vez que divides, la mente se encuentra a sus anchas. Si no divides, si dices: «No voy a decir nada. No voy a juzgar», la mente se siente como en su lecho de muerte. Aristóteles dice que A es A y nunca puede ser no-A; los opuestos no se pueden encontrar. Buda dice que no hay opuestos; que ya se han encontrado, que siempre han estado encontrándose.
Esta es una de las verdades más fundamentales de las que uno tiene que darse cuenta: que los opuestos no son opuestos. Tú eres el que dice que lo son, pero no lo son. Míralo existencialmente y sentirás que son la misma energía.
Tú amas a una persona...
«He estado casada durante diez años y mi marido y yo jamás hemos discutido por nada. Y ahora de repente, ¿qué es lo que ha pasado? Él me ha abandonado».
Ella pensaba que el hecho de que nunca se hubieran peleado, demostraba que estaban muy enamorados. Eso es absurdo; pero es aristotélico; la mujer es absolutamente lógica.
Ella me dijo: «Hemos estado casados durante diez años. Nunca hemos discutido ni nos hemos enfadado el uno con el otro. Estábamos tan enamorados que nunca nos peleábamos por ninguna razón. No tuvimos ni un sólo momento de disputa. Y en cambio ahora, ¿qué ha ocurrido? ¡De repente me ha dejado! ¿Se ha vuelto loco o qué? Nos adorábamos». Ella se equivoca.
Si el amor es tan grande tiene que haber alguna disputa. Algunas veces os peleareis. Y la lucha no destruirá el amor, sino que lo enriquecerá. Si hay amor, se enriquecerá al pelear; si no hay amor, entonces os alejareis, os separareis. Diez años es mucho tiempo; hasta veinticuatro horas es mucho tiempo para estar constantemente en un estado mental, porque la mente se mueve hacia lo opuesto. Amas a una persona pero a veces te enfadas. En realidad, sólo porque amas te puedes enfadar. ¡A veces odias! Algunas veces te sacrificarías por tu amante, y otras quisieras matarle. Y tú eres ambas cosas.
Que nunca os peleaseis durante esos diez años, sólo significa que no había ningún amor. Significa que no era una relación. Y que teníais mucho miedo a que cualquier enfado, cualquier conflicto, cualquier cosa sin importancia pudiera romperlo todo. Teníais tanto miedo, que nunca discutisteis. Nunca creísteis que el amor pudiera ser más profundo que la disputa, que la pelea pudiera ser momentánea y que después de ella cayerais uno en brazos del otro aún más profundamente. No, nunca confiasteis en eso. Por eso es que os las apañabais para no pelear. Y entonces no hay por qué sorprenderse de que el hombre se haya ido:
«Lo que a mí me sorprende es que haya sido capaz de estar contigo durante todos esos años. ¿Por qué razón?».
Una vez vino un hombre y me dijo: «Algo le pasa a mi hijo. Le conozco muy bien; y siempre ha sido obediente. No se puede encontrar un muchacho mejor que él. Jamás me ha desobedecido, nunca me ha contestado. Y ahora de repente se ha vuelto hippie. Ya no me escucha. Me mira como si ya no fuera su padre. Me mira como a un extraño. Siempre me había obedecido en todo. ¿Qué es lo que le ha ocurrido a mi hijo?».
No le ha ocurrido nada. Esto es lo que se debe esperar, porque si un hijo realmente ama a su padre también le desobedece. ¿A quién si no va a desobedecer? Si un hijo realmente ama a su padre y confía en él, también a veces le tiene que desobedecer; porque sabe que la relación es tan profunda que no se romperá por desobedecer. Por el contrario, se enriquecerá. Los opuestos se enriquecen.
En verdad, lo opuesto no es lo contrario. Es sólo un ritmo, el ritmo de lo mismo; obedeces y luego desobedeces; es sólo un ritmo. Porque si no, estar siempre solamente obedeciendo y obedeciendo hace que todo se vuelva monótono y sin vida. La monotonía es la naturaleza de la muerte, porque lo opuesto no está ahí.
La vida está viva. Lo opuesto está ahí, hay un ritmo. Te vas, vuelves; te despides, llegas; desobedeces, y luego también obedeces; amas y odias. Así es la vida, pero no la lógica. La lógica dice que si amas no puedes odiar. Que si amas, ¿cómo vas a enfadarte? Si amas de esa forma amas de una forma monótona, siempre lo mismo. Pero entonces te pondrás tenso, te será imposible relajarte. La lógica cree en un fenómeno lineal: se mueve en una línea. La vida cree en círculos: la misma línea sube, baja y se convierte en un círculo.
Seguramente habrás visto el símbolo chino del yin y el yang. La vida es así: el encuentro de los opuestos. Este círculo del yin y el yang es mitad blanco y mitad negro. En la parte blanca hay un punto negro, y en la parte negra hay un punto blanco. El blanco se mueve hacia el negro, y el negro se mueve hacia el blanco; es un círculo. La mujer moviéndose hacia el hombre, el hombre moviéndose hacia la mujer...: así es la vida. Y si lo observas minuciosamente, lo verás dentro de ti.
lunes 24 de marzo de 2008
LA MENTE ES UNA ENFERMEDAD.

Atreverse a descubrir que es la mente, solo es una labor para aquellos que la usan. (Abel Desestress)
Esta es una verdad básica que Oriente ha descubierto. Occidente dice que la mente puede enfermarse, o puede sanarse. La psicología occidental depende de esto: que la mente puede estar sana o enferma. Pero Oriente dice que la mente como tal es la enfermedad, que no puede estar sana. Ninguna terapia psiquiátrica puede servir de ayuda; como mucho puede hacer que esté normalmente enferma.
Así que en relación a la mente existen dos tipos de enfermedades: normalmente enferma (esto es, que tienes la misma enfermedad que otros a tu alrededor) o anormalmente enferma, que quiere decir que padeces algo único. Tu enfermedad no es algo ordinario; es excepcional. Tu enfermedad es algo individual, no colectivo; esta es la única diferencia. O normalmente enferma o anormalmente enferma, pero la mente no puede estar sana. ¿Porqué?
Oriente dice que la propia naturaleza de la mente es tal que siempre estará enferma. La palabra «salud» es hermosa, procede de la misma raíz que la palabra «totalidad». Salud, curación, totalidad, sagrado o santo…: todas estas palabras proceden de la misma raíz.
La mente no puede estar sana porque nunca puede estar entera. La mente siempre está dividida; la división es su base. Si no puede estar íntegra ¿Cómo va a poder estar sana?, y si no puede estar sana ¿Cómo va ser sagrada? Todas las mentes son profanas. No existe cosa tal como una mente santa. Un hombre santo vive sin mente porque vive sin división.
La mente es la enfermedad. ¿Cómo se llama esta enfermedad? Su nombre es Aristóteles, o si prefieres que que realmente parezca una enfermedad puedes llamarla «aristotelitis». Así suena totalmente como una enfermedad. ¿Por qué es Aristóteles la enfermedad? Porque dice: «O esto o lo otro. ¡Elige!». Y elegir es la función de la mente; la mente no puede existir sin elegir.
Al elegir caes en la trampa, porque siempre que eliges lo haces en contra de algo. Si estás a favor de algo, tienes que estar en contra de algo; no puedes estar solamente a favor ni puedes estar totalmente en contra. Cuando el «a favor» entra, el «en contra» le sigue como una sombra. Cuando aparece el «en contra», el «a favor» aparece también; oculta o abiertamente.
Cuando eliges, divides. Entonces dices: «Esto está bien, esto está mal». Y la vida es una unidad. La existencia no puede dividirse, la existencia es un profundo «unísono». Es unidad. Si dices: «esto es bonito y esto es feo», la mente ha entrado en escena, porque la vida es las dos cosas juntas. Lo bonito se vuelve feo, y lo feo se va haciendo bonito. No hay una línea divisoria; no se les puede poner en compartimentos separados. La vida va fluyendo de esto a aquello.
El hombre tiene compartimentos fijos. La naturaleza de la mente es la fijación, y la fluidez es la naturaleza de la vida. Es por eso que la mente es obsesión; está siempre fija, es sólida. Y la vida no es tan sólida; es fluida, flexible, se mueve hacia lo opuesto. Algo está vivo en este momento y al siguiente está muerto.
. Aristóteles hizo de ella la base de su lógica y de su filosofía. No puedes encontrar un hombre más distante de Socrates o de Jesus, que Aristóteles, porque Socrates dice: «Ni esto ni aquello, no elijas». «Vive sin elegir». «¡No hagas distinciones!». Desde el momento en que haces una sola distinción, desde el momento en que la elección aparece, ya estás dividido, fragmentado; has enfermado, no estás entero.
Recuerda, si le preguntas a un cristiano... Este realmente no sigue a Jesús, sino que básicamente sigue a Aristóteles. El cristianismo está basado más en Aristóteles que en Cristo. Jesús se parecía más a Socrates, pues dice: «¡No juzgues y no serás juzgado!»; dice: «No elijáis. No digáis: ¡Esto es bueno y esto es malo! Eso no os concierne. Dejad que la totalidad decida. No os convirtáis en jueces». Pero el cristianismo no está orientado hacia Jesús. Los fundadores del cristianismo fueron más aristotélicos que cristianos.
No se puede construir una Iglesia basándose en Socrates o en Jesús. ¿Cómo vas a poder levantar una Iglesia sin elegir? Una Iglesia tiene que estar a favor o en contra de algo; tiene que estar a favor de Dios y en contra del diablo. Y en la vida Dios y el diablo no son dos, son uno. El diablo es una cara y Dios es la otra cara de la misma energía; no son dos.
domingo 23 de marzo de 2008
Entendiendo la Existencia. Parte1

Entender que existes es comprender, que tu mente no es el camino, para disfrutar la existencia, (Abel Desestress)
El Gran Camino no es difícil
para aquellos que no tienen preferencias.
Cuando ambos, amor y odio, están ausentes
todo se vuelve claro y diáfano.
Sin embargo, haz la más mínima distinción,
y el cielo y la tierra se distancian infinitamente.
Si quieres ver la verdad,
no mantengas ninguna opinión a favor o en contra.
La lucha entre lo que a uno le gusta
y lo que le disgusta
es la enfermedad de la mente.
(Osho)
¿Qué haces cuando estás cerca de una cascada? La escuchas, te quedas quieto y en silencio, absorbes. Permites que la cascada vaya entrando cada vez más profundamente dentro de ti. Entonces todo se calma y se queda en silencio en tu interior. Te conviertes en un templo; lo desconocido entra a través de la cascada. ¿Qué haces cuando escuchas los cantos de los pájaros, o el viento pasando a través de los árboles, o las hojas secas cuando el viento se las lleva? ¿Qué haces? Simplemente escuchas.
No quiero venderte ninguna idea, las ideas no interesan. No estás aqui para convencerte.
Simplemente florece. Es una cascada, una catarata, un viento soplando a través de los árboles, o tan sólo el canto de los pájaros; sin significado, pero con mucho sentido. Tienes que absorber este sentido, sólo entonces serás capaz de entender. Así que escucha pero no pienses. Entonces es posible que ocurran muchas cosas dentro de ti. No empieces a pensar.
Una hermosa roca; ¿qué hacer con ella? Te deleitas en ella. La tocas, la recorres, sientes su musgo. ¿Qué haces con las nubes que se mueven en el cielo? Danzas sobre la tierra, las miras, o simplemente te tumbas y te quedas quieto; las miras y las dejas flotar. Te llenan. No solamente el cielo exterior; poco a poco, cuanto más en silencio te quedas, van llenando también tu cielo interior. De repente ya no estás ahí, sólo hay nubes moviéndose, adentro y afuera. La división desaparece, ya no hay ninguna delimitación. Te has convertido en cielo y el cielo se ha convertido en ti.
Osho
sábado 22 de marzo de 2008
La verdad es la mayor ofensa

Cuando encuentres un maestro, que solo te enseñe el camino, mas no a decirte como transitarlo. Has encontrado la llave para tu propia existencia. (Abel Desestress)
Me gustaría que aprendieras de todas las fuentes,
que disfrutaras de cada ser único con el que te
encuentres. Pero nunca sigas a nadie ni intentes
ser exactamente como otra persona;
la Existencia no lo permite. Sólo puedes ser tú mismo.
OSHO
La Verdad es la Mayor Ofensa
No eres tú el que te has alejado demasiado, son ellos los que han ido demasiado lejos, y han estado alejándose durante millones de años. La distancia entre el hombre real y hombre tal como existe en el mundo, se ha hecho casi insalvable. Están tan alejados de su propia realidad que han olvidado el camino de vuelta.
Han olvidado cuál era su propósito al venir aquí.
Hay una antigua parábola... Un rey muy sabio quería que su hijo su único hijo y sucesor fuera también muy sabio antes de sucederle y convertirse en rey de su vasto reino. El anciano eligió un camino muy extraño: Envió a su hijo lejos del reino, le dijo que le abandonaba, que debía olvidar completamente que era un príncipe. «Ya no es un príncipe y no voy a hacerle mi sucesor.»
Le fue arrebatado todo, sus hermosos ropajes, sus ornamentos...; le dieron las ropas de un mendigo y de noche le metieron en un carruaje para expulsarle del reino. Había órdenes estrictas de no permitir su regreso al reino bajo ningún concepto.
Pasaron los años; el príncipe se convirtió en un verdadero mendigo y olvidó que había sido príncipe. De hecho no tuvo que hacer esfuerzos para olvidar, porque era un mendigo. Pedía ropa, alimento, abrigo y había ido aceptando lentamente la condición en la que se encontraba.
Después de muchos años, un día estaba sentado a la puerta de un hotel, pidiendo. Era pleno verano y quería conseguir suficiente dinero para comprarse un par de zapatos de segunda mano, por supuesto ¬porque la tierra le quemaba como el fuego y caminar sin zapatos era imposible. Tenía heridas en los pies y tan sólo pedía que le dieran unas cuantas monedas. En aquel mismo momento un gran carro dorado se detuvo delante del hotel y descendió de él un hombre que le dijo: «Tu padre te llama para que regreses. Es muy anciano, casi está muriendo y desea que seas su sucesor.»
En un segundo el mendigo desapareció. Aquel hombre cambió completamente; se podía ver en su cara, en sus ojos... las ropas seguían siendo las de un mendigo, pero el hombre era totalmente distinto. Se reunió a su alrededor una gran multitud -la misma multitud ante la que había estado poniendo la mano para recibir unas monedas- y todos comenzaron a mostrarle su gran amistad. Pero él ni siquiera les presta¬ba atención. Subió al carro, se sentó en él y dijo al hombre que había venido a buscarle: «En primer lugar llévame a un lugar hermoso donde pueda darme un buen baño, encontrar ropa adecuada a mi condición, zapatos y ornamentos, porque sólo como príncipe puedo presentarme ante el rey.»
Volvió a casa y lo hizo como príncipe. Dijo a su padre: «Sólo quiero preguntarte una cosa: ¿Por qué he tenido que mendigar durante tantos años? Realmente me había olvidado... Si no me hubieras pedido que re¬gresara, habría muerto como un mendigo, sin recordar jamás que había sido un príncipe.»
El padre dijo: «Es lo que mi padre hizo conmigo. No lo hice para hacerte daño, sino para que pudieras experimentar los extremos de la vida: el mendigo y el rey. Y todo el mundo existe entre estos extremos.
Aquel día te dije que olvidaras que eras un príncipe; ahora quiero decirte que ser príncipe o mendigo son sólo identidades que nos dan los demás. No es tu realidad, no eres tú: no eres el príncipe ni el mendigo. En el momento que te das cuenta de que no eres lo que el mundo pien¬sa de ti, no eres lo que pareces ser sino algo tan profundamente escon¬dido dentro de ti que nadie excepto tú puede verlo, entonces es cuando un hombre se hace sabio. De este conocimiento procede la sabiduría.
Yo me sentí enfadado con mi padre y sé que tú debes sentirte enfa¬dado conmigo. Pero perdóname porque tenía que dejarte una cosa clara: no te identifiques con ser rey, no te identifiques con ser mendigo, porque estas identidades pueden cambiar en un momento. Y aquello que puede cambiarse no eres tú. Tú eres algo eterno, inmutable.
La gente se ha alejado mucho de su realidad y el hecho de recordársela les hace sufrir. No quieren ver sus heridas; no quieren que se les recuerde lo que han tratado de olvidar y perdonar con tanto esfuerzo.
De alguna forma se las han arreglado para crearse una identidad en el mundo...,
No debes tener en cuenta su comportamiento en absoluto. Están completamente dormidos. Estamos intentando hacer algo que no les deja dormir, y naturalmente se sienten alterados y reaccionan. Esto es totalmente aceptable. ¿Pero durante cuánto tiempo van a reaccionar? Esta cuestión plantea un gran desafío.
Si pierdes la esperanza has perdido el juego.
Die OSHO:
Yo no voy a perder el juego.
Yo seguiré haciendo lo mismo hasta mi último aliento, sea cual sea su reacción. Sólo trayendo su reacción a la superficie existe una posibilidad de cambio. Pero es algo que tomará tiempo porque durante miles de años han estado alejados de sí mismos. Debes tener paciencia con ellos porque ellos necesitan tu compasión, necesitan tu paciencia.
Vendrán a casa; quieren venir a casa, pero admitir que aún no están en casa contraría su ego. De a misma forma que va contra su ego reconocer que son falsos, que son farsantes.
Pero su misma reacción: tirarme piedras, cuchillos, encarcelarme o crucificarme, les va a hacer cambiar. Ésa es la única manera que tienen de empezar a pensar en lo que están haciendo y en porqué se sienten ofendidos.
Sólo te sientes ofendido cuando se dice una verdad, algo que has
estado ocultando. Nunca te ofenden las mentiras.
La verdad es la mayor ofensa.
OSHO
miércoles 19 de marzo de 2008
No hay mayor mentira que la muerte

Solo cuando entiendes, que nada debes temer, empiezas a disfrutar tu existencia. (Abel Desestress)
Cuando el hombre ha conocido algo, se libera de ello. Y cuando el hombre ha llegado a conocer algo, es capaz de triunfar sobre ello. Nuestro fracaso y nuestra derrota sólo se deben a nuestra ignorancia. La derrota se debe a la oscuridad: cuando hay luz, la derrota es imposible: la luz se convierte en victoria.
Lo primero que quisiera deciros de la muerte es que no hay mayor mentira que la muerte. Pero, con todo, la muerte parece verdadera. No sólo parece verdadera, sino que parece, incluso, que es la verdad cardinal de la vida: parece que toda la vida está ordenada por la muerte. Aunque la olvidemos, o aunque no la tengamos en cuenta, la muerte sigue estando cerca de nosotros por todas partes. La muerte está aun más cerca de nosotros que nuestra sombra.
Hemos estructurado nuestras mismas vidas a partir de nuestro miedo a la muerte. El miedo a la muerte ha creado la sociedad, la nación, la familia y los amigos. El miedo a la muerte nos ha hecho perseguir el dinero y nos ha hecho ambicionar posiciones sociales más elevadas. Y lo más sorprendente es que nuestros dioses y nuestros templos también han surgido del miedo a la muerte. Por miedo a la muerte, hay personas que rezan de rodillas. Por miedo a la muerte, hay personas que rezan a Dios con las manos unidas y elevadas hacia el cielo. Y nada más falso que la muerte. Por eso, cualquier sistema de vida que hayamos creado creyendo que la muerte es verdadera se ha convertido en falso.
¿Cómo conocemos la falsedad de la muerte? ¿Cómo podemos saber que no hay muerte? Mientras no lo sepamos, no perderemos el miedo a la muerte, nuestras vidas seguirán siendo falsas. Mientras exista el miedo a la muerte, no podrá haber vida auténtica. Mientras temblemos de miedo hacia la muerte, no podremos acopiar la capacidad de vivir nuestras vidas. Sólo pueden vivir aquellos para los que la sombra de la muerte ha desaparecido para siempre. ¿Cómo podrá vivir una mente asustada y temblorosa? Y ¿Cómo es posible vivir cuando parece que la muerte se acerca a cada instante? ¿Cómo podemos vivir?
Por mucho que dejemos de tener en cuenta la muerte, nunca la olvidamos del todo. No importa que llevemos el cementerio a las afueras de la ciudad: la muerte sigue mostrándonos su rostro. Todos los días muere alguien; todos los días se presenta en alguna parte la muerte y hace temblar los cimientos mismos de nuestras vidas.
Cuando vemos que se produce la muerte, somos conscientes de nuestra propia muerte. Cuando lloramos la muerte de alguien, no sólo nos hace llorar la muerte de esa persona, sino también el recuerdo renovado de la nuestra propia. No sólo sentimos dolor y pena por la muerte de otra persona, sino por la posibilidad aparente de la nuestra propia. Toda muerte que acontece es, al mismo tiempo, nuestra propia muerte. Y ¿Cómo podemos vivir, mientras sigamos rodeados de la muerte? Vivir de esta forma es imposible. Así no podemos conocer lo que es la vida: ni su alegría, ni su belleza, ni su bendición. Así no podemos alcanzar el templo de Dios, la verdad suprema de la vida.
Los templos que se han creado por miedo a la muerte no son los templos de Dios. Las oraciones que se han compuesto por miedo a la muerte tampoco son oraciones dirigidas a Dios. Sólo el que está lleno de la alegría de la vida alcanza el templo de Dios. El reino de Dios está lleno de alegría y de belleza, y las campanas del templo de Dios sólo repican para los que están liberados de los temores de todo tipo, para los que se han quitado de encima todos los miedos.
Esto hace parecer difícil, dado que nos gusta vivir con miedo. Pero esto no es posible: sólo puede ser verdadera una de las dos cosas. Recordadlo: si la vida es verdadera, entonces la muerte no puede ser verdadera; y si la muerte es verdadera, entonces la vida no será más que un sueño, una mentira: entonces la vida no puede ser verdadera. Las dos cosas no pueden existir simultáneamente. Pero nosotros nos aferramos a las dos cosas a la vez. Tenemos la sensación de que estamos vivos y tenemos además la sensación de que estamos muertos. He oído hablar de un faquir que vivía en un valle lejano. Mucha gente iba a visitarlo para hacerle preguntas. Una vez, un hombre llegó ante él y le pidió que le explicara algo acerca de la vida y de la muerte. El faquir dijo:
-Te invito a aprender sobre la vida: mi puerta está abierta. Pero si quieres aprender sobre la muerte debes ir a otra parte, porque yo no he muerto ni moriré nunca. No tengo experiencia con la muerte. Si quieres aprender sobre la muerte, pregunta a los que han muerto, pregunta a los que ya están muertos.
El faquir se rió y siguió diciendo:
-Pero ¿cómo podrás preguntar a los que ya están muertos? Y si me pides la dirección de un muerto, no puedo dártela. Pues desde que he llegado a saber que no puedo morir, también sé que nadie muere, que nadie ha muerto jamás.
Pero ¿cómo podemos creer a este faquir? Todos los días vemos morir a alguien; la muerte se presenta diariamente. La muerte es la verdad suprema; se hace visible penetrando hasta el centro de nuestro ser. Podemos cerrar los ojos, pero, por lejos que estemos de ella, sigue visible. Por mucho que nos apartemos de ella, por mucho que huyamos de ella, sigue rodeándonos. ¿Cómo podemos demostrar la falsedad de esta verdad?
Por supuesto, algunas personas intentan demostrar su falsedad. Solo por su miedo a la muerte, la gente cree en la inmortalidad del alma: por puro miedo. No saben: se limitan a creer. Todas las mañanas, algunas personas se sientan en un templo o en una mezquita y repiten: “Nadie muere: el alma es inmortal.” Se equivocan al creer que el alma se hará inmortal por el mero hecho de repetir las palabras “el alma es inmortal”. La muerte nunca se vuelve falsa por estas repeticiones: sólo conociendo la muerte es posible demostrar su falsedad.
Recordemos que esto es muy extraño: siempre aceptamos lo opuesto a lo que no dejamos de repetir. Cuando alguien dice que es inmortal, que el alma es inmortal; cuando repite esto, no hace más que indicar que sabe, muy dentro de sí, que morirá, que tendrá que morir. Si supiera que no ha de morir, no tendría que hablar tanto de la inmortalidad; sólo los que tienen miedo siguen repitiéndolo. Y veréis que la gente teme a la muerte en aquellos países, en aquellas sociedades que más hablan de la inmortalidad. En nuestro país se habla incansablemente de la inmortalidad del alma; pero ¿hay alguien en la Tierra que tema a la muerte más que nosotros? ¡Nadie teme a la muerte más que nosotros! ¿Cómo podemos reconciliar estos dos extremos?
¿Es posible que un pueblo que cree en la inmortalidad del alma caiga en la esclavitud? Preferiría la muerte; estaría dispuesto a morir, pues sabría que no hay muerte. ¡Los que saben que la vida es eterna, que el alma es inmortal, serían los primeros que llegarían a la Luna! ¡Serían los primeros que escalarían el Everest! ¡Serían los primeros que explorarían las profundidades del océano Pacífico! Pero no: nosotros no somos de esos. Ni escalamos el Everest, ni llegamos a la Luna ni exploramos las profundidades del océano Índico. ¡Y nosotros somos el pueblo que cree en la inmortalidad del alma! En realidad, nos da tanto miedo la muerte que, por miedo a ella, no dejamos de repetir: “El alma es inmortal”. Y nos hacemos la ilusión de que, a fuerza de repetirlo, quizá se haga realidad. Nada se hace realidad a fuerza de repetirlo.
No es posible negar la muerte a base de repetir que la muerte no existe. Tendremos que conocer la muerte, tendremos que encontrarnos con ella, tendremos que vivirla. Tendréis que familiarizaros con ella. Pero, en vez de ello, no dejamos de huir de la muerte. ¿Cómo podemos verla? Cuando vemos la muerte, cerramos los ojos.
La muerte es nuestra propia sombra. Si huimos de ella, no seremos capaces de plantarnos ante ella y de reconocer lo que es. Nadie puede escaparse de una sombra; nadie puede, siquiera, luchar con una sombra y vencerla. Pero esto no quiere decir que la sombra sea más fuerte que nosotros, ni que no podamos vencer nunca; lo único que quiere decir es que no hay sombra, que no es una cuestión de vencer. No podemos triunfar sobre lo que no existe. Por eso se sigue dejando derrotar la gente por la muerte: porque la muerte no es más que una sombra de la muerte.
Mientras la vida avanza, su sombra la sigue también. La muerte es la sombra que se forma tras de la vida, y nosotros no queremos nunca volver la vista atrás para ver lo que es. Hemos caído agotados muchas veces, después de haber realizado esta carrera una y otra vez. No es que hayáis llegado a esta orilla por primera vez: podéis haber estado aquí antes; quizás no fuera esta orilla; sería alguna otra orilla. Quizás no fuera este cuerpo: sería algún otro cuerpo. Pero la carrera debió ser la misma. Las piernas debieron ser las mismas; la carrera debió ser la misma.
Vivimos muchas vidas cargando con el miedo a la muerte, pero no somos capaces de reconocerla ni de verla. Estamos tan asustados y tan llenos de miedo que, cuando se acerca la muerte, cuando su sombra total se cierne sobre nosotros el miedo nos deja inconscientes. En general, nadie se mantiene consciente en el momento de la muerte. Si nos mantuviéramos conscientes por una vez, el miedo a la muerte desaparecería para siempre. Si una persona viera, aunque sólo fuera una vez, lo que es morir, lo que sucede en la muerte, la siguiente vez no tendría miedo a la muerte porque no habría muerte. Esto no quiere decir que triunfaría sobre la muerte: sólo podemos triunfar sobre las cosas que existen. Por el simple hecho de conocer la muerte, ésta desaparece. Entonces no queda nada sobre lo que triunfar.
Hemos muerto muchas veces, pero cada vez que se ha producido la muerte nos hemos quedado inconscientes. Esto se parece a cuando el médico o el cirujano nos anestesia antes de operarnos para que no sintamos el dolor. Tenemos tanto miedo a morir que en el momento de la muerte nos quedamos inconscientes voluntariamente. Nos quedamos inconscientes un poco antes de morir. Morimos inconscientes, y después renacemos en un estado de inconsciencia. No vemos la muerte ni vemos el nacimiento; por ello, nunca somos capaces de comprender que la vida es eterna. El nacimiento y la muerte no son más que paradas donde nos cambiamos de ropa o cambiamos de caballos.
El nacimiento y la muerte no son más que postas donde se cambia de vehículo: donde se dejan atrás los vehículos viejos, donde se abandonan los caballos cansados y se toman otros de refresco. Pero ambos actos tienen lugar en nuestro estado de inconsciencia. Y la persona cuyo nacimiento y cuya muerte se producen en este estado de inconsciencia no puede vivir una vida consciente: realiza su vida casi en un estado semiconsciente, casi en un estado de semivigilia.
Lo que quiero decir es que es fundamental ver la muerte, comprenderla, reconocerla. Pero esto sólo es posible cuando morimos; sólo podemos verlo cuando estamos muriendo. Entonces, ¿qué haremos ahora? Y si sólo vemos la muerte cuando estamos muriendo, entonces no tenemos manera de comprenderla, pues en el momento de la muerte estaremos inconscientes.
Sí: podemos hacer algo ahora. Podemos realizar el experimento de entrar en la muerte por voluntad propia. Y puedo decir que la meditación o samadhi no es nada más que eso. La experiencia de entrar voluntariamente en la muerte es la meditación. el samadhi. El fenómeno que se producirá automáticamente un día al dejar el cuerpo podemos producirlo voluntariamente creando un distanciamiento, dentro de nosotros, entre el yo y el cuerpo. Así, dejando el cuerpo desde dentro, podemos conocer el suceso de la muerte, podemos conocer el acontecimiento de la muerte. Podemos conocer la muerte hoy, esta tarde, porque el acontecimiento de la muerte significa simplemente que nuestra alma y nuestro cuerpo conocerán, en ese viaje, la misma distinción entre ambos que se producen cuando el viajero deja atrás su vehículo y prosigue su viaje.
OSHO
martes 18 de marzo de 2008
Abel Desestress

El camino es muy liso, claro y plano. Los hombres complican su andar. (Abel Desestress)
No estoy aquí para convencerte de nada. No estoy aquí para darte dogma alguno, ni un credo con el que vivir. Estoy aquí para arrebatarte todos los credos porque solamente entonces podrá la vida suceder en ti. No te voy a dar nada sobre lo que puedas vivir. Simplemente te estoy quitando todos los apoyos, todas las muletas.
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Todo mi esfuerzo se centra en empujarte hacia la muerte, en empujarte hacia el abismo de los desconocido, a empujarte hacia la experiencia cero. En la India lo llamamos Samadhi.
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No estoy aquí para interpretar el rol del sacerdote; no estoy aquí para interpretar el rol del profeta. De hecho el profeta no es más que el político disfrazado.
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A mi gente le digo: primero sé egoísta, completamente egoísta: florece. Logra el florecimiento y la fragancia y luego espárcelos. Entonces compártelos con esa gente desafortunada, que tiene el mismo potencial que tú, pero a quienes la vida no ha dado la oportunidad de ir hacia dentro, para saborear su propia divinidad
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Te enseño a ser natural. Y te enseño a aceptar tu naturalidad. Hay algo que sé con seguridad : cuando hayas florecido, compartirás. No hay forma de evitarlo. Cuando la flor se abre no hay modo para ella de retener su fragancia y mantenerla aprisionada. La fragancia escapa. Se extiende en todas las direcciones.
Así que, primero tienes que estar satisfecho, contento. Primero, sé. Después, desde tu ser surgirá una fragancia que se extenderá a muchos. Y no será un servicio, será pura alegría de compartir. Y no hay mayor felicidad que la de compartir tu felicidad.
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El hombre madura en el momento en que empieza a amar en vez de necesitar, en que empieza a desbordarse, a compartir, en que empieza a dar. El énfasis es totalmente diferente. Con el amor, el énfasis está en cómo dar, cómo dar más y cómo dar incondicionalmente. Esto es crecimiento, la madurez llegando a ti.
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Yo soy, yo soy. Haya discípulos o no, eso carece de importancia. No dependo de ti. Y todo mi esfuerzo aquí es conseguir que también tú no seas dependiente de mí. Estoy aquí para darte libertad. No quiero, de ninguna forma, anularte. Sólo quiero que seas tú mismo. Y el día en que esto suceda, cuando seas independiente de mí, serás capaz de amarme realmente. No antes.
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Yo te puedo enseñar meditación y desde ella surgirá una cualidad diferente de amor . Entonces no será tontear. Entonces será sabiduría, no tontería. Entonces no "caes enamorado" (*); te elevas en el amor. Entonces el amor es una cualidad tuya.
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Tengo que contar chistes porque estoy asustado; todos sois personas religiosas. Tenéis tendencia a ser serios. Tengo que haceros cosquillas para que algunas veces olvidéis vuestra "religiosidad", olvidéis todas vuestras filosofías, vuestras teorías y sistemas y pongáis los pies en la tierra. Tengo que devolveros a la tierra una y otra vez; de otro modo tenderéis a ser serios, más y más serios. Y la seriedad es un tumor canceroso.
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No es por casualidad que los sacerdotes estén contra mí, que los políticos estén contra mí, que todo lo establecido esté en mi contra. No es por casualidad. Puedo entender su lógica. Estoy tratando de deshacer lo que ellos han ello. Estoy saboteando todo el modelo de esta sociedad de esclavos.
OSHO
domingo 16 de marzo de 2008
ORIENTE Y OCCIDENTE: MASA Y LEVADURA

El hombre solo es. Un ser, sin color, raza, o bandera. Solo existe, Solo llega y solo se va. (Abel Desestress)
Tu condicionamiento te ha dado la idea de una sola vida. La idea cristiana, la idea judaica, la idea musulmana - todas ellas arraigadas en el concepto judío de que hay una sola vida- han dado a Occidente una tremenda locura por la prisa. Todo tiene que hacerse con una prisa tal, que no eres capaz de disfrutar con ello y no puedes hacer nada con entera perfección. Más o menos consigues hacer algo y corres hacia otra cosa.
El hombre occidental ha estado viviendo bajo un concepto erróneo. Esto ha creado tanta tensión en la mente de la gente, que nunca pueden estar en paz en ningún sitio; están siempre yendo de un lado a otro y siempre preocupados porque uno no sabe cuándo va a venir el final. Antes del final, uno quiere hacerlo todo. Pero el resultado es justo lo contrario; no se puede ni siquiera llegar a hacer las cosas con gracia, de forma bella, perfecta.
Sus vidas están tan ensombrecidas por la muerte que no pueden vivir alegremente. Todo lo que trae alegría parece ser una pérdida de tiempo. Simplemente no pueden sentarse una hora en silencio, porque la mente dice, «¿Por qué estás perdiendo el tiempo? Podrías haber hecho esto, podrías haber hecho lo otro».
Es por ese concepto de una sola vida por lo que la idea de meditación nunca surgió en Occidente. La meditación necesita una mente muy relajada, sin prisa, sin preocupación. Sin ningún sitio a donde ir... sólo disfrutando, momento a momento, de lo que venga.
En Oriente, la meditación estaba destinada a ser descubierta. Justamente debido a la idea de la vida eterna, puedes relajarte. Puedes relajarte sin ningún miedo, puedes disfrutar, tocar tu flauta; puedes bailar y cantar tu canción; puedes disfrutar de la salida y de la puesta del sol. Puedes disfrutar toda tu vida. No sólo eso, puedes disfrutar incluso muriendo, porque la muerte también es una experiencia grande, quizás la experiencia más grande en la vida. Es un «crescendo».
En el concepto occidental, la muerte es el final de la vida. En el concepto oriental, la muerte es sólo un hermoso incidente en la larga procesión de la vida; habrá muchas, muchas muertes. Cada muerte es la culminación de tu vida antes de que otra vida empiece, bajo otra forma, otra etiqueta, otra consciencia. Tú no estás desa-pareciemdo; simplemente estás cambiando de casa.
Me estoy acordando de Mulla Nasrudin. Un ladrón entró en su casa. Mulla estaba durmiendo, no de verdad, sólo con los ojos cerrados, medio abriéndolos y viendo lo que el ladrón estaba haciendo. Pero él no creía que se debiera interferir en el trabajo de la gente. El ladrón no estaba interfiriendo en su sueño, ¿por qué tenía él que interferir en su profesión? ¡Que hiciera lo que tuviera que hacer!
El ladrón estaba un poco inquieto porque ese hombre parecía raro. Mientras vaciaba la casa, a veces algo se le caía de las manos con estrépito, pero Mulla permanecía completamente dormido. Una sospecha apareció en la mente del ladrón: que esta clase de sueño sólo es posible si el hombre está despierto. «¡Qué hombre tan extraño! No dice nada ¡Estoy vaciándole la casa entera!»
Todos los muebles estaban afuera, todas las almohadas estaban afuera, todo lo que había en la casa estaba fuera.
Y cuando el ladrón estaba recogiendo todo, atándolo para llevárselo a casa de repente sintió: «Alguien me está siguiendo». Miró hacia atrás; era el mismo hombre que estaba dormido. El dijo, «¿Por qué me estás siguiendo?
Mulla respondió, «No, yo no te sigo; estamos cambiando de casa. Lo has cogido todo. ¿Qué voy a hacer en esta casa? O sea que yo también voy contigo».
Este «irse por lo fácil» es el camino oriental; incluso con la muerte, Oriente se ha apegado a la idea... solamente un cambio de casa.
El ladrón estaba preocupado, dijo: «Perdóname, toma tus cosas».
Mulla dijo: «No, no es necesario. También yo pensaba en cambiarme de casa, ésta está casi en ruinas. No se puede tener peor casa que ésta. Y, de todos modos, soy un hombre muy perezoso. Necesito que alguien me cuide y tú te lo has llevado todo. ¿Por qué me dejas aquí?».
El ladrón se asustó... había estado robando toda su vida, nunca se había cruzado con un hombre así. Dijo: «Puedes coger tus cosas».
Mulla contestó: «No, no cambiaremos nada. Tendrás que llevarte las cosas; en caso contrario, iré a la policía. Me estoy portando como un caballero, no te estoy llamando ladrón, solamente eres un hombre que me está ayudando a cambiar de casa».
No hay prisa, por tanto tu idea de una vida corta es una idea peligrosa. Por eso aunque Oriente sea muy pobre, no existe la deses-peración, no hay angustia. Occidente es rico, pero la riqueza no ha aportado nada a su espiritualidad ni a su crecimiento; todo lo contrario, Occidente se encuentra muy tenso. Tendría que estar más relajado; posee todas las comodidades de la vida.
Pero el problema fundamental es que, en lo más profundo, Occidente sabe que la vida es muy corta; estamos haciendo cola y a cada momento nos acercamos más a la muerte. Desde que nacemos, empezamos el viaje hacia la tumba. En cada momento la vida se acorta, se vuelve más y más corta. Esto crea una tensión, una angustia, una ansiedad. Todas las comodidades, todos los lujos, todas las riquezas, pierden el sentido, porque no puedes llevártelas al más allá contigo. Tendrás que ir hacia la muerte solo.
Oriente está relajado. Primero: no da ninguna importancia a la muerte; es solamente un cambio de forma. Segundo: por estar tan relajado te vuelves consciente de tus riquezas interiores, que se irán contigo incluso más allá de la vida. La muerte no puede llevárselas.
La muerte puede coger todo lo que está fuera de ti y si no has hecho crecer tu ser interior, naturalmente existirá el miedo a no poder salvar nada de la muerte, a que se lleve todo lo que tengas. Pero si has hecho crecer tu ser interior, si has encontrado paz, éxtasis, silencio, alegría -que no dependen de nada exterior- si has encontrado el jardín de tu ser y has visto las flores en tu propia consciencia, la cuestión del miedo a la muerte no aparece.
Otra vez te digo, recuerda sólo una cosa: tú eres un ser inmortal. Ahora mismo ésa no es tu experiencia, puedes aceptarlo como una hipótesis. No como una creencia, sino como una hipótesis con la cual puedes experimentar.
No quiero que nadie acepte nada de mí como una creencia, sino sólo como una hipótesis. Porque yo conozco la verdad de ello, no necesito forzar ninguna creencia, ni fe en ti. Conociendo la verdad puedo decirte, «Es simplemente un experimento, una hipótesis temporal», porque sé con certeza que si experimentas, tus hipótesis se convertirán en tu propio saber, no en una creencia, ni en fe, sino en certeza. Y sólo la certeza puede salvarte. Las creencias son barcos hechos de papel.
Uno no debería pensar que puede cruzar el océano de la Existencia en un barco hecho de papel.
Necesitas una certeza... no una creencia, pero una verdad que sea experimentada por ti mismo. No una verdad de otro, sino la tuya propia. Entonces es una delicia el ir hacia lo desconocido, hacia el inexplorado océano; es una tremenda excitación y éxtasis.
Osho
viernes 14 de marzo de 2008
OBSERVA LOS OJOS DE LOS NIÑOS

Cuando tu mente se ocupa de problemas ajenos, siempre habra exusas para justificar tus desvarios. (Abel Desestress)
Meditación es un estado de no-mente. Meditación es un estado de conciencia pura, sin contenido.
Por lo regular, tu conciencia está demasiado llena de basura, igual que un espejo cubierto de polvo.
La mente es un tráfico constante: los pensamientos se están moviendo…los deseos se mueven…los recuerdos se mueven…las ambiciones de mueven. ¡Es un tráfico constante…! Día tras día.
Aun cuando duermes sigue inmersa en los pensamientos, aún sigue inmersa en preocupaciones y ansiedades.
Se está preparado para el día siguiente: está ocurriendo una preparación subterránea.
Este es el estado de no-meditación.
Justo lo opuesto de lo que es la meditación: cuando no hay tráfico y el pensamiento se ha detenido…los pensamientos no se mueven…los deseos no se agitan y te encuentras en completo silencio.
Ese silencio es meditación. Y es en ese silencio que la verdad es conocida…nunca de otra manera.
La meditación es un estado de no-mente…no puedes encontrar la meditación a través de la mente, porque la mente se va a perpetuar a sí misma.
Sólo te será posible encontrar la meditación si colocas la mente a un lado…permaneciendo sereno…indiferente, sin identificarte con la mente; viendo la mente pasar, pero no identificándote con ella, no pensando que “Yo soy ella”.
Meditación es la conciencia de que: “Yo no soy la mente”.
Cuando esta conciencia entra más y más profundo en ti…lentamente, aparecen unos pocos momentos…momentos de silencio…momentos de espacio puro…momentos de transparencia…momentos en los que nada se agita en ti y todo está quieto…en estos momentos de quietud sabrás quién eres…y conocerás el misterio de esta existencia.
Llega un día ¡un día de grandes bendiciones! En el que la meditación se convierte en tu estado natural.
La mente es algo antinatural; nunca se transforma en tu estado natural. Pero la meditación es un estado natural, que has perdido. Es un paraíso perdido, pero el paraíso puede ser recuperado.
Observa los ojos de los niños…mira y encontrarás tremendo silencio e inocencia…
Cada niño viene en estado meditativo, pero debe ser entrenado en la forma de funcionar de la sociedad. Debe aprender cómo pensar, cómo calcular, cómo razonar, cómo discutir; debe aprender palabras, lenguaje, conceptos…y lenta…lentamente, pierde contacto con su propia inocencia.
La sociedad lo contamina, lo corrompe…se transforma en un mecanismo eficiente; deja de ser un hombre.
Todo lo que necesita es recuperar ese espacio una vez más.
Lo has conocido antes; así que cuando conozcas la meditación por primera vez te sorprenderás, pues surgirá en ti una clara sensación de haberla conocido antes. Y esa sensación es real: la has conocido antes…la has olvidado.
El diamante está perdido entre montones de basura…pero si puedes removerla, encontrarás el diamante nuevamente: es tuyo. En realidad, no se puede perder, sólo puede ser olvidado.
Nosotros nacemos como meditadores, y después aprendemos las formas de obrar de la mente…pero nuestra naturaleza real permanece escondida en algún lugar, en lo profundo como una corriente subterránea.
Cualquier día, una pequeña excavación y vas a encontrar la fuente fluyendo…la fuente de aguas frescas. ¡Y la alegría más grande en la vida es encontrarla!
jueves 13 de marzo de 2008
Si permites que la mente controle tu vida, nunca conocerás la felicidad que debieras. (Abel Desestress)

POR UN MUNDO CONSCIENTE
El cuerpo tiene que ser amado – tienes que ser su gran amigo.
El es tu casa, tienes que limpiarlo de toda clase de desperdicios, y tienes que recordar que está completamente a tu servicio, día y noche. Incluso mientras tú estás dormido, tu cuerpo continua trabajando en tu digestión, convirtiendo los alimentos en sangre, eliminando las células muertas, aportando oxígeno nuevo y fresco, y tú estás profundamente dormido. El cuerpo está haciendo lo imposible por tu supervivencia, por tu vida, pero tú nunca te sientes agradecido por todo lo que él hace por ti. Por el contrario, vuestras religiones os han estado enseñando cómo torturarlo: el cuerpo es el enemigo y tenéis que liberaos de él, de sus ataduras.
También sé que tú eres algo más que el cuerpo, pero no hay necesidad de ninguna atadura. Porque el amor no es una atadura, la compasión no es una atadura. Tanto el amor como la compasión son absolutamente necesarios para el cuerpo y sus alimentos. Cuanto mejor trates tu cuerpo, mayores serán las posibilidades de elevar la consciencia. Son una unidad orgánica.
En este mundo se necesita una clase totalmente nueva de educación, donde cada individuo será introducido fundamentalmente en el silencio del corazón –en otras palabras, en la meditación- donde cada uno tiene que estar preparado para ser compasivo con su propio cuerpo. Porque a menos que seas compasivo con él, no puedes ser compasivo con ningún otro cuerpo. El es un organismo vivo y no te ha hecho ningún daño a ti. Ha estado continuamente a tu servicio desde que fuiste concebido y lo estará hasta que mueras. Hará todo lo que a ti te guste hacer, incluso lo imposible, y no será desobediente contigo. Es inconcebible crear un mecanismo tan sabio y obediente como el cuerpo.
Si permaneces atento a todas las funciones de tu cuerpo, te quedarás sorprendido. Nunca te has parado a pensar todo lo que el cuerpo es capaz de hacer. Es tan milagroso, tan misterioso. Pero tú nunca has mirado en su interior. Nunca te has interesado acerca de tu propio cuerpo y pretendes amar a otras personas. No puedes hacerlo, porque esas otras personas aparecen ante ti como cuerpos. El cuerpo es el misterio más grande de toda la existencia. El misterio necesita ser amado; este misterio y su funcionamiento tiene que ser íntimamente investigado.
Desgraciadamente las religiones han estado absolutamente en contra del cuerpo. Pero él te da una pista, una clara indicación de que si un hombre aprende la sabiduría de su cuerpo y de todos sus misterios, nunca se interesará en los sacerdotes ni en Dios. El habrá encontrado lo más misterioso de él en su propio interior, y dentro de él existe el santuario de la consciencia.
Una vez que permaneces alerta de tu consciencia, de tu ser, ya no hay dios sobre ti. Sólo un persona así puede respetar a otros seres humanos, a otros seres vivos, porque todos ellos son igual de misteriosos que él, con diferentes y variadas expresiones que hacen la vida más rica. Y una vez que el hombre ha encontrado la consciencia en su interior, ha encontrado la llave hacia lo último.
Una educación que no te enseñe a amar tu cuerpo, que no te enseñe a ser compasivo con él, que no te enseñe a penetrar en sus misterios, no será capaz de enseñarte cómo profundizar en tu propia consciencia. El cuerpo es la puerta, el cuerpo es la piedra angular. Cualquier educación que no toque lo subjetivo de tu cuerpo y de tu consciencia, no sólo está del todo incompleta, sino que es absolutamente perjudicial porque continuará siendo destructiva.
Sólo el florecimiento de la consciencia en tu interior te previene de la destrucción.
Y te proporciona un tremendo impulso para crear, para crear más belleza en el mundo, para crear más bienestar en el mundo. Por eso yo incluyo el arte como la segunda parte de la academia. El arte es un esfuerzo consciente por crear belleza, por descubrir la belleza, por hacer la vida más divertida, por enseñarte a bailar, a celebrar. Y la tercera parte es una ciencia creativa.
El arte puede crear belleza, la ciencia puede descubrir la verdad objetiva, y la consciencia puede descubrir la realidad subjetiva. Los tres juntos pueden crear un sistema completo de educación. Todo lo demás es secundario, puede ser útil para propósitos mundanos, pero no lo será para el crecimiento espiritual, no será útil para traerte la fuente de la alegría, del amor, de la paz, del silencio. Un hombre que no ha experimentado el éxtasis en su interior ha vivido innecesariamente en vano. Ha vegetado, se ha arrastrado a sí mismo desde el útero a su tumba, sin poder danzar, sin poder cantar y sin poder contribuir con algo a este mundo.
Según mi criterio, una persona religiosa es aquella que contribuye con más belleza para este mundo, con más alegría, con más felicidad, con una celebración que antes no existía, algo nuevo, algo fresco, con más flores. Pero la religión nunca ha sido definida de la manera que yo la estoy definiendo.
Todas las formas de religión que han sido definidas,
han sido absolutamente probadas feas y erróneas.
Y ninguna ha ayudado a la humanidad a crecer hacia las alturas de la alegría, de la belleza ni del amor. Han ahogado a toda la humanidad en la miseria y el sufrimiento, no han enseñado la libertad. Por el contrario, las religiones os han impuesto toda clase de esclavitud en nombre de la obediencia. ¿Obediencia a quién? Obediencia a los sacerdotes, obediencia a todos aquellos que tienen dinero, obediencia a los que tienen poder, en definitiva, obediencia a todos los intereses atribuidos. Una pequeña minoría ha estado esclavizando durante siglos a toda la humanidad. Sólo una correcta educación puede transformar este enferma y penosa situación.
Mi idea de una Academia Mundial de la Ciencia Creativa, del Arte y de la Consciencia es realmente, en otras palabras, mi visión sobre una religión real. El hombre necesita un cuerpo mejor, un cuerpo más sano. El hombre necesita más consciencia, estar más alerta. El hombre necesita todos los lujos y comodidades que esta existencia está dispuesta a proporcionar.
La existencia es dispuesta a darte el paraíso aquí y ahora, pero tú lo vas posponiendo, lo vas dejando siempre para después de la muerte.
En Sri Lanka un gran místico se estaba muriendo... El era adorado por miles de personas. Ellos se reunieron junto a él. El abrió los ojos: tomaría sólo unos pocos alientos más en esta orilla y se marcharía, se marcharía para siempre. Todo el mundo estaba ansioso por escuchar sus últimas palabras. El anciano hombre dijo: “Durante toda mi vida os he estado enseñando todo sobre la plenitud, el éxtasis, la meditación. Y ahora me dirijo hacia la otra orilla. No estaré disponible nada más. Vosotros me habéis escuchado, pero nunca habéis practicado lo que os he estado diciendo. Siempre habéis estado posponiendo. Pero ahora no hay ningún motivo para posponer, yo me voy, ¿hay alguien dispuesto a venirse conmigo?
Se hizo un profundo silencio. La gente se miraba entre sí pensando si quizás este hombre que había sido que había sido discípulo durante cuarenta años... EL puede estar preparado... Pero él miraba a todos los demás, pero nadie se levantaba.
Sólo desde la parte de atrás un hombre levantó la mano. El gran místico pensó: “Al menos una persona tiene suficiente coraje.”
Pero el hombre dijo: “Déjame dejarte claro de por qué yo no me levanto. Sólo he levantado la mano. Yo quiero saber cómo alcanzar la otra orilla, pero por supuesto, hoy no, aún no estoy preparado. Hay muchas cosas que tengo incompletas: un invitado ha venido, mi joven hijo va a casarse, y en este momento no puedo marchar, y tú dices que desde la otra orilla ya no se puede regresar. “Algún día, ciertamente un día, iré y me encontraré contigo. Si sólo puedes explicarnos una vez más, aunque lo has estado explicando durante toda tu vida, sólo una vez más cómo alcanzar la otra orilla? pero por favor, ten en cuenta que en este momento no estoy totalmente preparado. Sólo quiero que refresques mi memoria para que cuando el momento apropiado llegue...
El momento apropiado nunca llega.
Esta no es sólo la historia de este pobre hombre, es la historia de millones de personas, de casi todas. Todos estás esperando el momento apropiado, la constelación propicia de estrellas... Consultan al astrólogo, visitan a un quiromante... inquieren de diferentes maneras qué es lo que va a suceder mañana.
El mañana nunca sucede, nunca ha sucedido. Es simplemente una estrategia estúpida para posponer. lo que suceda siempre es en el hoy.
Una clase apropiada de educación enseñará a la gente a vivir aquí y ahora, a crear el paraíso en esta tierra, no para esperar a que llegue la muerte y no para ser miserable hasta que la muerte acabe con vuestra miseria.
Permite que la muerte te encuentre danzando, amando y jovial. Es una extraña experiencia la de que si un hombre puede vivir su vida como si estuviera en el paraíso, la muerte no puede llevarse nada de esa experiencia humana.
Mi aproximación es enseñaros que esto es el paraíso, no hay ningún paraíso en ninguna otra parte, y no se necesita ninguna preparación para ser feliz. No se necesita ninguna disciplina para amar; sólo un poco de alerta, sólo un pequeño despertar, sólo un poco de comprensión. Y si la educación no os puede proporcionar esta pequeña comprensión, entonces no es educación.
Mi concepción de una academia mundial significa que todo el mundo debería tener la misma
educación sobre la meditación, sobre el arte, sobre la ciencia creativa.
Si podemos crear por todo el mundo un sistema de educación sano, entonces las divisiones de la religión, la discriminación entre blancos y negros, entre las naciones, las políticas horrendas que subsisten gracias a ellas y el estúpido comportamiento de los hombres preparándose continuamente para la guerra...
Allí donde veo un soldado no puedo creer que ese hombre tenga del todo una mente. Incluso los animales no se convierten en soldados. Pero el hombre parece tener un solo interés: cómo matar, cómo matar más eficientemente, cómo avanzar para refinar los instrumentos para matar.
Una educación apropiada os enseñará cómo encontrar vuestra propia canción, cómo aprender a danzar y a no tener miedo; a cómo celebrar las pequeñas cosas de la vida y a hacer habitable todo este planeta. Sólo existe uno, al menos por lo que sabemos, donde la gente puede amar, donde la gente puede meditar, donde la gente se puede convertir en Buda, donde pueden existir gente como Sócrates o Lao tse.
Somos los más afortunados por estar en este pequeño planeta. Este planeta es uno de los más pequeños del universo, pero incluso las estrellas más grandes, millones de veces más enormes que esta tierra, no pueden clamar a un singular Albert Einstein o a un Jesús o a un Yehudi Menuhin. Es extraño que de todo este vasto universo, sólo en este pequeño planeta se haya progresado para crear una pequeña consciencia. una pequeña vida. Ahora está en nuestras manos crecer desde este pequeño comienzo hacia las alturas infinitas, es nuestro potencial y nuestro renacimiento.
Hasta ahora la educación no se ha enfocado en la dirección correcta. Ha estado torturando innecesariamente a la gente con historia, con geografía. Si a alguien le interesa, estas materias deberían estar disponibles. Si a alguien le interesa conocer algo sobre Constantinopla se le debe permitir conocerlo, y también si alguien está interesado en saber sobre Genghis khan o Tamerlano. Pero no es necesario enseñar obligatoriamente a la gente todo este sinsentido y toda esta basura que ha sucedido en el pasado. Es tan estúpido como increíble. Enseñar a la gente que han existido personas como Genghis Khan o Nadirso o Tamerlano o Alejandro el Grande es enseñarla sobre el lado erróneo de su ser.
Yo he estado luchando en las universidades, “Por qué no enseñáis a Sócrates? Por qué no enseñáis a Chuang Tsu? Por qué no enseñáis a Bodhidharma...?” Ellos son el lado correcto de la consciencia.
Y enseñando a la clase de gente errónea os proporciona la idea de que está perfectamente bien aunque estéis equivocados. Si muy despacio estáis tratando ser como Genghis Khan, está perfectamente bien. No estáis haciendo nada nuevo, es lo que el hombre siempre ha estado haciendo.
Tenemos que revisar la historia, cortar de raíz a toda la gente errónea
y proteger a nuestros hijos
de ser condicionados por un hombre que no ha estado envuelto en otra cosa que no haya sido la guerra, la lucha, la competición, la codicia. Deberíamos enseñar a nuestros hijos, no lo que sido sino lo que puede ser, no el pasado sino el futuro. Por qué gastar tanto tiempo en enseñarles sujetos que no tienen ningún significado en la vida actual y no proporcionarles una única dirección sobre el arte del amor, el arte de la vida, el significado de la existencia, la preparación para la muerte con alegría, el silencio y la meditación? Todo lo que es esencial se está perdiendo, y lo que no es esencial y estúpido está siendo forzado.
Se dice que la historia se repite. La historia no se repite. Es nuestra estupidez la que continua enseñando las mismas cosas de generación en generación. Los pobres niños están siendo condicionados a los mismos grandes héroes que realmente fueros criminales, no héroes. Un solo hombre, Genghis Khan, mató a cuarenta millones de personas. Para la educación es mejor dejar caer toda la información sobre estas personas. Dad una educación sobre la danza de Shiva, sobre la flauta de Krishna. Enseñad todo lo que ha sido hermoso y bueno, para que así perciban que todo lo que es bueno es natural, y lo malo es accidental; lo malo no ocurre, nunca ha ocurrido, y lo bueno es absolutamente normal.
Ser un Buda no es algo anormal. Debería ser enseñado a todos los niños que ser un Buda es un fenómeno absolutamente normal. Cualquiera que sea lo suficientemente inteligente está en el camino de ser un Buda. Vosotros os vais a convertir en Budas.
La revolución más grande tiene que ocurrir en la educación y en sus sistemas; de otra manera, el hombre continuará repitiendo la misma historia.
Ahora es tiempo para el silencio y tiempo para la risa...
martes 11 de marzo de 2008
Dos caminos para la energía: sexo y meditación

La vida del hombre tiene dos lados opuestos, dos pinturas. En cada hombre están presentes tanto Satanás como Dios. En cada hombre existen tanto la posibilidad del cielo como la del infierno. En el hombre puede crecer un ramo de hermosas rosas; también en el hombre puede acumularse un montón de barro. Todos los hombres están balanceándose entre estos dos polos. El hombre puede llegar a cualquiera de estos dos extremos. La mayoría de las personas se in-clinan hacia lo infernal. Son escasos los afortunados que aspiran a lo espiritual, que permiten que la cualidad divina crezca en ellos. ¿Po-demos lograr transformar nuestra vida en un templo de Dios? ¿Podemos acaso transformarnos en una pintura que deje en evidencia a Dios? ¿Cómo es posible esto?
Con esta pregunta reinicio la discusión de hoy. ¿Cómo puede el hombre transformarse en el reflejo de Dios? ¿Es acaso posible conver-tir la vida del hombre en un paraíso, en una fragancia, en una belleza, en una armonía? ¿Es posible para un hombre conocer aquello que es inmortal? ¿Cómo puede el hombre entrar en el templo de Dios?
En este contexto, los hechos de la vida evidencian un avance en la dirección opuesta. En la niñez nos encontramos en el paraíso; pero, a medida que envejecemos, terminamos en el infierno. El mundo de la niñez está lleno de inocencia y pureza. Luego, avanzamos poco a poco en un camino lleno de mentiras y perfidia, y para cuando somos ancianos, somos viejos no sólo en cuanto al cuerpo, sino que también nuestras almas han envejecido. No es sólo el cuerpo el que se debilita y se vuelve enfermizo, sino que el alma también llega a un estado de ruina. Damos este cambio por sentado, como un hecho consumado, damos por finalizado el asunto y también nosotros mismos nos damos por acabados.
Acerca de esta caída, respecto al viaje entre cielo e infierno, la religión es fatalista. El viaje debiera ser hecho en la dirección opuesta. El viaje debiera resultar ventajoso: de la pena a la alegría, de la oscuridad a la luz, de la mortalidad a la inmortalidad. Alcanzar lo inmortal desde lo mortal es el anhelo, la sed de nuestra alma más re-cóndita. La única búsqueda del alma consiste en ir desde la oscuridad hacia la luz. Lo único que desea la energía primaria es ir desde lo falso hacia lo verdadero.
Pero para ese viaje, el hombre debe preservar su energía, debe permitir que su energía crezca. Para ascender hacia la Verdad, para llegar al alma, el hombre debiera esforzarse por transformarse en un depósito de fortaleza ilimitada. Sólo entonces podrá alcanzar lo Eter-no. El paraíso no es para los débiles. Repito, el paraíso no es para los débiles. La Verdad de la Vida no es para aquellos que disipan energía y se vuelven endebles y blandos. Aquellos que malgastan la energía de la vida y se vuelven insípidos e impotentes en su interior, no pue-den emprender esta jornada.
Escalar esas alturas requiere energía, y la conservación de la energía es el requisito primordial de la religión. Pero somos una gene-ración débil y enferma. Poco a poco nos deslizamos hacia profun-didades de más y más debilidad, debido a la pérdida de energía. La vitalidad se disipa, y lo que queda en nuestro interior es un panal de celdillas secas. No queda nada, excepto un espantoso vacío. Así es nuestra vida, si la podemos llamar así. Nuestra vida es sólo una triste historia de continua pérdida. La vida que llevamos no es provechosa.
¿A qué se debe esta situación tan poco atractiva? ¿Cómo perdemos nuestra energía? El mayor escape de energía en el hombre es a través del sexo y debería ser obstruido. A nadie le gusta soportar pérdidas, sin embargo, tal como les dije antes, existe un motivo irresistible que lleva al hombre a abusar de su energía. Debido al beatífico vislumbre que obtiene en el sexo, el hombre es arrastrado, lo quiera o no, a perder energía una y otra vez. Debido al luminoso, pero huidizo, éxtasis que el sexo otorga, éste ejerce un atractivo tan magnético que el hombre se precipita en él perdiendo aquello que es la base de todo.
Si el mismo éxtasis pudiera obtenerse mediante algún otro medio, uno dejaría de malgastar su energía a través del sexo. ¿Existe alguna otra alternativa para vivir esa misma experiencia? ¿Existe acaso algún otro medio a través del cual podamos vivir la misma exaltada experiencia, por la cual penetramos en los lugares más apartados del alma, por la cual alcanzamos la cima más elevada de la existencia y en la que obtenemos un vitalizador vislumbre del éxtasis sutil y de la pura alegría en el cual todas las definiciones se evaporan? ¿Existe alguna otra forma? ¿Existe otra técnica con la cual podamos zambu-llirnos y dejamos llevar a ese sereno abismo que existe en nuestro interior? ¿Existe acaso algún otro proceso para unirse con la fuente eterna de paz y felicidad que se halla en todos nosotros?
El conocimiento de esto significaría una metamorfosis en el hombre. Y entonces, el hombre le volvería la espalda a Kama y se volvería hacia Rama; su recorrido sería «desde la lujuria al Señor». Tendría lugar una revolución interna; una nueva puerta se abriría.
Si al hombre no se le muestra una nueva abertura, dará vueltas repetitivamente en círculos y se destruirá a sí mismo. El arcaico concepto del sexo que el hombre ha tenido, le ha impedido incluso pensar en ninguna otra puerta de salida, en ninguna salida superior. Así es como se ha creado un gran caos destructivo en su vida.
La naturaleza ha dotado a la vida sólo con una puerta: la del sexo, pero las enseñanzas a través de los siglos han atascado esa puerta de descarga. A falta de una abertura adecuada, la turbulenta vitalidad en nuestro interior da vueltas y vueltas, estrujando y desintegrando la personalidad del hombre, convirtiéndole en un neurótico. Y además, el hombre desintegrado, no puede utilizar la puerta natural del sexo, y así la oleada de energía proveniente del interior destroza los muros y ventanas de su ser y erupciona... Como consecuencia, el hombre se desploma, se hiere en la cabeza, se rompe brazos y piernas. La energía sexual, debido a su confinamiento, al cierre de su escape na-tural y debido también a que la puerta supernatural aún no se ha abierto, fluye por salidas no naturales. Esta situación representa la mayor desgracia de la Humanidad. Aún no se ha abierto una nueva puerta y la antigua ya está cerrada.
Es por eso que me pronuncio claramente en contra de las enseñanzas tradicionales respecto al sexo, que apuntan a la enemistad y a la represión. El resultado final de todas estas antiguas enseñanzas es que la sexualidad ha crecido en el hombre y además se ha per-vertido. ¿Cuál es el remedio? ¿No existe acaso otra alternativa? ...
Echemos una ojeada a la situación detenidamente. La realización que se alcanza en el orgasmo incluye dos elementos: la ausencia de ego y la ausencia de tiempo. El tiempo se congela y el ego se evapora. Debido a la ausencia de ego y a la detención del tiempo, obtenemos una clara visión de nuestro propio Yo: nuestro verdadero Yo. Entramos en contacto momentáneo con esa gloria y regresamos nuevamente a la rutina. Mientras tanto hemos perdido una considerable cantidad de energía.
La mente suspira por obtener ese resplandor, por atraparlo nuevamente, pero ese resplandor, ese vislumbre, es tan huidizo que apenas lo hemos mirado, ya ha desaparecido. Lo que queda es un anhelo, una obsesión, una loca ansiedad por obtener esa experiencia nuevamente. Durante toda su vida el hombre intenta una y otra vez asir aquello; pero este vislumbre, esta experiencia vivificante, no per-manece.
Existen dos formas de alcanzar esa superconsciencia, de alcanzar la esencia del Yo interno: el sexo y la meditación. El sexo es la puer-ta que la naturaleza otorga. Es un curso natural. Los animales lo tie-nen, las aves lo tienen, las plantas lo tienen, los hombres lo tienen. Mientras el hombre se valga de esta puerta proporcionada por la Naturaleza, no se hallará por encima de los animales; no puede elevarse. Esa puerta también está al alcance de los animales. El día en que el hombre pueda encontrar una nueva puerta deberá ser considerado como el amanecer de la condición de ser humano en él. Antes de eso, no somos humanos. Antes de eso, el centro de nuestra vida coincide con el centro animal, el centro de la Naturaleza. En realidad, estamos al nivel de los animales hasta que no nos elevemos sobre esto, hasta que lo trascendamos. Somos en apariencia, hombres; nos vestimos como hombres, hablamos el lenguaje de los hombres. Pero interiormente, en el fondo, en nuestro centro, somos como animales. No podemos ser más que eso. Y ése es el motivo por el cual, a la menor oportunidad, salta afuera el animal que tenemos adentro. Durante la conmoción que supuso la formación de la India y Pakistán, llegamos a descubrir que hay un animal carnívoro agazapado tras la máscara del hombre. Nos dimos cuenta de lo que son capaces de hacer los que oran en los templos y recitan el Gita. Saquean, asesinan, violan. La misma gente que vimos ayer orando en templos y mez-quitas, la vimos hoy violando en las calles. ¿Qué les ocurrió?
Un hombre se toma unas vacaciones respecto a su humanidad siempre que encuentra la más ligera oportunidad para relajar sus obligaciones, y el animal que está siempre al acecho en su interior, que siempre está anhelando expresarse totalmente, se lanza afuera. El hombre está siempre tenso, frenando a este animal, encadenándolo.
En una multitud, en medio de las aglomeraciones, halla la ocasión para deshacerse de este forzado atavío de humanidad y olvidarse de sí mismo. En medio de la multitud, reúne el valor necesario para ol-vidarse de sí mismo, de este yo forzado. El animal es liberado. El hombre, como ser humano individual, no ha cometido tantos pecados como lo ha hecho mezclado en una multitud. Un hombre en solitario tiene miedo de que alguien lo reconozca; un hombre en solitario se preocupa un poco de la vestimenta que lleva pues puede que le reconozcan; un hombre en solitario reflexiona primero sobre lo que va a hacer. Teme que los demás le puedan llamar «animal». Sin em-bargo, en medio de una gran multitud, pierde su identidad. No le preocupa ser identificado. Ahora forma parte de la muchedumbre, y hace lo que la gente que le rodea está haciendo.
¿Y qué es lo que hace? Arroja piedras, incendia, viola. En medio de la muchedumbre, aprovecha la oportunidad para liberar a su ani-mal. Y ése es el motivo por el cual el hombre comienza a ansiar la guerra cada cinco a diez años; espera alguna revuelta a fin de soltarse. Si es con el pretexto del problema hindú-musulmán, para él está bien. Sino, la causa gujarati-marathi también sirve a su propósito. Si los gujarati- marathis no están listos para un alboroto, el problema entre la gente que desea hablar hindi y la que no desea hacerlo también puede satisfacerle. Debe conseguir un pretexto, cualquier pretexto para liberar a la bestia oculta en su interior.
El animal oculto en el hombre está frustrado por su encarce-lamiento continuo. Aúlla queriendo salir. Pero a menos que este ani-mal sea vencido, destruido, la consciencia del hombre no puede ele-varse por encima de la bestialidad.
Nuestra energía animal, nuestra fuerza vital, tiene sólo una puerta de salida fácil, y esa salida es la del sexo. El sellar ese canal producirá problemas. Antes de sellar este canal es muy necesario abrir una nueva puerta, de modo que las energías puedan ser desviadas en otra dirección. Esto es posible, pero aún no se ha hecho por la sencilla razón de que reprimir es mucho más fácil que transformar. Es muy fácil, más fácil, cubrir algo, sentarse sobre ello, que abordarlo, transformarlo, porque esto último requiere esforzarse en una sadhana, en un continuo camino de acción meditativa. De este modo optamos por la represión interna del sexo.
Al mismo tiempo, no nos damos cuenta de que nada puede ser destruido mediante la represión. Al contrario, se hace más fuerte la reacción. También olvidamos que la represión intensifica el atractivo por lo que se reprime. Aquello que reprimimos se transforma en el centro de nuestra conciencia y se sumerge en los estratos más profundos de nuestro subconsciente. Lo reprimimos durante nuestras horas de vigilia, pero durante la noche aparece en nuestros sueños, interiormente espera con ansiedad poder liberarse a la más pequeña oportunidad.
La represión no liberará de nada al hombre. Al contrario, como consecuencia, sus raíces entran profundamente en el subconsciente y nos apresan. En el proceso de pisotear el sexo, el hombre se ha enredado a sí mismo. Está atrapado.
Tanto es así que, aun cuando los animales son activos dentro de ciertos límites y en ciertos períodos de tiempo, el hombre no tiene período ni límite respecto a este punto. El hombre es sexual durante todo el año, en todo momento. Sin excepción, ninguna criatura del mundo animal es sexualmente activa hasta ese punto. Tienen un lapso de tiempo específico para ello, un período, una temporada. Viene y se va. Por tanto, el animal nunca reflexiona acerca del asunto... Pero miren: ¿qué le ha ocurrido al hombre? Aquello que el hombre intenta reprimir, suprimir, se ha extendido a toda su vida, se halla activo todo el tiempo.
¿Has observado alguna vez que un animal no está siempre activo sexualmente, pero que el hombre se halla dispuesto en cualquier momento y en cualquier lugar? La sexualidad está humeando en su interior, como si la sexualidad lo fuese todo en la vida. ¿Cómo ha surgido esta perversión? ¿Cómo ocurrió este desastre? ¿Por qué no le ha ocurrido a ningún animal? Sólo existe un motivo para ello: el hombre ha intentado lo imposible para reprimir al sexo. Y éste, en igual medida, ha entrado en erupción atravesando su personalidad.
Y piensa en todo lo que tuvimos que hacer para reprimirlo... Tuvimos que asumir una actitud insultante; tuvimos que degradarlo, maltratarlo; tuvimos que llamarlo pecado; tuvimos que vociferar que es pecado; tuvimos que decretar que aquellos que disfrutaban del sexo debían ser despreciados, debían ser desdeñados; tuvimos que inventar muchos epítetos difamatorios, para aseguramos de que la represión ocurriera. Pero no comprendimos que todos estos abusos y objeciones envenenarían todo nuestro ser.
Nietzche dijo una frase que resulta muy indicativa. Dijo que, aun cuando la religión intentó envenenar al sexo para matarlo, el sexo no murió, sino que sigue vivo, pero lleno de veneno. Hubiese sido mejor que hubiese muerto, pero no ha sido así. Está envenenado, y sigue vivo... El plan falló. La sexualidad que vemos a nuestro alrededor es la representación del sexo envenenado.
El gusto por el sexo también está presente en los animales, pues el sexo es la fuente de la vida, pero la sexualidad sólo está presente en el hombre, no en los animales. Mira los ojos de un animal. No encontraremos allí lascivia. Pero si observas los ojos del hombre, no verás otra cosa que la sucia lascivia del sexo. Y así, los animales son bellos en cierta forma, pero no existe límite a la fealdad y al hedor del hombre, el loco represor.
Por tanto, como primer paso para liberar al hombre de la sexua-lidad, debería enseñársele a los niños -niños y niñas- el sexo como materia, tal y como les dije ayer. Además de ese conocimiento, la fea e innatural distancia que existe entre ellos debiera ser eliminada. En realidad, se les debería acercar unos a otros. Su segregación va en contra de la naturaleza. El hombre y la mujer se han transformado en dos especies totalmente diferentes. Observando esta separación, estos compartimentos hechos por el hombre, es difícil suponer que ambos son de la misma especie: seres humanos. Si niños y niñas im-púberes fuesen libres de moverse en la casa sin ropas, tal como quisieran y cuando lo desearan, esto cortaría de raíz la curiosidad obscena e innatural que surge en sus mentes a una edad posterior. Sabemos muy bien cómo esta ignorancia respecto al cuerpo del otro se manifiesta en cierto tipo de tonta curiosidad infantil. Por ejemplo, a todos los niños de familias civilizadas les gusta «jugar al médico».
Aún más: me pregunto si conocéis un nuevo movimiento iniciado por un sector de la sociedad americana. La gente religiosa intenta lograr que vacas, búfalos, perros, gatos, caballos y otros animales no salgan a los caminos sin ropas. Opinan que se les debería vestir antes de sacarlos a la calle. La idea es que los niños pueden contaminarse si miran a un animal desnudo. ¡Qué divertido es pensar que un niño pudiera contaminarse viendo a un animal desnudo! Quieren formar una institución que prohíba a los animales ir desnudos por las calles. ¡Observad, eso es lo mucho que se está haciendo para salvar al hombre!
Estos mal llamados redentores son los que están destruyendo al hombre. ¿Has notado alguna vez cuán maravillosos y hermosos son los animales, incluso desnudos? Aun en su desnudez son inocentes, simples y llanos. Muy rara vez se te puede haber ocurrido que el animal se halla desnudo. No se te ocurre que el animal está desnudo, a menos que ocultes tu propia desnudez en tu interior. Pero aquellos que son miedosos y cobardes, lo están intentando todo debido a su propio miedo a la desnudez. El hombre está degenerando día a día debido a las innovaciones de esta clase de remedios.
El hombre debiera ser tan simple que pudiera ponerse de pie desnudo, sin ropas, inocente y lleno de gozo. Una persona como Mahavira hizo eso precisamente. Del mismo modo, toda persona debería cultivar una mentalidad que le permitiera ponerse de pie desvestido. La gente, la gente religiosa, afirma que Mahavira descarto el llevar ropas, que abandonó los vestidos, pero yo lo niego. Su chitta -su consciencia- se volvió tan clara, tan inocente, tan pura como la de un niño. Cuando no queda absolutamente nada que ocultar, el hombre puede exponerse desnudo. Se levantó desnudo a enfrentarse al mundo.
El hombre se cubre debido a una sensación de que debe tapar algo en su interior. Pero cuando no hay nada que ocultar, uno puede andar sin ropas. Lo que se necesita es un mundo en el que cada indi-viduo se sienta tan poco culpable, donde tenga la mente tan pura y serena, que le sea posible eliminar sus ropas. ¿Qué crimen hay en eso? ¿Qué peligro tiene el andar desnudo?
Si la ropa se utiliza debido a otras razones, esa es otra cuestión, pero si las utiliza únicamente debido al miedo a la desnudez, resulta despreciable. Las ropas que se utilizan debido al temor a la desnudez, indican una desnudez mayor, son prueba de una mente contaminada. Pero hoy en día, incluso vestidos, nos sentimos responsables, como si aún no nos hubiésemos despojado de la desnudez interna. ¡Ah, Dios es tan infantil! Pudo haber creado al hombre con la ropa puesta...
Por cierto, por favor no concluyan que estoy en contra de utilizar ropa. Pero no tengo reparos en proclamar que la ropa que se utiliza únicamente debido al temor a la desnudez no cubre, sino que descu-bre, la desnudez. La conciencia de la desnudez es abyecta, innatural y depravada. Y son antiguas tradiciones sociales las que han produ-cido esta conciencia. Una persona puede seguir desnuda aun vestida, y una persona desnuda puede parecer vestida. ¿Es necesario explicar más este punto después de ver las ropas modernas pegadas a la piel de hombres y mujeres? Este es el resultado de la inclinación insatis-fecha por ver y mostrar el cuerpo. Si hombres y mujeres se hallasen familiarizados con el cuerpo del sexo opuesto, ocurriría automá-ticamente que las ropas no servirían a otro propósito que el de proteger el cuerpo. Sin embargo, ¡qué lástima!, hoy en día las ropas son diseñadas para despertar la sexualidad.
¿A dónde va la civilización del hombre si la ropa ya no es ropa, sino que se ha convertido en un auxiliar de la sexualidad? Por eso es por lo que propongo que a los niños se les permita permanecer des-nudos hasta una cierta edad. Deberían percibir que la necesidad de las ropas sirve a otro propósito.
Además, el concepto de la desnudez constituye una actitud sub-jetiva. Para una mente simple, para una mente inocente, la desnudez no es ofensiva: posee una belleza propia. Pero hasta ahora, el hombre ha sido alimentado con veneno y poco a poco, con el paso del tiempo, éste se ha extendido a la vida entera. Como consecuencia, nuestras actitudes se han vuelto desnaturalizadas. La opresión general ha en-gendrado más complicaciones.
Cuando hablé acerca de este tema en la primera reunión, en el Auditorio Bharatiya Vidya Bhavan, una mujer se acercó y me dijo: «Estoy furiosa. Estoy muy enojada con usted. El sexo es un tema infame. El sexo es pecado. ¿Por qué habló acerca de eso y de forma tan prolongada? Yo desprecio al sexo».
Ahora bien, observad esto. Esta mujer desprecia el sexo, aun cuando es una esposa, tiene un marido y también tiene hijos e hijas. ¿Cómo puede amar a su marido, que le arrastra al sexo, y cómo puede amar a esos niños, que nacieron del sexo? Su actitud hacia la vida está impregnada de veneno. Su amor será venenoso. Y entonces exis-tirá un profundo abismo entre marido y mujer. También aparecerá una cerca de espinas entre madre e hijos, porque estos son fruto del pecado. La relación que existe entre ella y su marido se halla orientada hacia el pecado, perseguida por un complejo inconsciente de culpa. ¿Y podemos acaso intimar con quien tenemos una relación peca-minosa? ¿Podemos acaso armonizar con el pecado?
Aquellos que han envilecido al sexo han destruido la vida conyugal en todo el mundo. Esta actitud destructiva le ha producido al hombre daño y no liberación. El hombre que siente una barrera invisible entre él y su esposa no puede sentirse satisfecho con ella. Mira a las mujeres que le rodean, acude a prostitutas. Todas las mujeres del mundo hubie-sen sido hermanas y madres para él si se hubiese visto totalmente gratificado en su hogar. A falta de esto, ve esposas potenciales en todas las mujeres. Esto es natural, debe ser así, pues encuentra veneno, pecado y repulsión donde hubiese debido recibir felicidad, éxtasis, serenidad. No logra satisfacer sus necesidades primarias y entonces vaga por todas partes, busca en todos lados, ¿y qué es lo que no es capaz de inventar para satisfacer esas necesidades básicas? Nos queda-remos perplejos si intentamos revisar o hacer una lista de todas las artimañas que ha inventado.
El hombre se las ingenió para inventar muchos, muchos trucos y artimañas, pero nunca pensó en reconsiderar el impedimento funda-mental. Aquello que era una laguna de amor, se ha convertido en una ciénaga de sexo, y la ciénaga está envenenada. Y cuando existe una clara sensación de pecado, de veneno, una sensación de vacilación entre esposo y esposa, esa sensación de culpabilidad echa por tierra la exaltación de la vida.
lunes 10 de marzo de 2008
¿A qué tipo pertenezco?

hay tres tipos fundamentales. El intelectual, cognitivo; el emocional, emotivo; y en tercer lugar el activo. Esos son los tres tipos básicos.
«Intelectual» significa uno cuya auténtica urgencia es el saber. Pone en juego su vida por saber. Alguien que esté trabajando con venenos puede ingerir el veneno por conocer que es lo que suce-derá. Es incapaz de imaginárselo. Aparece como estúpido porque morirá. Y ¿qué importancia tiene el saber algo si vas a morir? ¿Qué es lo que vas a hacer con este conocimiento? Pero el tipo intelectual coloca el conocimiento por encima del vivir, por encima de la vida. El saber es vital para él. No saber es su muerte. El saber es su amor; no saber es ser inútil.
Un Sócrates, un Buda, un Nietzsche están en busca del saber lo que es el ser, de saber qué es lo que somos. Para ellos esto es básico. Sócrates dice que la vida sin ser comprendida no vale la pena ser vivida. Si no sabes lo que es la vida, ésta carece de sentido. Para nosotros puede que no tenga sentido; esta frase puede que no nos parezca significativa, porque vivimos y no sentimos la necesidad de saber lo que es la vida. Este el tipo que vive por saber. El saber es su amor. Este tipo desarrolló la filosofía. Filosofía quiere decir amor por el saber, por el conocer.
El segundo tipo es el emotivo. ¡Sentir! El saber no tiene sentido a menos que uno lo sienta. Una cosa adquiere un sentido para ellos sólo cuando uno la siente. ¡Uno debe sentirla! El sentimiento funciona a través de un centro más profundo, el corazón. El saber es a través del primer centro, el intelecto. ¡Uno debe sentir! Los poetas pertenecen a esta categoría, los pintores, los bailarines, los músicos. El saber no es suficiente. Es árido,no tiene corazón, carece de corazón. ¡Sentir! Por eso un intelectual podrá diseccionar una flor para saber lo que es, pero un poeta no podrá. Puede amarla, ¿y cómo puede el amor diseccionar? Puede sentirla y sabe que sólo a través del sentir aparece el auténtico conocimiento.
Puede que un científico sepa más de una flor, pero aún así un poeta no puede ser convencido de que el otro sabe más. Un poeta sabe que él sabe más y que conoce más en profundidad. Un científico sólo está informado; el poeta sabe de corazón a corazón, tiene una charla con la flor de corazón a corazón. No la ha diseccionado. No conoce cuál es su química. ¡No la conoce! Puede que no conozca ni el nombre, o a qué especie pertenece esa flor, pero dice, «Conozco su auténtico espíritu».
A Hui-Hai, un pintor zen, el Emperador de la China le encargó que pintara algunas flores para su palacio. Hui-Hai dijo, «Entonces tendré que vivir con las flores».
Pero el Emperador le dijo, «No hay porqué. En mi jardín están toda clase de flores. ¡Ve y pinta!»
Hui-Hai dijo, «A menos que sienta las flores, ¿cómo voy a poder pintarlas? He de conocer su espíritu. ¿Y cómo voy a conocer el espíritu a través de los ojos? ¿Y cómo puede tocarse el espíritu con las manos? Por eso tendré que vivir íntimamente con ellas. A veces, con los ojos cerrados, sentado a su lado, perci-biendo el aroma que comunica, percibiendo el perfume que llega, puedo permanecer en una silenciosa comunión con ellas. A veces la flor es sólo un capullo, a veces la flor florece. A veces la flor es joven y su humor es distinto, y a veces la flor se vuelve vieja y le ronda la muerte. Y a veces la flor es feliz y gozosa, y a veces la flor está triste. ¿Cómo voy simplemente a ir y pintar? Tengo que vivir con las flores. Y esa flor que nació, un día morirá. Debo conocer toda su biografía. Debo vivir con ella desde su nacimiento hasta su muerte, y debo percibirla en su multiplicidad de estados.
He de percibir cómo se siente por la noche con la oscuridad rondándola, y cómo se siente por la mañana cuando el sol ha salido, y cómo cuando un pájaro vuela y otro canta; cómo se siente la flor entonces. Cómo se siente cuando llegan los vientos tormentosos, y cómo se siente cuando todo está silencioso... Debo conocerla en su multiplicidad de ser, íntimamente, como un amigo, como un participante, como un espectador, como un amante. ¡He de relacionarme con ella! Unicamente entonces puedo pintarla y así y todo no puedo prometer nada porque una flor es una cosa tan vasta que puede que no sea capaz de pintarla. Por eso no puedo prometer nada, sólo puedo intentarlo».
Pasaron seis meses y el Emperador se puso impaciente. Entonces preguntó, «¿Dónde está ese Hui-Hai? ¿Está todavía tratando de estar en comunión?»
El jardinero contestó, «No podemos molestarle. Ha intimado tanto con los árboles que, a veces, al pasar junto a su lado no sentimos que haya allí un hombre. Se ha convertido en un árbol. Sigue en contemplación».
Habían pasado seis meses. El Emperador llegó y dijo, «¿Qué estás haciendo? ¿Cuándo vas a pintar?»
Hui-Hai dijo, «No me molestes. Si tengo que pintar debo olvidarme del pintar completamente. ¡No me lo recuerdes de nuevo! ¡No me molestes! ¿Cómo voy ha vivir en intimidad si albergo algún propósito? ¿Cómo va a ser posible la intimidad si permanezco aquí como pintor y tratando de intimar únicamente porque he venido a pintar? ¡Qué tontería! No hay lugar para negocios aquí; no vuelvas otra vez. Cuando llegue el momento vendré por mí mismo, pero no puedo prometerlo. Puede que el momento adecuado llegue o puede que no llegue».
Y durante tres años el Emperador esperó. Entonces Hui-Hai se presentó. Se presentó en la corte real y el Emperador dijo, «Ahora no la pintes porque te has vuelto como una flor. Veo en ti todas las flores que he visto. En tus ojos, en tus gestos, en tu andar, en tu movimiento, te has vuelto como una flor».
Hui-Hai dijo, «He venido para decirte que no puedo pintar porque el hombre que deseaba pintar ha desaparecido».
Este es un modo distinto; es el del tipo emotivo que conoce a través del sentimiento. Para el tipo intelectual, incluso para sentir tiene que conocer primero. El conoce primero, luego puede sentir. Su sentimiento es a través del conocer.
Luego hay un tercer tipo: el activo, un tipo creativo. No puede permanecer en el saber o en el sentir. Tiene que crear. Puede saber únicamente a través de la creación. A menos que cree algo, es incapaz de saber. Sólo siendo un creador llega a ser un conocedor.
Este tercer tipo vive en la acción. ¿Qué es lo que quiero decir con acción? Son posibles muchas dimensiones, pero este tercer tipo siempre está orientado hacia la acción. No preguntará qué es lo que es la vida, qué es lo que significa. Preguntará, «¿Qué es lo que hace la vida? ¿Para que sirve? ¿Qué crea?» Si puede crear, es feliz. Sus creaciones son varias, puede ser un creador de seres humanos, puede ser el creador de una sociedad, puede ser el creador de una pintura, pero la creatividad está allí. Por ejemplo, este Hui-Hai no era del tipo activo por eso se disolvió en el sentimiento de totalidad. Si hubiera sido del tipo activo, hubiera pintado. Unicamente con el pintar se hubiera realizado. Esos son los tres tipos.
Se han de entender muchas cosas. Una: dije que Buda y Nietzsche pertenecen al primer tipo, pero Buda le pertenece verazmente y Nietzsche en forma errónea. Si un tipo intelectual se desarrolla verdaderamente se convierte en un Buda, pero si sigue un camino equivocado, si se pierde y yerra el objetivo, se vuelve un Nietzsche. Enloquece. A través del saber no se convertirá en una Alma Realizada. ¡A través del saber enloquecerá! Mediante el saber no alcanzará una confianza ciega. Con el saber seguirá creando dudas, dudas, dudas y por último, atrapado en sus propias dudas, se volverá loco. Buda y Nietzsche pertenecen al mismo tipo, pero son los dos extremos. Nietzsche puede convertirse en un Buda, Buda puede convertirse en un Nietzsche. Si un Buda yerra, se volverá loco. Si un Nietzsche acierta, se convertirá en un Alma Realizada.
Del tipo emocional citaré a Meera y De Sade. Meera pertenece correctamente a este tipo. Si el sentimiento se desarrolla acerta-damente se convierte en un amor a lo Divino, pero si lo hace erróneamente, se convierte en perversidad sexual. De Sade pertenece al mismo tipo, pero este sentimiento se despliega de forma equivocada y entonces se convierte en un hombre pervertido, anormalmente loco. Si el tipo emocional se desarrolla equivocadamente se vuelve sexualmente pervertido. Si el tipo intelectual se desarrolla equivocadamente, se vuelve escépticamente loco.
Y, en tercer lugar, la acción. Hitler y Gandhi pertenecen al tercer tipo. Si evoluciona correctamente, surge un Gandhi. Si se desarrolla equivocadamente, surge un Hitler. Ambos pertenecen a la acción. No pueden vivir sin hacer algo. Pero el hacer puede ser una locura y un Hitler está loco. El actuaba, pero su hacer se volvió destructivo. Si el tipo creativo se despliega adecuadamente se vuelve creativo; si equivocadamente, se vuelve destructivo.
Esos son los tres tipos básicos puros. Pero nadie es un tipo puro; esa es la pega. ¡Esos son sólo tipos! Nadie es un tipo puro, todo el mundo es una mezcla. Y esos tres están en cada uno. Por eso, realmente no es cuestión de a que tipo perteneces; el punto a considerar es cuál es el tipo predominante. Tan sólo para poder explicártelo los he dividido. Nadie es un tipo puro, nadie puede serlo porque los tres están en ti. Si los tres están equilibrados, eres armonioso; si los tres están desequilibrados, entonces te vuelves loco, te desestabilizas. Esa es la dificultad al decidir. Decide pues cuál es el dominante, cuál es tu tipo.
¿Cómo decidir cuál es el dominante? ¿Cómo saber a qué tipo pertenezco o cuál es el tipo más significativo para mí, el más fundamental para mí? Los tres estarán presentes, pero uno será secundario. Hay dos criterios que han de recordarse. Uno, si eres del tipo cognitivo, todas tus experiencias comenzarán básica-mente por el saber, nunca con alguna otra cosa. Por ejemplo, si un tipo cognitivo se enamora de alguien, no se podrá enamorar a primera vista. ¡Es incapaz! ¡Imposible! Primero ha de saber, debe entrar en contacto, y esto implica un largo proceso. La decisión puede llegar sólo a través de un proceso cognitivo. Por eso es que este tipo de gente siempre se pierde muchas oportu-nidades, porque se necesita una decisión instantánea y este tipo no puede decidir en un instante.
Por eso este tipo, por lo general, nunca es activo. No puede serlo porque cuando ha alcanzado alguna conclusión, el mo-mento ha pasado. Mientras está pensando, el momento ha pasado. Cuando alcanza una conclusión, la conclusión no tiene sentido. Cuando era el momento preciso para obtenerla, no pudo. Así que no puede ser activo. Y esa es una de las calamidades del mundo, que esos que son capaces de pensar no pueden ser activos, y esos que pueden ser activos son incapaces de pensar. Esa es una de la calamidades fundamentales, pero es así.
Y recuerda siempre que son muy pocos los que pertenecen al tipo intelectual. El porcentaje es ínfimo, dos o tres por ciento. Para ellos todo comienza con el saber. Unicamente entonces viene el sentir y por último el actuar. Esta será la secuencia con los de este tipo: saber, sentir, actuar. Puede que llegue tarde, pero no puede ser de otra forma. Primero ha de pensar.
La segunda cosa a recordar es que para el tipo cognitivo todo comenzará con saber, nunca concluirá antes de saber y no extraerá prejuicio alguno a menos que los pros y contras hayan sido establecidos. Este tipo se convierte en el científico. Este tipo puede convertirse en un filósofo imparcial, en un científico, en un observador.
Por eso sea cual sea tu reacción, tu acción, descubre por dónde comienza. El inicio determinará qué predomina. Uno que perte-nece a la emoción empezará primero por sentir y luego agrupará todos los razonamientos. El razonar será secundario. Empezará primero por sentir. El te ve y decide en su corazón si eres bueno o malo. Esta es una decisión emocional. No sabe nada sobre ti, pero a primera vista decidirá. Percibirá si eres bueno o si eres malo y luego irá acumulando las razones por las que ha decidido de antemano.
El tipo sensitivo decide primero, luego viene el razonar; luego racionaliza. Observa en ti si decides primero con sólo ver a una persona, si te sientes convencido de que es bueno, malo, amoroso, no amoroso, y luego creas razones, luego intentas convencerte a ti mismo de tus propios sentimientos: «Sí, estaba en lo cierto. Es bueno y esas son las razones. Lo sabía. Lo he verificado. He hablado con los demás. Ahora puedo afirmar que es bueno». Pero este «es bueno» fue una primera conclusión.
Por eso con un tipo emocional el silogismo de la lógica es totalmente inverso: la conclusión llega primero, luego el proceso. Con el tipo argumentativo, la conclusión nunca va en primer lugar. Primero va el proceso, y al final la conclusión. Sigue pues indagando sobre ti mismo. ¿Cuál es tu forma de decidir las cosas? Con el tipo activo, la acción es lo primero. El decide actuar al instante, luego comienza a sentir y por último crea las razones.
Dije que Gandhi es del tipo activo. El decide primero. Por eso es por lo que afirma, «Esta no es mi decisión. Dios ha decidido por mí» En realidad, la acción se le presenta tan de súbito, sin ningún proceso, que no puede más que preguntarse, «¿He decidido yo?» Uno del tipo cognitivo siempre dirá, «Yo lo he decidido». Uno del tipo emocional dirá siempre, «Siento que es así». Pero un tipo activo, un Mahoma, un Gandhi, dirá siempre, «Ni lo he sentido, ni lo he pensado. Esta decisión me ha llegado». ¿De dónde? ¡De ninguna parte! Si no cree en Dios dirá, «¡De ninguna parte! Esta decisión ha surgido en mí. No sé de dónde procede».
Si cree en Dios, entonces Dios se convierte en el que toma las decisiones. Entonces El es el que lo dice todo y Gandhi lo ejecuta. Por eso Gandhi sólo puede decir, «Me equivoqué, pero la decisión no fue mía». Puede afirmar, «Puede que no lo haya seguido al pie de la letra, puede que no haya comprendido el mensaje correctamente, puede que no haya perseverado tanto como debiera, pero la decisión fue Divina. Yo únicamente tuve que seguirla. Sólo tuve que entregarme y seguirla». Para Mahoma, para Gandhi, ese es el sistema.
Dije que Hitler era de un cierto tipo aunque equivocado, pero él también habla en esos términos. También dice, «No es Adolfo Hitler el que está hablando. Es el auténtico espíritu de la historia. Es la totalidad de la mente Aria. Es la mente de la raza la que habla a través mío». Y, en verdad, muchos lo sintieron así. Aquellos que escucharon a Adolfo Hitler sintieron que el que estaba hablando no era en absoluto Adolfo Hitler. Era como si él fuese el vehículo de una fuerza superior. El hombre activo siempre aparece así. Debido a que actúa tan rápidamente no puedes decir que sea él el que decide, el que piensa, el que siente. ¡No! ¡El actúa! Y la decisión es tan espontánea que ¿cómo vas a imaginarte de dónde proviene? Viene o bien de Dios o bien del Diablo, pero viene de algún lugar. Y posteriormente tanto Hitler como Gandhi podrán razonar sobre ello, pero primero actuarán.
Por ejemplo, Gandhi decidió hacer un largo ayuno. A media noche se despertó y entonces lo decidió. Luego, por la mañana, les dijo a sus amigos, «Voy a iniciar un largo ayuno».
Nadie podía comprender lo que estaba diciendo. Le dijeron, «Hemos estado a tu lado, nunca nos informaste, nunca nos hablaste de esto. Por la noche estuvimos hablando de muchas cosas y no mencionaste para nada este tema».
Pero Gandhi dijo, «No dependía de mí, la decisión no dependía de mí. Por la noche el sueño desapareció. De repente me encontré despierto y con un mensaje Divino de que debía iniciar un largo ayuno». Pero, ¿para qué? Luego Gandhi descubre todas las razones. Esas razones son añadidas con posterioridad.
Esos son los tres tipos. Si la acción es lo que se presenta en primer lugar y luego el sentir y luego el pensar, puedes determinar cuál es tu factor predominante. Y determinar ese factor predo-minante es de gran ayuda porque entonces puedes proceder directamente, de otra forma tu progreso siempre será zigza-gueante. Cuando no sabes a qué tipo perteneces sigues innece-sariamente direcciones, dimensiones en las que no deberías ir. Cuando conoces tu tipo, sabes lo que tienes que hacer contigo mismo, como hacerlo, por dónde empezar. Lo primero es: recuerda qué es lo que surge primero y qué es lo que surge en segundo lugar.
Lo segundo te parecerá muy extraño. Por ejemplo, el tipo activo puede ejecutar lo opuesto muy fácilmente, eso es, puede relajarse fácilmente. ¡El tipo activo es capaz de relajarse muy fácilmente! La relajación de Gandhi era milagrosa. Era capaz de relajarse en cualquier parte. Parece paradójico. Un tipo activo debe de estar tan tenso que debe de ser incapaz de relajarse. Pero este no es el caso. Unicamente un tipo activo es capaz de relajarse con mucha facilidad. Un tipo cognitivo no puede relajarse tan fácilmente, un tipo emocional encuentra todavía más difícil el relajarse, pero un tipo activo es capaz de relajarse muy fácilmente.
De modo que el segundo criterio es que sea cual sea el tipo al que pertenezcas, serás capaz de moverte hacia el opuesto muy fácilmente. Recuerda pues: si puedes irte al opuesto, éste es tu tipo predominante. Si eres capaz de relajarte muy fácilmente, perteneces al tipo activo. Si puedes dejar de pensar, quedarte sin pensamientos con facilidad, perteneces al tipo cognitivo. Si puedes sentirte ausente de sentimientos muy fácilmente, perte-neces al tipo emocional.
Y esto es extraño porque por lo común pensamos, «Un tipo emocional, ¿cómo va a poder permanecer sin emociones? Un tipo cognitivo, ¿cómo va a poder quedarse sin pensar? Un tipo activo, ¿cómo va a poder dejar de actuar?» Pero sólo parece paradójico. No lo es. Es una de la leyes fundamentales la de que los opuestos se corresponden, los dos extremos se juntan, tal como un péndulo de un gran reloj, tal y como el péndulo va hacia el extremo izquierdo, luego se dirige al derecho. Y cuando ha llegado al extremo derecho empieza a dirigirse hacia el izquierdo. Cuando está yendo hacia la derecha está acumulando inercia para ir luego a la izquierda. Cuando está yendo a la derecha está acumulando inercia para ir después hacia la izquierda. Cuando está desplazándose a la izquierda, cuando parece que se está yendo a la izquierda, está preparándose para ir hacia la derecha. Así que lo opuesto es fácil.
Recuerda: si eres capaz de relajarte con facilidad, perteneces al tipo activo. Si eres capaz de meditar con facilidad, perteneces al tipo cognitivo. Por eso es que un Buda puede meditar con tanta facilidad. Por eso es que un Gandhi es capaz de relajarse con tanta facilidad, incluso en un accidente de circulación.
Ocurre un accidente de circulación y es la hora en que Gandhi se suele relajar en su siesta. Pero el coche no puede llegar al lugar de destino de modo que los que están en el coche han de esperar. Es un accidente mortal; todos están asustados y tienen miedo, pero, junto a la carretera, él se echa a dormir. ¡No puede esperar! Es la hora de su siesta, así que se echa a dormir. Cuando otro coche llega para recogerle le encuentra profundamente dormido.
El tipo activo puede relajarse muy fácilmente. Un Nehru no puede concebir como puede suceder este milagro, es algo milagroso para él. El no es del tipo activo, es incapaz de relajarse. Gandhi puede relajarse varias veces al día. Descansaba en multitud de ocasiones. Siempre que encontraba el momento, se dormía. El dormirse le era fácil.
Un Buda puede quedarse sin pensar, un Sócrates puede estar sin pensar con mucha facilidad. De ordinario, parece algo difícil. Una persona que es capaz de pensar en tal grado, ¿cómo va a disolver el pensar? ¿Cómo va a entrar en el estado sin pensa-mientos? Todo el mensaje de Buda se centra en el no pensar, y él era del tipo cognitivo. El pensó tanto que, en realidad, su pensamiento se mantiene aún actual.
Han pasado veinticinco siglos, pero Buda pertenece aún a la mente contemporánea. Nadie pertenece durante tanto tiempo a la mente contemporánea. Incluso un pensador de los tiempos actuales no puede afirmar que Buda sea anticuado. Pensó con tal profundidad, con una antelación de siglos, que todavía tiene atractivo. Para quienquiera que sea pensador Buda posee un atractivo porque es el tipo puro. Pero su mensaje es: introdúcete en el no pensar. Aquellos que han pensado en profundidad siempre han dicho, «Penetra en el no-pensar». ¿Por qué es tan fácil para ellos? Simplemente lo hacen.
Y el tipo emocional puede introducirse en el no-sentir. Por ejemplo, Meera, ella es del tipo emotivo; Chaitanya, él es un tipo emotivo. Su sentimiento es tal que no pueden permanecer sintiendo amor hacia unas pocas personas u objetos. Han de amar al mundo entero. Este es su tipo. No pueden sentirse satisfechos con un amor limitado, el amor no ha de tener límites, ha de esparcirse hasta el infinito.
Un día Chaitanya acudió a un Maestro. El había alcanzado la Iluminación por propio derecho. Su nombre era conocido en toda Bengala, y entonces, un día, acudió a un Maestro, a un Maestro del Vedanta. Puso su cabeza a sus pies. El Maestro se sintió asustado, atemorizado, porque respetaba a Chaitanya en grado sumo. Y le dijo, «¿Por qué has acudido a mí? ¿Qué es lo que quieres? Te has realizado. No puedo enseñarte nada». Chaitanya dijo, «Ahora quiero penetra en el vairagya, el desapego. He vivido una vida de sentimiento, quiero penetrar ahora en el no-sentir. Así que, ayúdame».
Un tipo emotivo es capaz de cambiar, Chaitanya cambió. Ramakrishna era del tipo emotivo. Al final se introdujo en el Vedanta. Toda su vida fue un devoto, un adorador de la Madre, y al final se convirtió en un discípulo de un Maestro de Vedanta, Totapuri, y fue iniciado en el mundo de la ausencia de senti-miento. Y muchos le dijeron a Totapuri, «¿Cómo puedes iniciar a ese hombre, Ramakrishna? ¡Es del tipo emocional! Para él el amor es lo único. Puede rezar, puede adorar, puede bailar, puede entrar en éxtasis. No es capaz de introducirse en el desapego, no puede trascender el reino de lo sentimientos».
Totapuri dijo, «Por eso es por lo que él puede hacerlo, y le voy a iniciar. Vosotros no podéis; él lo hará».
Así que el segundo criterio para decidir es: si eres capaz de situarte en el opuesto, eres de este tipo. Observa que hay al principio y luego el movimiento hacia el opuesto; esos son los dos factores. Y busca en ti constantemente. Durante veintiún días, continuamente nota esas dos cosas: primero cómo reaccionas, cuál es el comienzo, la semilla, el inicio, y luego a qué opuesto puedes irte con facilidad. ¿Al no-pensar? ¿Al no-sentir? ¿A la no-acción? Y a los veintiún días alcanzarás la comprensión de tu tipo; del predominante, desde luego.
Los otros dos estarán presentes como sombras, ¿mmm?, porque los tipos puros no existen. No pueden existir. Los tres son parte de ti, sólo que uno es más significativo que el resto. Y una vez conoces qué tipo eres, tu camino se vuelve muy cómodo y fácil. Entonces no desperdicias tu energía. Entonces no disipas tu energía en caminos equivocados que no te corresponden. Por eso, descubrir el tipo de uno mismo es un requisito básico en la búsqueda espiritual. De no hacerlo así seguirás haciendo infinidad de cosas y crearás únicamente confusión, crearás sólo desintegración.
Eso es lo que Krishna quiere decir en el Gita con swabhav, el tipo que conforma tu naturaleza. Por eso dice que es mejor morir sin tener éxito permaneciendo en el propio tipo que tener éxito con el tipo de otro. Es mejor ser un fracasado, incluso ser un fracasado según el propio tipo, que ser un triunfador de acuerdo con el tipo de otro, porque este éxito se convertirá en una carga, un fardo, un peso muerto. Incluso el fallar según tu propia naturaleza es algo bueno, porque este fallo te enriquecerá. Madurarás con él, aprenderás con él, te desarrollarás con él. Por eso un fracaso es algo bueno si concuerda con el tipo de uno.
Descubre a qué tipo perteneces o cuál es tu tipo predominante. Luego, de acuerdo con este tipo, empieza a trabajar. La tarea será más llevadera y la meta más cercana.
Osho
domingo 9 de marzo de 2008
APRENDIENDO A SER TU PROPIO AMIGO.

EL AMIGO MAS FIEL
Empieza a compartir tu vida con alguien, solo cuando hayas aprendido a no necesitar a nadie para ser feliz (Abel))
UNO TIENE que ir a través de este infierno. Hay que experimentar ambos, el infierno de vivir con una mujer y el infierno de vivir sin una mujer. Y esto no sólo es verdad acerca de las mujeres, también es absolutamente verdad acerca de los hombres. Es aplicable de los dos modos, es una espada de doble filo.
Las mujeres también están cansadas de vivir con los hombres y también están frustradas cuando tienen que vivir solas.
Es uno de los dilemas humanos fundamentales; tiene que ser entendido. No puedes vivir sin una mujer porque no sabes vivir contigo mismo. No eres suficientemente meditativo.
La meditación es el arte de vivir contigo mismo. No es nada más que eso, simplemente eso: el arte de vivir dichosamente solo. Un meditador puede sentarse dichosamente en soledad durante meses, durante años. No suspira por el otro porque su propio éxtasis interno es tan grande, tan poderoso que, ¿a quién le preocupa el otro? Si el otro entra en su vida no es una necesidad, es un lujo. Y yo estoy totalmente a favor del lujo, porque lujo significa que lo puedes disfrutar cuando está, y lo puedes disfrutar cuando no está. La necesidad es un fenómeno complicado. Por ejemplo, el pan y la mantequilla son necesidades, pero las flores en el jardín son un lujo. Puedes vivir sin flores, no morirás, pero no puedes vivir sin pan y mantequilla.
Para la persona que no puede vivir consigo mismo, el otro es una necesidad, una absoluta necesidad, porque siempre que está solo, se aburre de sí mismo; se aburre tanto que quiere estar ocupado con otra persona.
Al ser una necesidad se convierte en una dependencia, tienes que depender del otro.
Y como se convierte en una dependencia, te rebelas, te resistes, porque es una esclavitud. La dependencia es un tipo de esclavitud, y nadie quiere ser un esclavo.
Te encuentras con una mujer; no eres capaz de vivir solo. Esta mujer tampoco es capaz de vivir sola, por eso se encuentra contigo; de otra forma no habría necesidad.
Los dos están aburridos de ellos mismos y los dos están pensando que el otro les ayudará a librarse del aburrimiento.
Sí, al principio así parece, pero sólo al principio. Cuando deciden vivir juntos, pronto ven que el aburrimiento no ha desaparecido; no sólo se ha doblado sino que se ha multiplicado.
En un principio estaban aburridos de ellos mismos, ahora están aburridos del otro también; porque cuanto más cerca estás del otro, cuanto más le conoces, más se convierte casi en parte de ti. Por eso, cuando ves a una pareja aburrida que pasa a tu lado, puedes estar seguro de que están casados. Si no están aburridos, puedes estar seguro de que no están casados. Ese hombre debe estar paseando con la mujer de otro, por eso hay tanta alegría.
Cuando estás enamorado, cuando todavía no has persuadido a la mujer de que estéis juntos para siempre, y la mujer no te ha persuadido a ti, ambos fingís gran alegría. Y algo de todo esto también es verdad por la esperanza de «¿quién sabe, tal vez me libre de mi aburrimiento, mi angustia, mi ansiedad, mi soledad. Esta mujer podría ayudarme». Y la mujer también tiene esta esperanza. Pero una vez que estáis juntos la esperanza pronto
desaparece, la desesperación se asienta. Ahora estáis aburridos y el problema se ha multiplicado. Y ahora, ¿cómo te libras de esta mujer?
Como no eres meditativo necesitas a otros para mantenerte ocupado. Y como no eres meditativo tampoco eres capaz de amar, porque el amor es una alegría desbordante. Estás aburrido de ti mismo; ¿qué tienes para compartir con el otro? Por eso, estar con el otro también se convierte en un infierno.
En ese sentido Jean-Paul Sartre tiene razón cuando dice «el otro es un infierno». El otro en realidad no es un infierno, sólo lo parece. El infierno está dentro de ti, en tu falta de meditación, en tu incapacidad para estar solo y extático. Ahora el uno se lanza al cuello del otro, continuamente tratando de arrebatarse mutuamente algo de felicidad. Ambos están haciendo lo mismo y ambos son mendigos.
He oído contar...
Un psicoanalista se encuentra con otro psicoanalista en la calle. El primero le dice al segundo:
-Tienes buen aspecto. ¿Cómo me encuentras a mí?
Nadie sabe de sí mismo, nadie está familiarizado consigo mismo. Sólo podemos ver el rostro de los demás. Una mujer es muy hermosa, un hombre es muy hermoso, sonriendo, son todo sonrisas. Nosotros no conocemos su angustia. Quizá todas esas sonrisas sólo sean fachadas para engañar a los demás y engañarse a sí mismos. Quizá detrás de esas sonrisas haya muchas lágrimas. Puede que tenga miedo de que si no sonríe se vaya a echar a llorar. Cuando ves al otro, simplemente ves el exterior, te enamoras del exterior. Pero cuando te vas acercando pronto te das cuenta de que las profundidades internas de la otra persona son tan oscuras como las tuyas. Es un mendigo igual que tú. Ahora hay..., dos mendigos mendigando el uno del otro. Entonces se convierte en un infierno.
Sí, tienes razón: «Las mujeres; es un infierno vivir con ellas, y un infierno vivir sin ellas.»
No es, en absoluto, una cuestión de mujeres o de hombres; es una cuestión de meditación y de amor. La meditación es la fuente de la que emana y de la que comienza a desbordar la dicha. Si tienes suficiente dicha para compartir sólo entonces estarás contento con tu amor. Si no tienes suficiente dicha para compartir, tu amor te va a dejar cansado, exhausto, aburrido. Por eso siempre que estás con una mujer estás aburrido y quieres librarte de ella, y siempre que estás solo te aburres de ti mismo, quieres librarte de tu soledad, y vas y buscas una mujer. ¡Es un círculo vicioso! Puedes seguir moviéndote como un péndulo de un extremo al otro durante toda tu vida.
Date cuenta de cuál es el problema real. El problema real no tiene nada que ver con el hombre o la mujer. El problema real tiene que ver con la meditación y el florecimiento de esa meditación en el amor, en la dicha, en el éxtasis.
Primero medita, sé extático; entonces habrá, espontáneamente, mucho amor. Entonces estar con otros y estar solo también es hermoso. Entonces, además, es sencillo. No dependes de los demás y no haces que los demás dependan de ti. Entonces es siempre una amistad, una cordialidad. Nunca se convierte en un parentesco, siempre es una relación. Te relacionas, pero no creas un matrimonio. El matrimonio surge del miedo; la relación surge del amor.
Te relacionas; mientras todo va bien, compartes. Y si ves que ha llegado el momento de partir porque vuestros caminos se separan en este cruce, te despides con una gran gratitud por todo lo que el otro ha sido para ti, por todas las alegrías, todos los placeres y todos los momentos hermosos que has compartido con el otro. Sin tristeza, sin dolor, simplemente te separas.
Nadie puede garantizar que dos personas serán felices estando juntos para siempre, porque la gente cambia. Cuando te encuentras con una mujer ella es una persona, tú eres otra persona. Después de diez años tú serás otra persona, ella será otra persona diferente. Es como un río: el agua está fluyendo continuamente. La gente que se enamora ya no está allí, ninguno de los dos está allí. Ahora puedes seguir agarrándote a una determinada promesa que te hizo otra persona diferente; pero tú no la has hecho.
Un auténtico hombre de comprensión nunca hace promesas para el mañana, sólo puede decir: «Por ahora.» Un hombre realmente sincero no puede prometer en absoluto. ¿Cómo puede prometer? ¿Quién conoce el mañana? Puede que haya un mañana o puede que no. En el día de mañana: «No será lo mismo, tú no serás el mismo.» En el día de mañana: «Quizá encuentres a alguien con quien encajes más profundamente, quizá yo encuentre a alguien con quien podría estar más en armonía.» El mundo es amplio. ¿Por qué agotarlo hoy? Mantén las puertas abiertas, mantén las alternativas abiertas.
Estoy en contra del matrimonio. El matrimonio crea problemas. El matrimonio se ha vuelto horrible porque obliga a las personas a ser falsas: han cambiado, aunque siguen fingiendo que son los mismos.
Un anciano de ochenta años de edad estaba celebrando el cincuenta aniversario de su boda con su esposa, que tenía setenta y cinco. Volvieron al mismo hotel y al mismo enclave de montaña donde habían pasado su luna de miel. ¡La nostalgia! Ahora él tenía ochenta años, ella setenta y cinco. Hicieron una reserva en el mismo hotel y pidieron la misma habitación que la última vez. Estaban intentando revivir esos hermosos días de hacía cincuenta años.
Cuando se fueron a dormir la mujer dijo:
-¿Te has olvidado? ¿No vas a besarme de la misma manera que me besaste la noche de nuestra luna de miel?
El anciano dijo:
-De acuerdo -y se levantó.
La mujer le preguntó:
-¿Adónde vas?
Él dijo:
-Voy al baño a por mi dentadura.
Todo ha cambiado. En estas circunstancias este beso sin dientes o con dientes postizos no va a ser el mismo beso. Pero el hombre dice: «De acuerdo.» El viaje ha debido de ser agotador, y para un anciano de ochenta años.... Pero la gente sigue comportándose como si fueran los mismos.
Muy pocas personas crecen de verdad, incluso aunque envejezcan no están creciendo. Envejecer no es crecer. La auténtica madurez llega a través de la meditación.
Aprende a ser silencioso, pacífico, aquietado. Aprende a ser una no mente. Este tiene que ser el principio. Antes de esto no se puede hacer nada y después de esto, todo se vuelve más fácil. Cuando te encuentras a ti mismo completamente feliz y extático, entonces aunque empiece la tercera guerra mundial y el mundo entero desaparezca dejándote solo, no te afectará. Seguirás sentado debajo de un árbol haciendo vipassana.
El día en el que ese momento llegue a tu vida podrás compartir tu dicha. Ahora serás capaz de dar amor. Antes de eso sólo habrá sufrimiento, esperanzas y frustraciones, deseos y fracasos, sueños..., y te llenarás las manos y la boca de polvo. Sé consciente, no malgastes tu tiempo. Cuanto antes empieces a vibrar en la no mente, mejor. Entonces pueden florecer en ti muchas cosas: el amor, la creatividad, la espontaneidad, la alegría, la oración, la gratitud, Dios.
OSHO
sábado 8 de marzo de 2008
Muerte y meditación

Cuando entiendes a la vida en su totalidad, entiendes que la muerte es tu amiga. de hecho nacio contigo. (Abel Desestress)
No solamente hay una fuerte conexión entre meditación y muerte, sino que casi son la misma cosa, son dos maneras de mirar la misma experiencia. La muerte te separa de tu cuerpo, de tu mente, de todo lo que no eres tú. Pero te separa en contra de tu voluntad. Te resistes, no quieres separarte; no estás dispuesto, no estás en un estado de «dejarte ir».
La meditación también separa todo lo que tú no eres de tu ser y realidad, pero la resistencia no está. Esa es la única diferencia. En lugar de resistencia hay un tremendo querer, un deseo, una apasionada acogida. Lo quieres, lo deseas desde las profundidades más hondas de tu corazón.
La experiencia es la misma -la separación entre lo falso y lo real- pero por tu resistencia a la muerte, te vuelves inconsciente, caes en un estado de coma. En la muerte te aferras demasiado, no dejas que ocurra, cierras todas las puertas, todas las ventanas. La codicia por la vida está en el momento máximo. Sólo la idea de morir te asusta desde lo más profundo de tu ser.
Pero la muerte es un fenómeno natural y también absolutamente necesario. Tiene que suceder. Si las hojas no se vuelven amarillas y no se caen, las hojas nuevas, las jóvenes y frescas, no vendrán. Si uno sigue viviendo en el cuerpo viejo, no se cambiará a una casa mejor, más fresca, con más posibilidades de un nuevo comienzo. Quizás no tomará la misma ruta que tomó en la vida pasada, perdiéndose en el desierto. Puede ser que se cambie a un nuevo cielo de consciencia.
Cada muerte es un final y un principio.
No hagas mucho caso del final. Es un final para un viejo, gastado y miserable estilo de vida, y es una gran oportunidad para empezar una nueva vida, para no cometer los viejos errores. Es el principio de una aventura. Pero, como te aferras a la vida y no quieres dejarla -y tiene que suceder por ley natural- te vuelves inconsciente.
Casi todos, excepto algunos pocos que se han Iluminado, mueren inconscientemente. Por eso, no saben lo que es la muerte, no saben que es un nuevo principio, una nueva alba.
La meditación es tu propia exploración. Estás buscando saber qué es lo que te constituye, lo que en ti es falso y lo que es verdadero. Es un tremendo viaje de lo falso a lo auténtico, de lo mortal a lo inmortal, de la oscuridad a la luz. Pero cuando llegas al punto en que ves la separación de la mente y el cuerpo, y a ti mismo como un espectador, la experiencia de la muerte es lo mismo. No estás muriendo... un hombre que haya meditado se morirá alegremente pues sabe que la muerte no existe; la muerte reside en el apego a la vida.
Dices, «Siento una fuerte conexión entre muerte y meditación...» La hay. En las escrituras antiguas de esta tierra, incluso al Maestro se le define como muerte porque su única función, todo su trabajo, consiste en enseñarte la meditación. En otras palabras, te está enseñando a morir sin morirte, a pasar por la experiencia de la muerte, sorprendido de estar todavía vivo. La muerte fue como una nube que pasó y ni siquiera te ha arañado. De ahí, la fascinación y el miedo. La fascinación es el conocer la experiencia misteriosa a través de la que todo el mundo tiene que pasar, a través de la cual han pasado muchas veces, pero que se ha atravesado inconscientemente. Y el miedo es que quizás la muerte sea sólo el final y no haya otro comienzo.
Sucedió, justamente al principio de este siglo, que el rey de Varanasi tenía que ser operado. La operación era importante, pero el rey era muy tozudo y no quería tomar ninguna clase de anestesia.
Dijo, «Podéis operarme, pero yo quiero mirar, no quiero estar inconsciente».
Los médicos estaban asombrados. Iba en contra de la práxis médica. Una operación de tal importancia iba a ser dolorosa; el hombre se podía morir de dolor. La cirugía necesita que estés inconsciente.
Quizás la ciencia de la cirugía ha aprendido el arte de la anestesia de la experiencia de la muerte, porque la muerte es la mayor cirugía. Te separa del cuerpo, de la muerte y del corazón, y has estado identificado con todo esto durante setenta u ochenta años. Se ha vuelto casi tu auténtico ser. La separación va a ser dolorosa, y el dolor tiene un límite.
¿Te has fijado alguna vez? No hay dolor inaguantable. La expresión «dolor inaguantable» existe sólo teóricamente; todo dolor es soportable. En el momento en que se vuele insoportable, te vuelves inconsciente. El ser consciente es una forma de soportarlo.
Si hubiese sido un hombre ordinario, los médicos no le hubiesen escuchado, pero era un rey, y un rey muy conocido, conocido en todo el país como un hombre grande y sabio. Persuadió a los cirujanos, «No os preocupéis, no me va a pasar nada. Dadme tan solo cinco minutos antes de empezar la operación para que me acomode en un estado meditativo. Una vez que entro en meditación, me encuentro ya lejos del cuerpo; entonces podéis cortar todo el cuerpo a pedazos. Seré únicamente un testigo y un testigo alejado, como si le estuviese sucediendo a otro».
El momento era muy crítico; la operación tenía que hacerse inmediatamente. Si no se hacía al momento, podía causar la muerte. Había sólo dos alternativas: o bien operar y permitir que el paciente estuviera consciente, o no hacerlo, y seguir la vieja rutina de la ciencia. Pero en tal caso, la muerte era segura. En el primer caso había una esperanza de que quizás este hombre pudiera hacerlo; ¡y era tan insistente! No encontrando ninguna forma de persuadirle, le tuvieron que operar.
Esa fue la primera operación realizada sin anestesia, en un estado de meditación. El rey sencillamente cerró los ojos; entró en silencio. Incluso los cirujanos notaron que algo cambiaba alrededor del rey, la vibración, la presencia. La cara se relajó como la de un niño pequeño, recién nacido, y al cabo de cinco minutos empezaron la operación. Duró dos horas, y temblaban de miedo; de hecho, no estaban seguros de que el rey sobreviviera; el «shock» podía ser demasiado. Pero cuando la operación terminó, el rey les preguntó, «¿Puedo abrir ya los ojos?»
Fue discutido en el campo de la medicina en todo el mundo como un caso muy raro. Los cirujanos le preguntaron qué era lo que había hecho.
Dijo: «No he hecho nada. El meditar es mi vida. Momento a momento vivo en silencio. Pedí los cinco minutos porque ibais a realizar una operación tan peligrosa que me tenía que asentar completamente en mi ser, sin vacilaciones. Entonces ya podíais hacer lo que quisierais, porque no me lo estabais haciendo a mí. Soy consciencia, y no podéis operar la consciencia, podéis operar tan sólo el cuerpo».
Dices, «Cuando me siento ante ti, me siento seguro». En realidad no hay diferencia entre sentarte conmigo o sentarte solo, únicamente es una garantía para la mente: la idea de que el Maestro está presente y que el salto no va a hacer daño. Si algo va mal, alguien está ahí para ayudarte.
En meditación, no hay nada que vaya mal, nunca.
Sin la meditación, todo va mal.
Nada va bien sin meditar; la vida entera va mal.
Vives sólo de la esperanza, pero la esperanza nunca se satisface. La vida es una larga tragedia. Y el motivo es tu inconsciencia, la ausencia de meditación.
La meditación tiene la apariencia de la muerte, y la experiencia es exactamente la misma. Pero la actitud y el enfoque son distintos, y la diferencia es tan amplia que puede decirse que la meditación es vida y la muerte es sólo un sueño.
Precisamente ésta es la función de una Escuela de Misterios, donde mucha gente está meditando, donde un Maestro está presente. Te sientes a salvo, no estás solo. Si algo va mal, tendrás ayuda inmediatamente. Pero no hay nada que vaya mal.
Así pues, medita cuando te sientas conmigo, y medita en tu soledad. La meditación es la única cosa con garantía absoluta de que nada va a ir mal. Unicamente te revela tu propia existencia. ¿Cómo puede ser que algo vaya mal? Y no haces nada; estás en realidad deteniendo todo «el hacer». Estás parando el pensar, el sentir, el hacer; una parada en todas tus acciones. Sólo la consciencia permanece, pero esa no es tu acción, eres tú.
Una vez has probado tu ser, todo el miedo desaparece, y la vida se convierte en una dimensión totalmente nueva, no más mundana, no más ordinaria. Por primera vez, ves lo sagrado y lo divino, no solamente en ti, sino en todo lo que existe. Todo se vuelve misterioso y vivir en este misterio es la única manera de vivir en éxtasis; vivir en este misterio es vivir bajo una lluvia de bendiciones. Cada momento trae más y más y más penetrantes y profundas bendiciones para ti, no porque las merezcas, sino porque la vida las da desde su abundancia; está cargada, las comparte con cualquiera que sea receptivo.
Pero no te hagas a la idea de que la meditación es como la muerte, porque la muerte no tiene buenas asociaciones en tu mente. Eso te impedirá experimentar la consciencia. «Es como la muerte». De hecho es una muerte real. La muerte ordinaria no es una muerte real porque te juntarás de nuevo a otra estructura, a otro cuerpo.
El meditador muere a lo grande; nunca más vuelve a ser prisionero de un cuerpo.
Un italiano no acudió a su trabajo un día y el encargado quiso saber el porqué.
«¿Dónde has estado?», le preguntó.
«Fue por culpa de mi mujer. Dio a luz a una carretilla». (*)
«Si no tienes una excusa mejor», dijo el jefe, «tendré que despedirte».
«Creo que no me expliqué bien», dijo el italiano. «Mi esposa está en cama porque ha tenido una silla de ruedas». (*)
«Eso es, tío listo», le dijo el jefe, «¡Estás despedido!»
El italiano se fue a su casa y le preguntó a su mujer, «¡Oye!, ¿Qué fue lo que te pasó el otro día?»
«Ya te lo dije. Tuve un aborto.»
«Ya sabía yo que tenía algo que ver con «ruedas»». (* N. del T. - Juego de palabras en inglés, intraducible, entre : «wheelbarrow»: carretilla; «push chair»: silla de ruedas; y «misscarriage»: aborto (literal. «mal carro»). Todos ellos son elementos en los cuales puedes encontrar ruedas.)
En ti hay muchos malos entendidos que se van acumulando sobre más y más malentendidos. Algunos malentendidos pueden ser tremendamente dañinos. El identificar en tu mente la meditación con la muerte, es uno de los daños mayores que puedes hacerte a ti mismo. A pesar de que no estás equivocado, tus asociaciones con el significado de la muerte son tales que te impedirán el introducirte en la meditación.
Esta es una de las razones por las que quiero asociar a la muerte más y más con un cambio, con un nuevo comienzo, en lugar de con un punto de parada y final.
Quiero cambiar la asociación. Esto aclarará el camino para la meditación. Y si te estás sintiendo, aquí conmigo, silencioso y meditativo y todavía vivo, más vivo que nunca, entonces no hay razón para estar asustado.
Pruébalo en situaciones distintas y será siempre una gran fuente de curación, una gran fuente de contento, una fuente de gran sabiduría, una fuente de grandes percepciones de la vida y sus misterios.
Osho
viernes 7 de marzo de 2008
Cómo hallar la Luz

Las has visto tantas veces, que ya no sabes cuando estas en ella, la luz de tu existencia, es cada dia tu ingenua supervivencia. (Abel Desestress)
Por lo tanto, ¿cuál es la manera de entrar en ella y cómo mantenerse centrado? ¿Cómo alcanzarla? ¿Cómo hallar esa luz?
Dos o tres cosas. Una, siempre que afirmas que existe la luz, ¿qué quieres decir? Yo digo, «La habitación está iluminada» ¿Qué quiero decir con ello? Quiero decir que puedo ver. Nunca se ve la luz, sólo se ve lo iluminado. Puedes ver las paredes, no la luz; puedes verme a mí, no la luz. Se ve lo que se ilumina, nunca a la luz en sí misma, porque la luz es tan sutil que no se puede ver. No es un fenómeno evidente. Por eso inferimos que la luz existe. Es una inferencia, no un conocimiento del hecho. ¡Es sólo una deducción! Debido a que soy capaz de verte, deduzco, asumo, que existe la luz. ¿Cómo voy a verte sin luz?
¡Nadie ha visto la luz ! ¡Nadie! Y nadie la verá nunca. Pero empleamos las palabras «Veo luz» y con ello significamos que «Veo cosas que no podrían ser vistas sin luz». Cuando dices que hay oscuridad, que no hay luz, ¿qué quieres decir? Tan sólo que «Ahora no puedo ver las cosas». Cuando no puedes ver los objetos, deduces que no hay luz. Cuando puedes ver los objetos deduces que hay luz. De modo que la luz es una inferencia incluso en el mundo exterior, externo. Por esto, cuando uno tiene que entrar, cuando uno está listo para ir hacia adentro, ¿qué queremos decir con luz?
Si puedes percibirte a ti mismo, si puedes verte a ti mismo, eso significa que ahí hay luz. Es extraño pero nunca pensamos en ello. Toda la habitación está a oscuras, no puedes afirmar que haya algo en ella, pero si puedes afirmar una cosa: «Yo existo». ¿Por qué? Tampoco te ves a ti mismo. La habitación está totalmente a oscuras, nada se puede ver, pero sobre una cosa estás seguro y es de tu propio ser. No hay necesidad de pruebas, no hay necesidad de luz. Sabes que existes, sientes que existes. Ahí debe de haber una sutil claridad. Puede que no seamos conscientes de ella, podemos ser inconscientes o muy escasamente conscientes, pero está ahí.
De modo que dirige tu mirada hacia adentro. Cierra todos tus sentidos de modo que no exista una percepción de ninguna luz exterior. Penetra en la oscuridad, cierra tus ojos e intenta ahora entrar, ver en ella. En primer lugar puede que percibas sencilla-mente oscuridad; es debido a que no estás acostumbrado a ella. Sigue penetrando. Intenta mirar en la oscuridad en que estás metido. Penétrala y poco a poco irás percibiendo muchas cosas dentro. Una iluminación interior comienza a funcionar. Puede ser tenue al comienzo. Comenzarás a ver tus pensamientos porque los pensamientos son objetos interiores. ¡Son cosas! Comenzarás a tropezar con los muebles de tu mente.
Allí hay muchos muebles, muchas memorias, muchos deseos, muchas pasiones insatisfechas, muchas frustraciones, muchos pensamientos, muchos pensamientos-simiente, muchas cosas . Cuando empiezas a percibirlas, intenta primero penetrar la oscuridad. Entonces una lucecita comenzará a manifestarse y te volverás consciente de muchas cosas. Es como cuando entras repentinamente en una habitación a oscuras: no eres capaz de distinguir nada. Pero quédate ahí. Acomódate a la oscuridad, deja que tus ojos se acomoden a la oscuridad. Los ojos han de adaptarse, y eso lleva tiempo. Cuando vienes del exterior, de un jardín iluminado por el sol a tu habitación, tus ojos han de reajustarse a sí mismos. A tus ojos les llevará un poco de tiempo, pero se adaptarán.
Si uno emplea constantemente sus ojos para ver las cosas que tiene cerca, por ejemplo si uno lee sin cesar, se vuelve corto de vista porque un exceso de visión de cerca fija el mecanismo de los ojos. Por eso cuando quiere ver una estrella lejana, no puede verla porque el mecanismo se ha encasquillado. No es flexible. Lo mismo ocurre en el interior: debido a que hemos estado mirando al exterior continuamente, durante vidas, el mecanismo se ha quedado fijo y no podemos mirar hacia adentro.
Pero inténtalo, haz un esfuerzo, mira en la oscuridad. No tengas prisa, porque el mecanismo ha sido fijado durante muchas vidas. Los ojos han olvidado completamente el mirar hacia adentro. Nunca los has empleado para este propósito. Mira pues dentro de la oscuridad, observa la oscuridad y no te impacientes. Penetra la oscuridad, continúa penetrándola y al cabo de tres meses serás capaz de ver en su interior muchas cosas que nunca hubieras pensado que estuvieran allí. Y ahora, por primera vez, tomas consciencia de que los pensamientos son sólo objetos. Y cuando te vuelves consciente, puedes colocar un pensamiento donde tú quieras. Si quieres expulsarlo, puedes expulsarlo.
Pero ahora no eres capaz de expulsarlo. Ahora no eres capaz de eliminar ningún pensamiento porque no eres capaz de agarrarlo. Desconoces incluso que sea un objeto que puede ser cogido y puede ser expulsado. No sabes en dónde están localizados; no sabes de dónde vienen. Todo el mundo dice, «No quiero tener miedo; no quiero enojarme». Pero no pueden hacer nada por evitarlo porque desconocen de dónde proviene esa ira, cuál es su raíz, dónde tiene esa ira su reserva, dónde se acumula esa ira. Desconoces sus raíces.
Todo pensamiento es un objeto. Tiene una reserva acumulada. Por eso, cuando un pensamiento llega, es sólo como una hoja de un gran árbol. No puedes cortarla y tirarla pues otra hoja brotará. Las raíces están ahí; el árbol está ahí. Cuando te vuelvas consciente, incluso sólo un poquito, de que los pensamientos están ahí, de que los deseos están ahí - la ira, la pasión, la lujuria - de que todo está ahí, no empieces a combatirlo. Tan sólo obsérvalos, porque con el observar te volverás más consciente, y con el luchar nunca te volverás consciente. No luches, ¡observa! «Observar» es la palabra, el mantra. Observa sin descanso, y cuanto más observes, más empezarás a sentir que la luz está ahí. La luz está ahí, sólo que tus ojos han de adaptarse.
¡Observa! Con el observar, los ojos se acomodarán. Y cuando haya más luz y todo se vuelva claro, cuando no haya un rincón oscuro, te volverás el amo de tu mente. Podrás excluir lo que quieras, podrás reordenar como quieras. Y una vez te vuelvas el amo de tu mente, te volverás consciente de dónde es que proviene la luz, de dónde está su origen. El sol no está ahí, está afuera. No has ni tan siquiera encendido una vela, y todo se ha iluminado. ¿De dónde proviene esa luz? Primero te darás cuenta de las cosas que son iluminadas, luego te volverás el amo de los objetos de tu mente y luego empezarás a ser consciente de dónde proviene esa luz, de cuál es su fuente. Empezarás a ser consciente de una flor floreciendo. Luego empezarás a ser consciente de dónde proviene esa luz. Entonces podrás conocer el sol.
Tendrás que proceder únicamente de un modo indirecto, desde un objeto iluminado hacia la fuente de la luz. De nuevo la luz no es lo que se ve; de nuevo verás al sol. Empieza primero por percibir los contenidos de la mente. Luego, más y más, la mente se irá aclarando. Luego tomarás consciencia de dónde procede esa luz. Justo en el centro de la mente está su origen. ¡Entonces entra en el origen! Ahora podrás olvidarte de la mente, tú eres el amo. Podrás decir a la mente: «¡Detente!» y la mente se detendrá.
La consciencia es necesaria para ser el amo. Nunca intentes lo contrario: primero ser el amo y luego ser consciente. Nunca funciona, nunca puede funcionar así. Eso no es posible. Sé consciente, y el convertirte en el amo llegará. Te vuelves el amo. Entonces acude al origen, entra en el origen de dónde procede esa luz. ¡Ve! ¡Entra en la Iluminación! Esa entrada en la Iluminación es el «baño». Te has vuelto el amo de tu mente. Ahora puedes convertirte en el amo de la vida misma; ahora puedes convertirte en el amo de la consciencia misma. Y una vez bañado en esa Ilu-minación, en esa fuente de luz, serás capaz de contemplarte a ti mismo en tu eternidad. En este instante, todo el pasado y el futuro estarán ahí. Este instante es eterno. Eres tan puro que el tiempo en su totalidad se junta en ti. El pasado purificado crea un futuro purificado, y este momento se vuelve eterno.
Observa, sé consciente, observa en profundidad los conte-nidos de la mente. Entonces te harás consciente del origen; luego entra en el origen. Es pavoroso, porque todo lo que has conocido como ti mismo, morirá. Este baño es una muerte, una perso-nalidad, todo morirá, porque la personalidad, la identidad, el ego, todos están en el polvo, en el polvo acumulado alrededor de tu ser. Sólo el ser permanecerá sin nombre ni forma. Y este sutra dice que este es el baño preparatorio. Sólo ahora eres capaz de entrar, y sólo hasta aquí tienes que esforzarte. En el instante en que eres purificado, en el instante en el que has atravesado este baño, en el instante en que los karmas se han disuelto, no necesitas ya hacer ningún esfuerzo.
Desde ese punto, Dios se convierte un campo gravitacional. Has entrado ahora en el Campo de la Gracia. Es lo mismo que la gravitación en la Tierra, pero has de entrar en el campo. Para las naves espaciales tenemos que hacer un arreglo fundamental: deben desprenderse de la atracción de la Tierra, salirse del campo de gravedad. Trescientos veinte kilómetros alrededor de la Tierra, envolviéndola, está el campo. Si estás bajo la acción del campo serás traído de regreso. Si traspasas los trescientos veinte kilómetros, la Tierra deja de poder influenciarte.
Lo Divino no puede tirar de ti al menos que estés totalmente puro, a menos que te vuelvas luz. Entonces, con igual velocidad, entras en lo Divino. De modo que esta entrada en la luz es el último esfuerzo. Una vez has sido purificado comienzas a gravitar. No necesitas moverte, eres atraído. Esta gravedad se conoce como Gracia: la fuerza de gravedad de lo Divino es la Gracia. La Gracia no es realmente una ayuda, ¡no! Es sólo una ley. Dios no otorga la Gracia solamente a algunos, no es así. No es parcial. La Tierra no es gravitacional únicamente para algunos. En el instante en que entras en el campo, la ley empieza a hacer su trabajo.
No digas pues que Dios otorga la Gracia, no digas que Dios es generoso, no digas que tiene compasión. No es cierto. Dios significa «La Ley de la Gracia». La ley comienza a operar. Una vez entras en su campo, la ley comienza a operar. Una vez te conviertes tú mismo en la luz, la ley comienza a trabajar y tú comienzas a gravitar.
Dije que la luz es la base de la vida. Incluso la ciencia coincide en esta frase. La ciencia acaba en este punto, no hay más allá para la ciencia. La religión tiene un más allá porque la religión dice que incluso más allá de la luz se halla la Existencia.
Otra cosa: la luz existe, por eso la luz posee dos cualidades: que es luz y que es existencia. Aun la luz no es lo supremo, pues posee dos cualidades: luz y existencia. La religión dice que la existencia puede darse sin luz, pero que la luz no puede darse sin existencia. Así que hay un paso más: la religión dice, «Dios es pura Existencia». Por eso, para la gente realmente religiosa, esta palabra o esta frase de «Dios es», es una falacia porque «Dios» y «es» significan lo mismo.
Una mesa «es», pero decir «Dios es» no es correcto. El hombre «es» porque puede «no ser», así que el hombre y «ser» son dos cosas concatenadas. Pero pueden ser separadas. Pero «Dios es» no es correcto porque Dios quiere decir «ser». O sea, es tautológico, repetitivo. Decir «Dios es» es tan absurdo como decir «Es es» o «Dios Dios». «Dios es» significa lo mismo que «Dios Dios» o «Es es». No tienen sentido, son absurdas. El «ser» es Dios. Por eso la religión lo reduce aún más y dice que cuando entras en la luz, entras en el «Ser», en la Existencia, en Eso. De modo que la luz es el aura de Eso. Cuando entras en la luz, entras en el aura. Pero en el instante en que entres en el aura serás succionado sin dilación. ¡Sin dilación!
Y ahora otra cosa. Dije que la luz se mueve a la más alta velocidad posible: 300.000 km por segundo. ¡Cuánto avanza la luz en un sólo segundo, en un minuto, en una hora, en un año! La unidad con la que los físicos miden su movimiento es el año luz. Un año luz significa la distancia que recorre la luz en un año a esta velocidad. Todavía esto es un movimiento en el tiempo. Es muy rápido, pero aún así a la luz le toma tiempo el desplazarse. Como dije, la luz no requiere de medio alguno, no necesita ningún vehículo, no necesita energía prestada, pero aún así la luz requiere de tiempo. Así para la religión, la luz necesita de algo sin lo cual es incapaz de desplazarse. Por eso la luz aún depende del tiempo.
La religión dice que debemos ahondar aún más para encontrar algo que no requiera ni siquiera de esa dependencia del tiempo. Para nosotros eso no tiene sentido. ¿Cómo se va a mover la luz sin medio alguno? Pero la ciencia afirma que se mueve. Y es así. La religión dice, «No te alteres. ¿Cómo puede existir Dios sin tiempo?» El «es», y Dios se mueve sin tiempo; la consciencia se mueve sin tiempo.
La luz posee la velocidad más elevada según las mediciones de la ciencia, pero en cierto modo es la más alta debido a que no puede decirse que la Existencia posea una mayor velocidad. En realidad la Existencia se mueve sin depender del tiempo. No es cuestión de velocidad. No podemos decir cuanto se mueve en un segundo. El movimiento es absolutamente absoluto. No hay intervalo. Por eso cuando uno penetra en esta Iluminación, es succionado. Incluso la palabra «succionado» requiere de cierto tiempo para ser pronunciada, pero el mismo fenómeno de ser succionado es intemporal.
Cuando digo «succionado», conlleva un tiempo, se pierde un tiempo. Pero, en realidad, cuando alguien entra en la Iluminación, no se requiere ni ese tiempo. No hay un intervalo. Eres succio-nado y más allá de esa luz está Dios, el templo. Esta luz únicamente te baña, te purifica, como un fuego. Te purificas. Y en el instante en que eres purificado: la entrada, la explosión.
Con la luz te vuelves inmortal, pero todavía percibes. Percibes que has penetrado en la inmortalidad. Pero al entrar en Eso, en el «ser», no percibes ni tan siquiera la inmortalidad. La vida y la muerte carecen ahora de sentido, sólo existe el «ser». Tú «eres», sin condiciones. Esa condición de «ser» es lo Supremo para la religión.
La luz es el campo, la mente está alrededor del campo y nosotros estamos alrededor de la mente, vivimos fuera de la mente. Por eso uno ha de entrar en la mente, luego en la luz y luego en lo Divino. No obstante nos mantenemos vagando alrededor, fuera de la mente. Este estado de estar siempre fuera de casa se ha vuelto un hábito fijo. Nos hemos olvidado de que vivimos en la terraza. Es cómodo, la terraza es un sitio cómodo para estar afuera. Por eso es por lo que nos hemos quedado ahí: es cómodo. Podemos desplazarnos por el exterior siempre y, puesto que nuestros deseos y nuestra mente están siempre en el exterior, vivimos en la terraza. De modo que en cualquier momento, a cualquier oportunidad de irnos, nos vamos. Hemos olvidado el que hay un hogar y que este salir afuera es convertirse en un mendigo. Entrar en la casa significa que has de girar la vista ciento ochenta grados y que has de utilizar tus ojos de una nueva manera, y que tendrás que atravesar una noche oscura. Tan sólo debido a un hábito fijo.
Los místicos cristianos han hablado mucho sobre «la noche oscura del alma». Esta es la noche oscura, debido a que nuestros ojos están fijos. Como dije, uno se vuelve miope, otro se vuelve hipermétrope. Y si continúa mirando a lo lejos, se vuelve incapaz de ver de cerca. Y si continúa mirando cerca, se vuelve incapaz de ver a lo lejos. Los ojos se vuelven fijos. Se vuelven mecánicos, pierden flexibilidad. Así como unos se han vuelto mío-pes y otros hipermétro-pes, nos hemos vuelto «externo-pes». Hemos de desarrollar la «interiorización» (*).
Puede que conozcas la palabra «interiorizar», pero puede que nunca hayas oído la palabra «externo-pe». Sabes que es «interio-rizar», pero carece de sentido a menos que entiendas que significa «externo-pe». Nos hemos vuelto «externo-pes», fijos en lo externo; hemos de desarrollar el «interno-pe», la interiorización. Siempre que tengas tiempo, cierra tus ojos, cierra tu mente al exterior y trata de penetrar en ella. Al comienzo te hallarás en una noche oscura. No habrá nada más que oscuridad. No seas impaciente. Espera y observa y poco a poco la oscuridad se irá disipando y serás capaz de percibir muchos fenómenos internos. Y únicamente cuando te vuelvas consciente del mundo interno, sólo entonces podrás darte cuenta dónde está el origen de donde procede esta luz. Entonces entra en el origen. A esto los Upanishads le llaman «el baño».
¡Cuán estúpida es la mente humana! Lo ritualizamos todo y se pierde el significado. Sólo permanecen entonces los estúpidos rituales. Así nos bañamos antes de acudir al templo. Y no hay ni templo ni baño. El templo está adentro y el baño también. Y este baño, dicen los Upanishads, es el baño en la Iluminación interna.
La luz es en realidad el puente entre lo Divino y el mundo. Lo Divino crea al mundo al crear la luz. La luz es la primera creación, y luego la luz se condensa y sobreviene la materia; luego la luz crece; digo que la luz crece, y luego aparece la vida; entonces la vida crece y aparece el amor.
Luz, vida, amor, esas son las tres capas. No te quedes en la segunda. O retrocede a las raíces o asciende hasta la semilla otra vez, a las flores. Desciende hasta la luz o asciende hasta las flores. Y hay dos caminos. Uno es el camino del conocimiento. «Conoci-
miento» significa descender hasta la luz. Con «Gyana Yoga» el verdadero secreto que se oculta es éste: descender hasta la luz. Y luego está el «Bakti Yoga», el camino de la devoción, que significa
ascender hasta el amor.
jueves 6 de marzo de 2008
QUE ES LA VIDA…?

TU ERES LA VIDA... Y como primer entendimiento, debes saber que;
Tu vida es tu vida, no es la vida de nadie más.
No permitas que nadie te domine, no dejes que otros te dicten lo que has de hacer.
Eso es una traición a la vida, a tu vida.
Si dejas que otros te digan lo que has de hacer, sean tus padres, la sociedad, tu sistema educativo, tus políticos, tus sacerdotes, sean los que sean, si te dejas dominar por los demás, te perderás tu vida.
Porque el dominar proviene del exterior y la vida está en tu interior. Nunca se encuentran.
No te estoy diciendo que tengas que ser alguien que siempre diga no a todo. Porque eso tampoco sirve.
Hay dos clases de gente. Una pertenece al tipo obediente, dispuesto a entregarse a cualquiera. No poseen en su interior un alma independiente. Son inmaduros, infantiles, siempre buscando la figura del padre, buscando a alguien que les diga lo que han o lo que no han de hacer.
No son capaces de confiar en sí mismos. Esa gente forma la mayor parte de la población mundial, las masas.
Luego, en oposición a esa gente, existe una pequeña minoría que rechaza la sociedad, que rechaza los valores de, la sociedad.
Ellos creen que son rebeldes. No lo son; son sólo reaccionarios. Tanto si escuchas a la sociedad como si rechazas la sociedad, si la sociedad permanece siendo el factor determinante, entonces eres dominado por la sociedad
QUE ES LA MUERTE
LA MUERTE, ESTU MUERTE
Todo regresa a su fuente original, ha de volver a su fuente original. Si comprendes la vida, también comprenderás la muerte.
La vida es un olvidarse de la fuente original y la muerte es recordarla de nuevo.
La vida es alejarse de la fuente original; la muerte es regresar a casa.
La muerte no es algo repugnante, la muerte es hermosa; Pero la muerte es bella solamente para aquellos que han vivido la vida sin inhibiciones, plenamente, sin represión.
La muerte es hermosa solamente para aquellos que han vivido su vida de forma bella, que no se han sentido asustados de vivir; que han tenido el coraje suficiente para vivir, que han amado, que han bailado, que han gozado.
La muerte se convierte en la celebración suprema si tu vida ha sido una celebración.
Déjame que te lo diga de este modo: lo que tu vida ha sido, la muerte lo desvelará.
Si has sido un desdichado en la vida, la muerte revelará esa desdicha. La muerte es el gran revelador.
Si has sido feliz en tu vida, la muerte revelará esa felicidad. Si solamente has vivido una vida de comodidades físicas y de placeres físicos, entonces por supuesto, la muerte será algo muy desagradable e incómodo porque has de abandonar el cuerpo.
El cuerpo solamente es una morada temporal, un refugio en el que pasamos la noche y que dejamos por la mañana. No es tu morada permanente. No es tu casa.
http://www.youtube.com/watch?v=gPMJHf0xix0
VIVE LA VIDA, VIVE LA MUERTE
La vida es vivir. No es una cosa es un proceso: No hay otra forma de conocer lo que es la vida más que viviendo, estando vivo, fluyendo, discurriendo con ella.
Si buscas, el significado de la vida en algún dogma, en una determinada filosofía, en una teología, da por seguro que te perderás lo que es la vida y su significado.
La vida no te está esperando en ninguna parte; te está sucediendo. No se encuentra en el futuro como una meta que has de alcanzar, está aquí y ahora, en este mismo momento, en tu respirar, en la circulación de tu sangre, en el latir de tu corazón.
Cualquier cosa que seas, es tu vida y si te pones a buscar significados en otra parte, te la perderás. El hombre ha estado haciendo esto durante siglos.
Los conceptos se han vuelto muy importantes, las explicaciones se han vuelto muy importantes y lo real ha sido olvidado por completo. No vemos lo que de hecho ya está aquí, queremos racionalizaciones y nos perdemos el vivir de cada dìa.
martes 4 de marzo de 2008
ORIENTE Y OCCIDENTE: MASA Y LEVADURA

Tu condicionamiento te ha dado la idea de una sola vida. La idea cristiana, la idea judaica, la idea musulmana - todas ellas arraigadas en el concepto judío de que hay una sola vida- han dado a Occidente una tremenda locura por la prisa. Todo tiene que hacerse con una prisa tal, que no eres capaz de disfrutar con ello y no puedes hacer nada con entera perfección. Más o menos consigues hacer algo y corres hacia otra cosa.
El hombre occidental ha estado viviendo bajo un concepto erróneo. Esto ha creado tanta tensión en la mente de la gente, que nunca pueden estar en paz en ningún sitio; están siempre yendo de un lado a otro y siempre preocupados porque uno no sabe cuándo va a venir el final. Antes del final, uno quiere hacerlo todo. Pero el resultado es justo lo contrario; no se puede ni siquiera llegar a hacer las cosas con gracia, de forma bella, perfecta.
Sus vidas están tan ensombrecidas por la muerte que no pueden vivir alegremente. Todo lo que trae alegría parece ser una pérdida de tiempo. Simplemente no pueden sentarse una hora en silencio, porque la mente dice, «¿Por qué estás perdiendo el tiempo? Podrías haber hecho esto, podrías haber hecho lo otro».
Es por ese concepto de una sola vida por lo que la idea de meditación nunca surgió en Occidente. La meditación necesita una mente muy relajada, sin prisa, sin preocupación. Sin ningún sitio a donde ir... sólo disfrutando, momento a momento, de lo que venga.
En Oriente, la meditación estaba destinada a ser descubierta. Justamente debido a la idea de la vida eterna, puedes relajarte. Puedes relajarte sin ningún miedo, puedes disfrutar, tocar tu flauta; puedes bailar y cantar tu canción; puedes disfrutar de la salida y de la puesta del sol. Puedes disfrutar toda tu vida. No sólo eso, puedes disfrutar incluso muriendo, porque la muerte también es una experiencia grande, quizás la experiencia más grande en la vida. Es un «crescendo».
En el concepto occidental, la muerte es el final de la vida. En el concepto oriental, la muerte es sólo un hermoso incidente en la larga procesión de la vida; habrá muchas, muchas muertes. Cada muerte es la culminación de tu vida antes de que otra vida empiece, bajo otra forma, otra etiqueta, otra consciencia. Tú no estás desa-pareciemdo; simplemente estás cambiando de casa.
Me estoy acordando de Mulla Nasrudin. Un ladrón entró en su casa. Mulla estaba durmiendo, no de verdad, sólo con los ojos cerrados, medio abriéndolos y viendo lo que el ladrón estaba haciendo. Pero él no creía que se debiera interferir en el trabajo de la gente. El ladrón no estaba interfiriendo en su sueño, ¿por qué tenía él que interferir en su profesión? ¡Que hiciera lo que tuviera que hacer!
El ladrón estaba un poco inquieto porque ese hombre parecía raro. Mientras vaciaba la casa, a veces algo se le caía de las manos con estrépito, pero Mulla permanecía completamente dormido. Una sospecha apareció en la mente del ladrón: que esta clase de sueño sólo es posible si el hombre está despierto. «¡Qué hombre tan extraño! No dice nada ¡Estoy vaciándole la casa entera!»
Todos los muebles estaban afuera, todas las almohadas estaban afuera, todo lo que había en la casa estaba fuera.
Y cuando el ladrón estaba recogiendo todo, atándolo para llevárselo a casa de repente sintió: «Alguien me está siguiendo». Miró hacia atrás; era el mismo hombre que estaba dormido. El dijo, «¿Por qué me estás siguiendo?
Mulla respondió, «No, yo no te sigo; estamos cambiando de casa. Lo has cogido todo. ¿Qué voy a hacer en esta casa? O sea que yo también voy contigo».
Este «irse por lo fácil» es el camino oriental; incluso con la muerte, Oriente se ha apegado a la idea... solamente un cambio de casa.
El ladrón estaba preocupado, dijo: «Perdóname, toma tus cosas».
Mulla dijo: «No, no es necesario. También yo pensaba en cambiarme de casa, ésta está casi en ruinas. No se puede tener peor casa que ésta. Y, de todos modos, soy un hombre muy perezoso. Necesito que alguien me cuide y tú te lo has llevado todo. ¿Por qué me dejas aquí?».
El ladrón se asustó... había estado robando toda su vida, nunca se había cruzado con un hombre así. Dijo: «Puedes coger tus cosas».
Mulla contestó: «No, no cambiaremos nada. Tendrás que llevarte las cosas; en caso contrario, iré a la policía. Me estoy portando como un caballero, no te estoy llamando ladrón, solamente eres un hombre que me está ayudando a cambiar de casa».
No hay prisa, por tanto tu idea de una vida corta es una idea peligrosa. Por eso aunque Oriente sea muy pobre, no existe la deses-peración, no hay angustia. Occidente es rico, pero la riqueza no ha aportado nada a su espiritualidad ni a su crecimiento; todo lo contrario, Occidente se encuentra muy tenso. Tendría que estar más relajado; posee todas las comodidades de la vida.
Pero el problema fundamental es que, en lo más profundo, Occidente sabe que la vida es muy corta; estamos haciendo cola y a cada momento nos acercamos más a la muerte. Desde que nacemos, empezamos el viaje hacia la tumba. En cada momento la vida se acorta, se vuelve más y más corta. Esto crea una tensión, una angustia, una ansiedad. Todas las comodidades, todos los lujos, todas las riquezas, pierden el sentido, porque no puedes llevártelas al más allá contigo. Tendrás que ir hacia la muerte solo.
Oriente está relajado. Primero: no da ninguna importancia a la muerte; es solamente un cambio de forma. Segundo: por estar tan relajado te vuelves consciente de tus riquezas interiores, que se irán contigo incluso más allá de la vida. La muerte no puede llevárselas.
La muerte puede coger todo lo que está fuera de ti y si no has hecho crecer tu ser interior, naturalmente existirá el miedo a no poder salvar nada de la muerte, a que se lleve todo lo que tengas. Pero si has hecho crecer tu ser interior, si has encontrado paz, éxtasis, silencio, alegría -que no dependen de nada exterior- si has encontrado el jardín de tu ser y has visto las flores en tu propia consciencia, la cuestión del miedo a la muerte no aparece.
Otra vez te digo, recuerda sólo una cosa: tú eres un ser inmortal. Ahora mismo ésa no es tu experiencia, puedes aceptarlo como una hipótesis. No como una creencia, sino como una hipótesis con la cual puedes experimentar.
No quiero que nadie acepte nada de mí como una creencia, sino sólo como una hipótesis. Porque yo conozco la verdad de ello, no necesito forzar ninguna creencia, ni fe en ti. Conociendo la verdad puedo decirte, «Es simplemente un experimento, una hipótesis temporal», porque sé con certeza que si experimentas, tus hipótesis se convertirán en tu propio saber, no en una creencia, ni en fe, sino en certeza. Y sólo la certeza puede salvarte. Las creencias son barcos hechos de papel.
Uno no debería pensar que puede cruzar el océano de la Existencia en un barco hecho de papel.
Necesitas una certeza... no una creencia, pero una verdad que sea experimentada por ti mismo. No una verdad de otro, sino la tuya propia. Entonces es una delicia el ir hacia lo desconocido, hacia el inexplorado océano; es una tremenda excitación y éxtasis.
lunes 3 de marzo de 2008
Qué puedo ofrecer a Dios

Qué es lo que el hombre puede ofrecer? ¿Cuál puede ser su ofrenda? Podemos ofrecer sólo lo que nos pertenece. Lo que no nos pertenece no podemos ofrecerlo, y el hombre siempre ha ofrecido aquello que no le pertenece. El hombre ha sacrificado aquello que no es suyo.
La religión se convierte en un ritual si ofreces algo que no es tuyo. La religión se convierte en una experiencia auténtica si ofreces algo que verdaderamente te pertenece. Los rituales son en realidad métodos para escapar de la auténtica religiosidad. Puede que encuentres sustitutos, pero no estás engañando a nadie más que a ti mismo, porque ¿cómo vas a ofrecer algo que no es tuyo? Puedes sacrificar un caballo, puedes sacrificar una vaca, puedes ofrecer tierras, pero nada de ello te pertenece. Así que, realmente, esto es robar en nombre de la religión. ¿Cómo vas a ofrecer a lo Divino algo que no es tuyo?
Por eso lo primero es averiguar qué es lo que es tuyo, qué es lo que te pertenece. ¿Hay algo que te pertenezca? ¿Eres tú el amo de algo de forma que puedas decir, «Esto pertenece al hombre y yo se lo ofrezco a lo Divino»? Esta es una de la preguntas más difíciles: «¿Qué es lo que le pertenece al hombre?» Nada parece pertenecerle. Y cuando nada parece pertenecerte, únicamente puedes decir, «Puedo ofrecerme a mí mismo». Pero incluso esto es incorrecto porque, ¿te perteneces tú a ti mismo? ¿Es tuyo tu ser? ¿Eres responsable de tu ser? ¿Eres responsable de tu existencia?
El hombre proviene de alguna parte, de algún origen desconocido. No es responsable de que esté aquí. Kierkegaard ha dicho, «Cuando miro al hombre, siento que ha sido arrojado aquí». No es ni siquiera responsable de su propio ser; el ser está arraigado en lo Divino. Considéralo así: ¿Puede un árbol decir, «Me ofrezco a mí mismo a la tierra»? ¿Qué significado tiene? Carece de sentido porque el árbol está enraizado en la tierra, el árbol es sólo una parte de la tierra. El árbol es sólo tierra y nada más, de modo que cómo va a decir, «Me ofrezco a mí mismo a la tierra»? No tiene sentido. El árbol es una parte. No es distinto, por lo tanto el ofrecimiento no es posible. Así que, primero, sólo puedes ofrecer aquello que te pertenece. Segundo, sólo puedes ofrecer si hay una cierta distancia, una cierta separación.
El árbol no puede ofrecerse a sí mismo porque no es diferente de la tierra en sí. O considéralo así: un río no puede decir, «Me ofrezco a mí mismo al mar». El río no se basa en el mar. Es algo aparte. Pero aún así no puede decir, «Me ofrezco al mar». ¿Por qué? No puede decirlo porque no es una elección del propio río. El río ha de fluir hacia el mar. No hay posibilidad de elección. El río es impotente. Aunque el río deseara elegir no ofrecerse, no podría escoger, pues el ofrecimiento es inevitable. Cuando el ofrecimiento es inevitable, no tiene sentido.
El río no puede afirmar, «Me ofrezco a mí mismo al mar», porque es algo que ha de llegar. Este llegar forma parte de la naturaleza. El río no llega al mar debido a que sea él el que lo haya elegido pues no hay posibilidad de elección de su parte. El río es impotente, no puede hacer nada más. Y una tercera cosa: sólo puedes ofrecer algo cuando tienes la posibilidad de hacer otra cosa. Si tienes la posibilidad de no ofrecer, sólo entonces te vuelves capacitado para ofrecer. Entonces ésta es tu elección.
El hombre está arraigado como un árbol. El hombre es un árbol, sólo que con raíces móviles, enraizado en el Ser, enraizado en la Existencia. Y el hombre no es algo separado: en lo profundo no hay separación. Un hombre no es responsable de su propio ser: tiene que regresar inevitablemente como un río precipitándose en el mar. Así qué, ¿dónde está la elección? ¿Cómo vas a ofrecer? Tu muerte será una disolución tanto si quieres como si no. ¿Quién eres? ¿En dónde estás y dónde es que el ofrecimiento se hace posible?
Este sutra es muy profundo. Este sutra dice,
La mente constantemente apuntando hacia Eso, es la ofrenda.
No puedes ofrecerte a ti mismo, pero puedes ofrecer tu mente. Esto te pertenece y ésta es tu elección. Si no la ofreces, lo Divino no puede forzarla para que se ofrezca. No eres impotente. No es como un río precipitándose al mar. La mente tiene una elección. Puedes seguir negando lo Divino y lo Divino no puede obligarte. Tu ser se arraiga en lo Divino, pero no tu mente. No puedes negar lo Divino en lo concerniente a la Existencia. Tú eres parte suya.
Puedes negar lo Divino en lo que respecta a la consciencia. Puedes negarlo hasta tal grado que eres capaz de vivir en una consciencia en la cual no haya nada similar a lo Divino. Para decirlo de otra forma, «Dios es» o «Dios no es» puede ser tu elección. Incluso si no hay Dios eres capaz de fabricarte uno, puedes creer. Incluso aunque haya Dios, puedes negarlo, y nada puede hacerte variar. Por eso la única elección posible es la de la mente, la única libertad posible es la de la mente. Tu ser está arraigado, pero tu mente es libre.
Desde luego, tu mente nace de tu ser, pero todavía así es libre, libre en el sentido en que un árbol está enraizado en la tierra; el árbol está arraigado, las ramas, las raíces, cada flor está arraigada, pero la fragancia de la flor puede liberarse y puede desplazarse sin estar arraigada. Por eso eres como un árbol, pero tu mente es una fragancia. Puede ser ofrecida, puede no serlo. Depende de ti.
La libertad del hombre es la mente del hombre. Los animales no son libres únicamente porque no tiene elección: son lo que son. ¡No tienen elección! No pueden ir en contra de la naturaleza. La mente del hombre es la libertad del hombre. Así que lo que debe entenderse fundamentalmente es que debido a que la mente es una opción libre puede volverse una ofrenda. Puedes ofrecer tu mente, pero también puedes resistirte, puedes ir en contra, e incluso ni Dios podrá obligarte. Esta es la gloria, ésta es la belleza de la existencia humana. Por eso el hombre es el único animal que es, en cierto modo, libre. De esta libertad puedes hacer uso o abuso.
La mente constantemente apuntando a Eso,
es la ofrenda
. Si tu mente puede ser constantemente direccionada, continuamente dirigida hacia Eso, te has ofrecido a ti mismo. Pero debido a que la mente posee libertad es muy difícil atarla a algo. Su auténtica naturaleza es ser libre, por eso cuando intentas someterla, se rebela, se vuelve rebelde.
Puede que te siga si no lo intentas, pero si lo intentas se va a rebelar porque la naturaleza misma de la mente es la de libertad, y en el instante en que tratas de fijarla en algo, se rebela. Es natural. Puedes ofrecer la mente, pero no es fácil. Ofrecer la mente es la cosa más difícil. Y cuando digo, «La mente significa libertad», se vuelve más difícil aún. Estás intentando que la mente vaya en contra de su naturaleza.
La concentración va en contra de la mente porque estás tratando de limitarla sobre algo, exclusivamente a algo. Pero la mente es libertad, movimiento, un constante movimiento. Vive sólo cuando do se mueve. Existe sólo cuando se mueve. Es una fuerza dinámica, por eso en el momento en que tratas de fijarla estás tratando de lograr algo imposible. ¿Qué hacer pues? El hombre religioso ha intentado siempre fijar la mente hacia lo Divino, y cuanto más intenta fijarla, más se va la mente hacia el Diablo.
Jesús se encuentra al Diablo. El Diablo no está en ningún lugar más que en el esfuerzo de Jesús por estar constantemente apun-tando hacia lo Divino. El Diablo no existe. Ocurre tan sólo que cuando obligas a la mente a atarse a algo, crea el opuesto para poder moverse. Debes comprender la ley del efecto contrario. Con la mente, esta ley es fundamental. Intentes lo que intentes, lo contrario será el resultado. Lo contrario, lo totalmente opuesto, será el resultado. Intenta pues dirigir tu mente hacia Dios y te encararás con el Demonio. Lo contrario será el resultado. Intenta dirigir tu mente y tu mente se volverá anárquica, te encontrarás agitado.
Cuanto más se busca la quietud, más inquieta se vuelve la mente. Cuanto más tratas de silenciarla, más ruido crea. Cuanto más intentas volverla buena, más pecados la tientan. Esta es la ley básica de la mente. Es tan básica como lo es la ley de Newton para la Física: la ley del efecto contrario.
Trates lo que trates de alcanzar, nunca lo lograrás. Lograrás lo contrario, y entonces se crea un círculo vicioso. Cuando logras lo contrario, empiezas a pensar que «lo contrario» es tan poderoso que «He de luchar con más ahínco». Cuanto más luchas, más poderoso será el opuesto, lo contrario. Lo opuesto no existe. Tú lo creas únicamente porque tratas de someter a tu mente. Es un subproducto, un subproducto que aparece porque desconoces la ley. ¿Qué hacer pues para ofrecer la mente a lo Divino ? Si eliges lo Divino en contra de algo nunca vas a ser capaz de ofrecer.
Sólo hay un método: elige a lo Divino como el Todo; toma a lo Divino como la Totalidad; toma a lo Divino en todo y por todo. Incluso si el Demonio se te aparece, vive lo Divino en él. De este modo habrás hecho el ofrecimiento, y posteriormente el ofreci-miento puede continuarse, sin interrupciones, sin pausas, porque ahora ninguna pausa es posible. Por eso es por lo que los Upanishads no emplean la palabra «Dios». Utilizan Eso, pues en el instante en que pronuncias «Dios», se crea el Demonio. En realidad no emplean palabra alguna: usan un dedo. Dicen Eso, y con este Eso lo incluyen todo. Todo y por todo. Si eres pues capaz de concebir lo Divino como el Todo, entonces eres capaz de ofrecer. En caso contrario se creará el opuesto: ofrecerás a Dios, y la ofrenda irá a parar al Diablo.
Todas las religiones han encarado el problema, la dicotomía. El cristianismo, el judaísmo o el islamismo. Todas las religiones surgidas de la India han aceptado la dicotomía. Han aceptado la dicotomía de Dios-y-el-Diablo. Por eso si analizas la historia de esas religiones te darás cuenta de un fenómeno muy extraño. Jesús representa a Dios, pero el Diablo también sigue tentándole. Y sea lo que sea lo que Jesús representa, su Iglesia representa lo opuesto, lo diametralmente opuesto. Por eso al cristianismo le precocupa poco Cristo. Más bien, el cristianismo es su enemigo, porque cualquier cosa que haya hecho la Iglesia no puede decirse que haya sido la obra de Dios. Puede considerarse la obra del Diablo. Pero esto se debe a la ley del efecto contrario.
Una vez aceptas la dicotomía, el opuesto será el resultado. Cristo predica el amor y la Iglesia representa el odio. Cristo dice, «No te resistas ni al mal», y toda la historia de la Iglesia no es más que una larga guerra. Por eso Nietzsche está en lo cierto cuando afirma, «El primer y el último cristiano murieron en la cruz». ¡También el último! Después de Jesús no ha habido otro cristiano. No obstante, San Pablo y otros cristianos no son tan responsables de esto como aparentan serlo. La verdadera responsabilidad recae en la ignorancia de la ley del efecto contrario.
Si eliges una parte como Divino y una parte como anti-Divino, la mente se irá cambiando de bando. Y la mente tiene sus propios trucos para poderse cambiar de bando. Es capaz de justificar el mal en defensa del bien; puede justificar la guerra por la paz; es capaz de matar y asesinar en nombre del amor. Así que la mente es muy astuta y sagaz desplazándose al opuesto. Y cuando se desplaza te proporciona todas las razones necesarias para que creas que «No estoy cambiando». Por eso si escoges a Dios como algo aparte del mundo o en contra del mundo, nunca serás capaz de ofrecer la mente. Y una ofrenda parcial no es una ofrenda. Esto también debes recordarlo.
Una ofrenda parcial está matemáticamente equivocada. Es como una circunferencia incompleta; no es una circunferencia. Una circunferencia es sólo una circunferencia cuando está completa, cerrada. No puedes llamar a una circunferencia incom-pleta, circunferencia. ¡No lo es! O bien la ofrenda es total o no lo es. ¿Cómo vas a ofrecer algo en parte? Es intrínsecamente imposible. ¿Cómo vas a amar parcialmente? O amas o no amas. No hay compromiso posible. No hay posibilidad de grados en el amor. O lo hay o no lo hay. Todo lo demás es puro engaño.
El ofrendar es algo completo en sí mismo. Puedes renunciar, puedes entregarte, pero no puedes decir, «Me entrego en parte». ¿Qué quieres decir? Una entrega parcial significa que tú eres todavía el amo y que puedes reconsiderarlo. La parte que has salvaguardado puede rectificar; mañana puede decir no. De modo que una entrega total es aquella en la que nada es salvaguardado, nada es retenido, de tal manera que no puedes retroceder. No hay retroceso posible porque no hay nadie que permanezca al margen y pueda retroceder. Así el ofrecimiento es total.
Pero si divides al mundo, si divides la Existencia en extremos opuestos, te hallarás en una profunda dicotomía y tu mente se desplazará al opuesto. Y cuanto más te resistas, más atrayente se volverá. Lo negativo es muy atrayente. Cuando insistes dema-siado en el «no hacer», la atracción se vuelve insoportable. Un no es una invitación altamente encantadora. Siempre que intentes forzar tu mente hacia algo, lo otro, aquello hacia lo que no estás tratando de ir, se volverá atrayente. Y antes o después te aburrirás de la parte que has escogido, y la mente se cambiará. Siempre se cambia.
La filosofía china dice que el «Yin» está continuamente desplazándose hacia el «Yang» y que el «Yang» continuamente se desplaza hacia el «Yin», y forman un círculo. Están en perpetuo movimiento el uno hacia el otro. El hombre está continuamente yendo hacia la mujer y la mujer se mueve continuamente hacia el hombre, y forman un círculo. Y la luz se mueve hacia la oscuridad y la oscuridad se mueve en pos de la luz, y hacen un círculo. Y cuando te aburres de la luz, eres atraído por la oscuridad; y cuando estás aburrido de oscuridad eres atraído por la luz.
Continuamente vas de un opuesto al otro. De modo que si tu Dios forma parte del mundo de opuestos, parte de la lógica de los opuestos, te irás hacia el otro extremo. Por eso es por lo que el Upanishad dice Eso. En este Eso, todo está implícito, nada es negado. Los Upanishads tienen un concepto muy en favor de la vida, un filosofía muy en favor de la vida.
En realidad, esto es bastante raro. Albert Schweitzer ha dicho que la filosofía hindú niega la vida, pero en realidad no ha entendido nada. En su mente, cuando dice «filosofía hindú», debe de haberse estado refiriendo a Buda y a Mahavira. Pero ellos no son la verdadera corriente, ellos son los chicos rebeldes. La filosofía hindú no niega la vida. Muy al contrario. Albert Schweitzer es un cristiano; es profundamente cristiano y la filosofía cristiana niega la vida. La filosofía hindú es una de las que más afirman la vida.
Por eso es bueno el que nos adentremos en esta afirmación de la vida; sólo entonces serás capaz de comprender el significado de Eso, porque está es una de las palabras más afirmativas, que no niega nada. El «negar la vida» significa que tu Dios está en cierto modo en contra de la vida. Los jainos niegan la vida. Afirman que este mundo es pecado. ¡Debes abandonarlo, renunciar a él! A menos que renuncies a él totalmente no podrás alcanzar lo Divino. Así que lo Divino se vuelve algo que puedes alcanzar sólo si pones ciertas condiciones: si renuncias al mundo.
Este es un requisito fundamental. Para los budistas también éste es un requisito fundamental: «Debes renunciar a todo: debes elegir la muerte. ¡La muerte, no la vida, ha de ser la meta! ¡Debes esforzarte para no nacer de nuevo! La vida no tiene valor alguno, carece de valor. Existe en función de nuestros pecados. Es un castigo y, de alguna forma, has de escaparte, no has de nacer de nuevo». Pero éste no es el concepto hindú. A los Upanishads no les preocupa para nada este tema .
La misma actitud de negación de la vida es la cristiana: «La vida es pecado y el hombre nace en pecado». La historia comienza con pecado. Adán fue expulsado del cielo porque pecó. Desobedeció y por tanto nosotros nacemos del pecado. Por eso es que los cristianos insisten tanto en que Jesús no nació por un acto sexual, en que nació de una madre virgen: porque si naces de un acto sexual, naces del pecado, y al menos Jesús no debe haber nacido del pecado. Así que todos nacemos en pecado; la Huma-nidad vive en pecado. Se requiere pues una absoluta renunciación para alcanzar lo Divino.
El cristianismo también se orienta hacia la muerte. Por eso la cruz ha adquirido tanta importancia. Si no fuera así, la cruz no contendría tanto significado. Es el símbolo de la muerte. Los hindúes no pueden concebir como la cruz pudo volverse un símbolo, hasta el punto de que Jesús es significativo en tanto que fue crucificado. Si Jesús no hubiera sido crucificado y hubiera sido simplemente un hombre común, el cristianismo no hubiera nacido.
Así pues, los que están orientados hacia la muerte son atraídos por Cristo debido a que fue crucificado. La muerte de Jesús se convirtió en el hecho histórico más importante. De modo que, en realidad, el cristianismo nació porque los judíos, de forma estúpida, crucificaron a Jesús. Si no hubiese sido crucificado, no hubiera había cristianismo. Por tanto Nietzsche está en lo cierto otra vez. El sostiene que el cristianismo no es realmente cristianismo sino «cruz-tianismo», orientado hacia la cruz.
Schweitzer dice que los hindúes niegan la vida. Se equivoca porque él está pensando en Buda. El tenía tanto de hindú como Jesús de judío. Del mismo modo que Jesús nació judío, él nació hindú. Pero los hindúes tienen su esencia en los Upanishads, los cuales preceden a Buda, y Buda no dijo nada que no figurará ya en los Upanishads. Estos afirman la vida, la afirman totalmente. Y ¿qué quiero decir cuando digo que la afirman plenamente? No te puedes imaginar a Jesús bailando, no te lo puedes imaginar cantando, no te puedes imaginar a Buda bailando o cantando o amando, no te puedes imaginar a Mahavira luchando. ¡No puedes! Sólo Krishna puede ser imaginado riendo, bailando, amando, incluso luchando, sin negar nada. ¡Sin negar nada!
Toda la vida es Divina, así que escoger a Dios no es renunciar al mundo. Elegir a Dios significa escoger a Dios utilizando al mundo, no en contra del mundo. Este es el significado de Eso. Y cuando elijes a Dios estando a favor del mundo, no en oposición al mundo, no hay oposición. Sólo entonces puedes escapar de la ley del efecto contrario. Cuando eliges Eso a través de esto, entonces no hay oposición, no hay polaridad. Y cuando no hay polaridad, la mente carece de un lugar al que ir. No es que esté atada, no es que sea esclava, no es que la hayas forzado a permanecer ahí. Ahora no tiene dónde moverse. El opuesto no existe.
Entiéndelo claramente: cuando el opuesto no existe, la mente es libre para moverse, aunque no se mueve, porque ¿adónde puede ir? Si se puede mover, se moverá pues el moverse es su naturaleza. Y si creas la dicotomía, se desplazará al opuesto, se rebelará contra ti. Si no hay dualidad, si el opuesto no existe y has incluido al opuesto en lo Divino, entonces ¿adónde va a ir la mente? Se mueva donde se mueva, sólo puede ir a Eso. Por eso, si Krishna baila con una chica, baila con lo Divino, porque la chica no está excluida, lo Divino no está en contra de la chica. Si lo Divino estuviera en contra de la chica, la chica se convertiría en el Diablo. Entonces la chica sería una tentación y surgirían dificultades.
Cristo es incapaz de reír: vive en constante tensión. Krishna es capaz de reír pues no hay tensión alguna en él. Cuando todo es Divino y cuando todo se transforma en una ofrenda, ¿dónde está la tensión? No tiene porqué haberla y Krishna puede estar a gusto en cualquier parte. Incluso en el infierno puede encontrarse a gusto porque el infierno es Eso.
Te estaba diciendo que los jainos han colocado a Krishna en el infierno porque él fue el responsable del Mahabharata, la gran guerra hindú. Lo han condenado al séptimo infierno; el más profundo; adecuado para los peores pecadores. Pero en cuanto cierro mis ojos y empiezo a imaginármelo en el infierno, no puedo verlo si no es bailando. Debe de estar bailando allí. Aunque esté allí, debe de estar bailando, porque incluso el infierno es Eso. Y no tendrá prisa alguna ni rezará para poder salir del infierno. No se esforzará en ello, porque Eso está presente en todas partes. No necesitas ir a ninguna parte y no necesitas pensar en ciertas premisas, pensar en que sólo en ciertas condiciones El es posible.
El es posible en toda condición. El está incondicionalmente presente. Cuando seas capaz de concebir a lo Divino como incondicionalmente presente, entonces se convertirá en el Eso de los Upanishads. Entonces, incluso en el veneno, Eso es ; incluso en la muerte Eso es; incluso en el sufrimiento Eso es. Y no puedes irte a sitio alguno. O vayas donde te vayas, te vas a Eso. Por lo tanto Eso debe ser concebido mediante el esto, pues si no es así la ley del efecto contrario comenzará a funcionar. Y toda persona religiosa tiene que caer bajo la ley del efecto contrario.
A menos que lo comprendas totalmente, a menos que comiences a percibir que esta ley está en funcionamiento en todas partes, nunca crees extremos opuestos en la mente porque entonces serás víctima de tu propia estupidez. En el momento en que escoges uno como opuesto a otro, has cavado la zanja en la que vas a caer. Vas a ser hipnotizado por el opuesto.
Todos estamos hipnotizados por el opuesto. Una sociedad se vuelve sexual si afirmas que el sexo es pecado. Entonces el sexo se torna romántico, comienza a adquirir un halo de misterio a su alrededor. Un hecho vital tan simple, tan sólo por llamarlo pecado, se convierte en la zanja. ¡Y sólo porque se le llama pecado! Llama a lo que sea pecado y habrás creado un algo mediante el cual vas a ser hipnotizado. La autohipnosis es ahora posible. Niega algo y ya has caído en la trampa.
Lao Tse dice, «Una distinción de un centímetro entre el cielo y la tierra, y todo queda separado. Una distinción de un centímetro entre lo bueno y lo malo, y todo es separado».
No se debería hacer distinción alguna. Por eso es por lo que religión no es moralidad. La religión está más allá porque la moralidad no puede existir sin distinciones, y la religión no puede existir con distinciones. La moralidad no puede existir sin crear el otro. Depende de la división en opuestos: el bien y el mal, y así sucesivamente. Así que Dios y el Demonio no son parte de la religión sino de la moralidad. El concepto de Dios como opuesto al mal, al Diablo, a Satán no es en realidad un concepto religioso. Es un concepto moral.
Cuando por primera vez fueron traducidos los Upanishads a las lenguas occidentales, los eruditos se hallaron desconcertados porque no aparecía nada similar a los Diez Mandamientos, que dicen, «¡Haz esto, y no hagas esto otro!» No había nada como los Diez Mandamientos, y sin los Diez Mandamientos ¿cómo puede existir una religión? ¿Cómo? Occidente no podía imaginárselo. Por eso esos libros no fueron considerados realmente religiosos, porque no había discusión acerca de lo que es bueno y de lo que es malo y sobre lo que se debería y sobre lo que no se debería hacer.
Y en cierto modo esto era correcto. Si nuestro concepto de religión es como moralidad, entonces los Upanishads no son religiosos. Pero si los Upanishads no son religiosos, entonces nada es religioso, porque la moralidad es sólo una conveniencia, y la moralidad puede cambiar según la nación, según la raza, según la geografía, según la historia. Cambiará, porque cada raza, cada nación crea sus propios sistemas. La religión no es una conveniencia y no puede cambiar de una raza a otra. No depende de la geografía y no depende de la historia. En realidad no depende de la forma de pensar del hombre. Depende de la verdadera naturaleza de la Realidad. Por eso, la religión es, en cierto modo, eterna.
Las moralidades son siempre temporales. Pertenecen a cierta época, a cierto tiempo y a cierto espacio. Luego cambian. Cuando pasa el tiempo, cambian. Pero la religión es eterna porque es la misma naturaleza de la Realidad. No depende de tu forma de pensar. Esta religión pertenece a la Realidad sin opuestos. Pero a la Realidad se la escinde en opuestos. Según la vemos, la vemos dividida, porque el mismo hecho de ver la divide, del mismo modo que un rayo de luz, un rayo de sol, se descompone al pasar a través de un prisma.
Cuando la mente observa las cosas, éstas son divididas en polaridades. En el instante en que observamos, dividimos. No somos capaces de permanecer en la Realidad indivisa ni un solo instante. Te veo y ya te he dividido: hermoso-feo, bueno-malo, blanco-negro, mío-no mío. En el instante en que te observo, la división se hace presente. La mente trabaja como un prisma, y el prisma divide la Realidad. Y si continúas escogiendo, serás una víctima de tu mente. Lo bueno y lo malo son caracterizados como tales por la mente.
No elijas lo bueno como opuesto a lo malo, pues si lo haces, al final, caerás en lo malo oponiéndote a lo bueno. Escoge el bien a través del mal; conoce el mal a través del bien. Son uno: siente esta indivisible unidad. Contempla la vida a través de la muerte; contempla la muerte a través de la vida; no como opuestos, sino como uno, como los dos extremos de una misma cosa. Esto es lo que se quiere decir con Eso. Y el sutra dice,
La mente constantemente apuntando
a Eso, es la ofrenda.
La mente debe estar fluyendo hacia Eso constantemente, continuamente, sin pausa. ¿ Cómo va a fluir la mente si haces de Dios algo separado del mundo? Tendrás que comer y te olvidarás, te olvidarás de tu Dios. Tendrás que dormir y te olvidarás, te olvidarás de tu Dios. Tendrás que hacer tantas y tantas cosas, que Dios será siempre un constante conflicto. Por eso una religión que viva con Dios en oposición al mundo crea mucha angustia, y las mal llamadas personas religiosas no es que estén constantemente esforzándose hacia Dios, si no que simplemente están esfor-zándose, en tensión. Viven en angustia. Todo se vuelve en contra de Dios, de modo que la angustia hace su aparición. ¿Cómo van a ser capaces de reír? ¿Cómo van a poder cantar? Todo se queda en un querer y no poder. Dondequiera se dirijan para descubrir a Dios, algo aparece como un obstáculo.
El mundo entero se vuelve un enemigo. Los amigos no son amigos. Se quedan a medias, se vuelven enemigos. El amor se convierte en veneno, porque se queda a medias. Todo se convierte en un obstáculo. Eres obstaculizado desde todas partes. ¿Cómo vas a poder vivir en paz? No puedes. Incluso un simple hombre, un hombre del mundo es capaz de vivir más en paz que tú. Si tu Dios está en oposición al mundo, no puedes vivir en paz. Te hallarás en constante tortura.
Desde luego, cuando la tortura es auto-impuesta, el ego se siente halagado y reforzado y por este motivo disfrutas con ello. Y cuando alguien comienza a disfrutar con sus auto-impuestas torturas, es que está loco, ido. No está en sus cabales. Te puedes convertir pues en un mártir de tu propia estupidez y puede que incluso otros te veneren porque hay gente que se siente muy feliz cuando alguien se tortura a sí mismo. Disfrutan. Son sádicos y tú te vuelves un masoquista. Te torturas a ti mismo. Eres capaz de torturarte a ti mismo sin descanso y te torturarás a ti mismo cuando todo el mundo esté en contra de Dios. Entonces la vida será una constante tortura. Todo es pecado, y todo creará culpa y miedo y ansiedad, y te verás envuelto constantemente en el caos.
Te torturarás a ti mismo y te volverás un masoquista. Y siempre que hay un masoquista los sádicos hacen su aparición y lo veneran. Hay gente que se siente bien cuando alguien está sufriendo. Les gustaría hacerte sufrir, pero tú les has ahorrado el problema: te estás torturando a ti mismo. Ellos se sienten bien. De modo que de cada cien, noventa y nueve santos están simplemente enfermos, existencialmente enfermos: son masoquistas. Puedes venerarlos, pero te llevarán al infierno. Y en esto no consiste la religión. La religión consiste esencialmente en crear una vida extática, una vida que sea una bendición, un gozo absoluto. ¿Cómo se relaciona pues esta ansiedad con el gozo? Son extremos opuestos.
Los Upanishads dicen, «Ofrece tu mente a Eso mediante esto, a través de cualquier medio». No crees obstáculo alguno, no crees el opuesto. Sea lo que sea que es, es Eso. Y, en verdad, un milagro sucede. Cuando contemplo el bien a través del mal, el mal desaparece. Cuando digo que contemplo Eso a través de esto, esto desaparece. Se vuelve transparente y sólo Eso permanece. El mundo deja de estar allí, pero somos aún incapaces de ver Eso que allí permanece.
El mundo desaparece. Por eso es por lo que Shankara afirmaba que es una ilusión. El decir ilusión o maya no significa que el mundo no exista. Sólo significa esto: que el mundo no es una realidad, sino una imagen. Si eres capaz de observarlo en profundidad, Brahma se revela y el mundo desaparece.
Si no eres capaz de ver Eso, el mundo se vuelve mucho más real. Esta realidad emerge porque eres incapaz de hallar lo Real. En el instante en que encuentras lo Real, el mundo desaparece. No significa que dejen de existir las casas, las naciones, que no vaya a haber carreteras; no, esto no es lo que significa. Cuando Shankara dice que el mundo es una ilusión y que desaparece cuando Eso es revelado, no significa que desaparezca como un sueño, ¡no! Desaparecerá en un sentido diferente.
Desaparecerá cuando lo oculto sea revelado, cuando la Totalidad sea revelada. La gestalt cambia, toda la gestalt cambia. Bajo un nuevo modelo empiezas a ver diferente. El mismo árbol es, para un leñador, una cosa, y el modelo, la gestalt para un pintor es otra cosa distinta. Para un leñador puede que el verdor no exista porque sólo se fija en la madera, en la textura de la madera, en si puede ser empleada en ebanistería o no. Esta mente tiene una gestalt, y en esta gestalt, según este modelo, puede que el árbol no sea verde. Puede que él no haya contemplado su verdor.
Un pintor se halla en sus proximidades. Para él el árbol es verde, y me pregunto si sabes que cuando un pintor mira a un árbol, no ve sólo verde, porque existen miles de tonalidades distintas del verde. Cuando los ves, por lo general, todos los árboles son verdes, pero no hay dos verdes que se parezcan entre sí. Dos verdes son dos colores. Cada verde tiene su verdor propio. De modo que, para un pintor, no existe sólo un verde. Hay un verde A, un verde B, un verde C. Muchas tonalidades, muchas individualidades.
Un amante que está triste, que ha perdido a su amada, puede que no se percate del árbol. El verde puede parecerle muy triste y se le presentará con diferentes colores y tonalidades. No será capaz de percibir su textura, o puede incluso que eso le recuerde el cuerpo de su amada, no la textura del árbol. Y un niño jugando allí y un viejo muriéndose allí, ¿contemplarán una misma realidad? Su gestalt serán distintas. Surgirá un árbol distinto, habrá allí un árbol distinto.
¿No es posible que un Shankara no vea al árbol sino sólo a Eso? ¿Ni la textura del árbol, ni su verdor, ni la tristeza del amante, ni la alegría del niño, ni la pesadumbre del moribundo, nada? ¿No es posible que un Shankara vea sólo Eso y no el árbol? Entonces el árbol se vuelve transparente. En una nueva gestalt el árbol desaparece y Brahma es revelado. Esto es lo que quiero decir cuando digo observa, descubre, indaga por todas partes en busca de Eso. Y cuando comiences a percibir a Eso por todo, tu mente no podrá moverse: el opuesto no existirá.
Entonces surge la ofrenda, ¡Sólo entonces! Entonces has sido, entonces has dado. No eres capaz de darte a ti mismo. Solamente puedes entregar tu mente porque tú puedes despren-derte de tu mente. Tú estás en Eso, pero no tu mente. ¡No puede estarlo! Y tú eres libre: la elección es tuya. Así que tú serás el responsable, nadie más. La responsabilidad es tuya, por lo tanto ser o no ser religioso es tu decisión. No te pierdas en lo innecesario; en si Dios existe o no existe. ¡Es tu decisión! No tiene sentido el discutir si hay o no hay Dios: es tu elección. Puedes decir que no existe, pero diciendo esto niegas una Realidad mayor y el camino a ella. Puedes afirmas que existe, y diciéndolo, te estás abriendo a una más grande Realidad.
Esto no puede ser probado: si El existe o no existe. No puede ser probado como hecho científico, porque si fuera probado no existiría la libertad. Entonces la ofrenda sería imposible. Si se convierte en un hecho tan vulgar como cualquier otro, si se convierte en un hecho como lo es la Tierra o el Sol o la Luna, si se convierte en un hecho ordinario, objetivo, entonces no serás libre de elegir. Por eso Dios no se convertirá nunca en un hecho científico, y no podrá probarse si existe o no. Sólo se puede decir esto: si lo eliges, te volverás diferente; si no lo eliges, también serás diferente. Si no lo eliges crearás un infierno para ti; si lo eliges, te crearás una existencia extática.
El es irrelevante. Es tu elección la que cuenta. Tanto si Dios es como si no es, no tiene importancia. No vale la pena ni discutirlo. Lo básico, lo importante es que si eliges te vuelves diferente, y si no eliges también te vuelves diferente. ¡Todo depende de ti! Depende de ti el que desees una existencia que sea puro miedo y temblor, pura angustia y muerte, un largo sufrir o bien desees un gozo, una apertura momento a momento hacia un gozo cada vez mayor. De modo que la pregunta no consiste en si Dios existe o no. La pregunta consiste en si tú deseas o no deseas ser transformado y transportado a otra Existencia. Y eso siempre será tu elección.
Si todo el mundo afirma que Dios existe y yo lo niego, puedo seguir negándolo y nadie podrá obligarme a cambiar. Por eso es por lo que es una ofrenda. ¡Es un ofrecimiento! Puedes ofrecer, o puedes retener. Tú ya te has ofrecido, así que este no es el tema. Pero tu mente no ha sido ofrecida, y este es el enigma: que vives en Eso, pero sufres. Tú estás en Eso, pero sufres. ¿Por qué? Porque tu mente no está en Eso. Y, en realidad, es tu mente la que sufre, no tú. Tú nunca has sufrido, nunca podrás sufrir. Nunca has muerto, no puedes morir. Pero tu mente sufre, tu mente muere y nace, y muere y sufre y sigue sufriendo. Esta mente ha crecido demasiado. Ofrécela a Eso y llegarás al punto en el que siempre has estado. Realizarás eso que es tu naturaleza.
Buda fue interrogado, «¿Qué es lo que has alcanzado?» Cuando hubo alcanzado el Nirvana, cuando alcanzó la Ilumi-nación se le preguntó, «¿Que es lo que has alcanzado?» Buda dijo, «No he alcanzado nada, sólo aquello que ha estado en mí siempre. Más bien, al contrario, me he desprendido de algo. No he alcanzado nada. He perdido la mente que estaba en mí y he alcanzado Eso que estuvo siempre conmigo, pero que debido a esa mente no podía penetrar, no podía verlo».
Es tu elección. La pantalla de la Realidad es nuestra elección. El ocultar la Realidad es la mente. Esta vida de miseria lo es por decisión nuestra y nadie más es responsable. Y tú puedes continuar durante vidas junto a ella. Has seguido así y puedes seguir junto a ella durante vidas enteras. Y nadie podrá separarte y nadie podrá tirar de ti, porque ésta es tu libertad. Sólo tú puedes salirte de ella y puedes saltar en el momento en el que lo decidas. Así que no pienses más en términos tales como «Al haber estado viviendo durante tantas vidas en esta ignorancia ¿cómo voy a salirme de ella en un instante? Puesto que he vivido tantas y tantas vidas en ignorancia, ¿cómo lo voy ha hacer?» Eres capaz de salirte en cualquier instante porque todas esas vidas fueron tu elección. Cambia la elección y todo cambiará.
Es algo así: si en esta habitación ha habido oscuridad durante muchos años, dirás, «¿Cómo voy a poder encender una vela en este mismo instante? ¡Ha estado tan oscuro durante tanto tiempo! Durante años ha estado oscuro, ¿cómo va a dispersar la oscuridad en un instante una vela encendida? Tendremos que esforzarnos durante años y años y la vela tendrá que luchar también durante años y años. Sólo entonces podrá ser dispersada la oscuridad, porque la oscuridad tiene un pasado, tiene una historia. Tiene un gran, un profundo arraigue».
Pero enciende la luz y la llama desaparecerá. La oscuridad no tiene tiempo: tiene sólo duración. Por duración quiero decir que no se va apilando, así que no puede adquirir espesor. Un instante de oscuridad tiene el mismo espesor que un año o un siglo de oscuridad. No puede engrosarse más. No puede acumularse y no se acumula a cada instante que pasa. No puede volverse tan gruesa y tan densa que una luz de una vela no pueda penetrarla. Permanece la misma. Sólo tiene duración, una simple duración sin que vaya adquiriendo grosor.
La ignorancia es simplemente como la oscuridad: sólo tiene duración. Puedes permanecer en ella por siglos, por milenios, y simplemente en una decisión instantánea deja de estar ahí. Es como la luz. En el instante en que la luz se hace presente, la oscuridad deja de estar allí. Y la oscuridad no puede decir, «Esto no es como debería ser. He estado aquí durante muchos, muchos siglos, y esto no es lo correcto. He permanecido aquí y he tomado posesión de este lugar. Se ha vuelto mío».
No puede decir nada. Cuando la luz aparece, la oscuridad simplemente desaparece. De este modo llega la Iluminación, llega el ofrecimiento. Eres capaz de ofrecer en cada momento: tú decides. Pero la ofrenda debe ser total y sólo puede ser total si no divides la Realidad. Afirma la vida como Divina; afirma ambos extremos opuestos como Eso. Entonces, te muevas o no te muevas, no puedes ir a ninguna parte. O, dondequiera que vayas, te encontrarás Eso. Esto es una mente apuntando continuamente, y esto, dice el Upanishad, es la única ofrenda. Todo lo demás son falsos sustitutos.
OSHO
domingo 2 de marzo de 2008
Zorba el Buddha Cap. 1

Mi rebelde, mi hombre nuevo es Zorba el Buddha.
La humanidad ha vivido creyendo o bien, en la realidad del alma y lo ilusorio de la materia o en la realidad de la materia y lo ilusorio del alma. La humanidad en el pasado se divide en espiritualista y materialista.
Pero nadie se ha preocupado de observar la realidad del hombre. El es un conjunto de los dos. Ni es solamente espiritual - solamente consciencia - ni solamente materia. Es una tremenda armonía, entre materia y consciencia. O quizás, materia y consciencia no sean dos cosas diferentes, sino dos aspectos de una misma realidad: materia es el exterior de la consciencia y consciencia el interior de la materia.
Pero no ha existido en el pasado ni un solo filósofo, sabio o místico religioso que haya declarado esta unidad. Todos han estado a favor de dividir al hombre, denominando una parte la real y la otra, lo irreal. Esto ha creado una atmósfera de esquizofrenia en todo el mundo.
No puedes vivir sólo como cuerpo. Eso es a lo que Jesús se refiere cuando dice: “No sólo de pan vive el hombre”. - pero esto sólo es una verdad a medias. No puedes vivir sólo como consciencia, pero tampoco puedes vivir sin pan. Tu ser tiene dos dimensiones. Ambas tienen que realizarse, por lo tanto, necesitan oportunidades iguales para su crecimiento. Pero el pasado ha estado, o bien a favor de una, y en contra de la otra, o a favor de la otra y en contra de la primera.
El hombre como totalidad, nunca ha sido aceptado.
Esto ha creado miseria, angustia y una tremenda oscuridad, una noche que ha durado miles de años, que parecía no tener fin. Si escuchas al cuerpo, te condenas a ti mismo; si no lo escuchas sufres - estás hambriento, eres pobre, estás sediento. Si solamente escuchas a la consciencia, tu crecimiento estará en desequilibrio; la consciencia crecerá, pero tu cuerpo se achicará y se perderá el equilibrio. Y en el equilibrio está tu salud, en el equilibrio está tu integridad, tu regocijo, tu canción, tu danza.
Occidente ha escogido escuchar al cuerpo, y se ha vuelto completamente sordo con respecto a la realidad de la consciencia. El resultado final es una magnífica ciencia, avanzada tecnología, una sociedad floreciente, riqueza en cosas mundanas, terrenales, y en medio de toda esta abundancia, un pobre hombre sin alma, completamente perdido - sin saber quién es, por qué es, sintiéndose casi un accidente, un capricho de la naturaleza.
A no ser que la consciencia crezca junto con la riqueza del mundo material, el cuerpo - la materia - pesará demasiado, y el alma se debilitará. Estás demasiado cargado con tus propias invenciones, tus propios descubrimientos. En vez de crear una vida hermosa, han creado una vida que la misma élite inteligente no considera digna de ser vivida.
El Oriente ha escogido la consciencia y ha condenado la materia, todo lo material - incluido el cuerpo - como maya, como ilusorio, como un espejismo en el desierto, que sólo tiene apariencia pero ninguna realidad intrínseca.
El Oriente ha creado a Gautam Buddha, a Mahavira, a Patanjali, a Kabir, a Farid, a Raídas - una larga fila de personas de elevada consciencia y estado de alerta. Pero también ha creado millones de gente pobre, hambrienta, muriéndose de hambre como perros - sin comida suficiente, ni agua pura que beber, apenas con ropa, sin refugio.
Una situación extraña…. En Occidente cada seis meses tienen que tirar miles de millones de dólares en productos lácteos y otros alimentos al océano, porque es un superávit - y no quieren sobrecargar sus comercios, no quieren reducir los precios y destruir así su estructura económica. Por un lado, en Etiopía mil personas están muriéndose cada día, y al mismo tiempo el Mercado Común Europeo destruye alimentos por un valor de dos mil millones de dólares. Esto no es el costo de los alimentos en sí, es lo que cuesta transportarlos y tirarlos al océano. ¿Quién es responsable de esta situación?
El hombre más rico de Occidente está buscando su alma y encontrándose vacío, sin amor, sólo deseo, sin oración, simplemente repitiendo como un loro, palabras que le han enseñado en el catecismo; sin religiosidad - sin sentimientos por otros seres humanos, sin respeto por la vida, por los pájaros, árboles, animales - la destrucción es tan fácil.
Hiroshima y Nagasaki no hubieran ocurrido si no se hubiese pensado en el hombre como simple materia. De igual manera, no se hubieran apilado tantas bombas nucleares si se hubiese pensado que, en cada hombre, existe un Dios escondido, un esplendor oculto, que no ha de ser destruido si no descubierto, que no deberá ser destruido sino atraído hacia la luz - un templo de Dios. Pero si el hombre sólo es materia, química, física, un esqueleto cubierto de piel, entonces, con la muerte todo muere, nada permanece. Por esto, un Adolfo Hitler es capaz de matar seis millones de personas sin inmutarse. Si la gente es nada más que materia, no es preciso pensarlo dos veces.
El Occidente ha perdido su alma, su interioridad. Rodeado de sin sentido, aburrimiento, angustia, no se está encontrando a sí mismo. Todo el progreso de la ciencia no es de ninguna utilidad, porque la casa está llena de todo lo necesario, pero el dueño está ausente.
Aquí, en Oriente el dueño está vivo, pero la casa se encuentra vacía. Es difícil regocijarse con estómagos hambrientos, cuerpos enfermos, la muerte rondándote; es imposible meditar. De esta forma hemos sido perdedores innecesariamente.
Todos nuestros santos, todos nuestros filósofos, espiritualistas y materialistas, ambos - son responsables de este inmenso crimen cometido contra el hombre.
Zorba el Buddha es la respuesta.
Es la síntesis entre la materia y el alma.
Es la declaración de que no existe conflicto alguno entre materia y consciencia, que podemos ser ricos en ambos aspectos. Podemos disfrutar de todo lo que el mundo provee, lo que la ciencia y la tecnología pueden producir, y al mismo tiempo gozar todo lo que un Buddha, un Kabir, un Nanak, encuentran en el interior de su ser - las flores del éxtasis, la fragancia de la divinidad, las alas de la suprema libertad.
Zorba el Buddha es el nuevo hombre, es el rebelde.
Su rebelión consiste en destruir la esquizofrenia del hombre, destruir la división, destruir la espiritualidad que actúa en contra del materialismo, y destruir el materialismo que actúa en contra de la espiritualidad.
Es un manifiesto que cuerpo y alma están unidos, que la existencia está repleta de espiritualidad, que hasta las montañas están vivas, que hasta los árboles son sensibles, que toda la existencia contiene ambos…, o quizás nada más, que una misma energía que se expresa de dos maneras - como materia y como consciencia. Cuando la energía se purifica, se expresa a sí misma como consciencia; cuando la energía está en bruto, sin purificar, densa, aparece como materia. Pero toda la existencia no es más que un campo de energía.
Esta es mi experiencia - no mi filosofía. Y es apoyada por la física moderna y sus investigaciones: la existencia es energía.
Podemos permitir que el hombre tenga los dos mundos en conjunto. Ni es preciso que renuncie a este mundo para obtener el otro, ni que niegue el otro para disfrutar de éste. De hecho, disponer sólo de un mundo, pudiendo disfrutar de dos, es ser pobre innecesariamente.
Zorba el Buddha es la posibilidad más rica.
El vivirá su naturaleza con toda plenitud.
Cantará canciones de esta tierra
No traicionará ni a la tierra ni al cielo. Reivindicará todo lo que es de esta tierra, todas las flores, todos los placeres y también reivindicará todas las estrellas del cielo.
Reivindicará toda la existencia como su hogar.
El hombre del pasado era pobre, porque dividió la existencia. El nuevo hombre, mi rebelde, Zorba el Buddha, proclama toda la existencia como su hogar. Todo lo que contiene es para nosotros, y lo debemos de usar de todas las maneras posibles sin culpabilidad, sin ningún conflicto, sin preferencia. Sin elegir disfruta todo de lo que la materia es capaz, y regocíjate de todo lo que la consciencia hace posible.
Sé un Zorba, pero no te detengas ahí.
Sigue avanzando hasta convertirte en Buddha.
Zorba es una mitad, Buddha es una mitad.
Se cuenta una antigua historia: en un bosque cerca de la ciudad, vivían dos vagabundos. Naturalmente eran enemigos, como lo son todos los profesionales - dos doctores, dos profesores, dos santos-. Uno era ciego y el otro cojo, y los dos eran muy competitivos; durante el día entero en la ciudad competían el uno con el otro.
Pero una noche sus chozas se incendiaron porque todo el bosque ardió. El ciego podía escapar, pero no podía ver donde correr, no podía ver hacia donde todavía no se había extendido el fuego. El cojo podía ver que aún existía la posibilidad de escapar, pero no podía salir corriendo - el fuego era demasiado rápido, salvaje - así pues lo único que podía ver con seguridad era que se acercaba el momento de su muerte.
Los dos se dieron cuenta que se necesitaban el uno al otro. El cojo tuvo una repentina claridad: “El otro hombre, el ciego puede correr y yo puedo ver”. Olvidaron toda su competitividad. En estos momentos críticos en los cuales ambos se enfrentan a la muerte necesariamente uno se olvida de toda estúpida enemistad.
Crearon una gran síntesis; se pusieron de acuerdo en que el hombre ciego cargaría al cojo sobre sus hombros y así funcionarían como un solo hombre. El cojo puede ver y el ciego puede correr. Así salvaron sus vidas. Y por salvarse mutuamente la vida, se hicieron amigos; por primera vez dejaron de lado su antagonismo.
Zorba está ciego - no puede ver, pero sabe bailar, cantar, regocijarse. Buddha ve, pero él sólo puede ver-. El es pura vista - simplemente claridad y percepción - pero no puede bailar; está tullido, no puede cantar ni regocijarse.
Ya es hora. El mundo está en llamas; la vida de todos está en peligro. El encuentro del Zorba con el Buddha puede salvar a toda la humanidad. Su encuentro es la única esperanza.
Buddha aporta consciencia, claridad, ojos para ver más allá, ojos para ver aquello que es casi invisible. El Zorba puede entregar todo su ser a la visión de Buddha - sin dejar que permanezca una visión árida-, sino al contrario, convirtiéndola en una forma de vida repleta de éxtasis danza y alegría.
El Embajador de Sri Lanka me escribió una carta diciendo que debería dejar de usar las palabras Zorba el Buddha… porque Sri Lanka es un país Budista. Dijo: "Ofendes a nuestro sentimiento religioso mezclando dos tipos tan diferentes, Zorba y Buddha”.
Yo le contesté: “Quizás no entiendas que Buddha no es propiedad privada de nadie y Buddha no es necesariamente Gautam Buddha a quien has estado venerando durante miles de años en los templos. Buddha simplemente significa ‘El iluminado’. Es un adjetivo no es un nombre propio, se puede llamar Buddha a Jesús; Mahavira es llamado en escrituras Jaina, el Buddha; Lao Tzu es un Buddha, cualquiera que esté iluminado es un Buddha. La palabra Buddha simplemente significa ‘El que ha despertado’. Pues bien, el despertar no es propiedad de nadie; cualquiera que esté dormido puede también despertar. Es simplemente natural, lógico, es un corolario - si eres capaz de dormir, eres capaz de despertar-. Zorba está dormido, por lo tanto, tiene la capacidad de despertar. Así pues, por favor no te enojes innecesariamente. Yo no estoy hablando sobre tu Gautam Buddha. Estoy hablando sobre la cualidad misma del despertar. Lo estoy utilizando como un símbolo”.
Zorba el Buddha no es más que un nuevo nombre para un nuevo ser humano, un nuevo nombre para una nueva era, un nuevo nombre para un nuevo comienzo.
Todavía no me ha contestado. Aún gente que ocupa puestos como el de embajador, son tan profundamente ignorantes, tan estúpidos. El pensó que me había escrito una carta muy significativa, sin entender ni siquiera el significado de Buddha. Buddha no era el nombre de Gautam, su nombre era Gautam Siddharth. Buddha no era su nombre - sus padres lo llamaron Gautam Siddharth-. Siddhart era su nombre, Gautam su apellido. Le llamaron Buddha porque llegó a ser un iluminado; de otro modo también fue un Zorba. Cualquiera que no ha despertado es un Zorba.
Zorba es un carácter ficticio, un hombre que creía en los placeres del cuerpo, en los sentidos. Disfrutó de la vida en toda su plenitud, sin preocuparse de lo que le habría de suceder en una próxima vida - si entrará por las puertas del cielo o será arrojado al infierno. Era un pobre sirviente cuyo jefe era muy rico, pero muy serio - de cara larga muy inglés.
Una noche de luna llena…, no he podido olvidar lo que le dijo a su jefe. Estaba en su cabaña. Salió con su guitarra, iba a la playa a bailar - e invitó a su jefe. Le dijo: “Jefe, sólo hay una falla en ti - piensas demasiado. ¡Simplemente ven! Este no es el momento de pensar, la luna está llena y todo el océano danza. No pierdas esta oportunidad”.
Arrastró al jefe del brazo. El intentó no acompañarlo porque Zorba estaba completamente loco; ¡solía bailar en la playa todas las noches! Se sintió turbado - ¿Qué pasaría si alguien lo ve junto con Zorba? Pues no solamente lo estaba invitando a estar con él. ¡Lo estaba invitando a bailar con él!
Viendo la noche de luna llena y el océano danzando, la marejada y Zorba cantando con su guitarra, de repente el jefe comenzó a sentir una energía en sus piernas que nunca antes había sentido. Animado y persuadido, finalmente lo acompañó en el baile; al principio renuente, mirando furtivamente a su alrededor, pero en plena noche no había nadie en la playa. Entonces, se olvidó por completo del mundo y comenzó siendo uno con el Zorba danzante, con el océano danzante, con la luna danzante. Todo se disipó. Todo se convirtió en danza.
Zorba es un personaje ficticio y Buddha es un adjetivo para cualquiera que deja de dormir y despierta. Ningún Budista tiene que sentirse ofendido.
Le estoy dando al Buddha la energía para bailar y al Zorba los ojos para mirar más allá de los cielos, hacia destinos lejanos de existencia y evolución.
Mi rebelde no es otro que Zorba el Buddha




